Lunes, 12 de Enero de 2026

2026, deseos y prioridades

ColombiaEl Tiempo, Colombia 11 de enero de 2026

Arrancó el año y volvemos al ritual de las listas de deseos

Arrancó el año y volvemos al ritual de las listas de deseos. Queremos bajar de peso, ganar más, viajar, vivir con menos estrés. No está mal desear. El problema aparece cuando confundimos desear con planear. La experiencia -la personal y la pública- muestra lo mismo una y otra vez; sin prioridades claras y sin una ruta concreta, la mayoría de los propósitos se diluyen antes de marzo. Planear no es hacer listas interminables ni llenarse de buenas intenciones. Planear es elegir. Elegir pocas metas, decidir qué es estratégico y qué puede esperar, y asumir las consecuencias de esas decisiones. Cuando se toma en serio la planeación, se entiende que las prioridades atraviesan todas las dimensiones de la vida: en lo profesional, definir en qué vale la pena concentrar el esfuerzo; en lo personal, qué batallas asumir y cuáles no; en lo familiar, dónde hay que estar presente; y en lo social, sobre qué temas insistir. No se trata de hacerlo todo, sino de ordenar la vida. Esa lógica, tan cotidiana y aparentemente simple, es exactamente la que suele faltar en la acción pública. Colombia entra en 2026 en un contexto exigente y con un ingrediente adicional; es año electoral. Y eso tiene una consecuencia clara: más promesas, más discursos emotivos y más competencia salvaje por el poder. Aquí conviene prender las alarmas. El político que promete resolverlo todo suele no resolver nada. Por eso, más que dejarnos llevar por discursos, este año vale la pena hacernos una pregunta necesaria: ¿cuáles deberían ser las prioridades públicas? Se me ocurren algunas. Primera prioridad: elecciones sin engaños. La búsqueda del poder suele distorsionar la planeación. Se anuncian programas sin sustento técnico, se ofrecen soluciones inmediatas a problemas estructurales y se gobierna pensando en el aplauso, no en el impacto. Una ciudadanía informada debería desconfiar de las promesas sin cifras claras, de las soluciones mágicas a problemas complejos y de los discursos que dividen en lugar de explicar. Una planeación pública realmente seria, más que para ganar elecciones, se hace para resolver problemas reales, incluso cuando no da réditos políticos inmediatos. Segunda prioridad: servicios sociales que funcionen. No pedimos milagros. Pedimos cosas básicas que deberían estar resueltas hace tiempo. En salud, no basta con estar afiliado. La prioridad es el acceso oportuno, la continuidad en los tratamientos y un sistema financieramente transparente. En seguridad, no se trata solo de estadísticas, sino de presencia real del Estado en los territorios y protección efectiva en la vida cotidiana. En educación, más que cobertura, calidad que abra oportunidades reales y reduzca desigualdades. Estas no deberían ser banderas ideológicas. Son mínimos sociales innegociables. Quien quiera llegar al poder debe priorizarlos. Punto. Tercera prioridad: transparencia e integridad para que la plata alcance. Nada de lo anterior es posible sin una condición básica: transparencia en el uso de los recursos públicos. Cuando no sabemos cómo se decide, cómo se contrata y cómo se ejecuta, la plata se pierde, los programas fracasan y la confianza se rompe. La transparencia no es un eslogan de campaña. Es una herramienta para priorizar mejor, corregir a tiempo y rendir cuentas con hechos. Mostrar la planeación, las metas, el uso de los recursos, los contratos y los avances de los proyectos no debería ser opcional, es un tema sin discusión. El 2026, en lo personal y en lo público, necesita prioridades claras, metas posibles y rutas verificables. Necesita que seamos menos impresionables y más exigentes, y políticos que entiendan que planear no es prometer, sino decidir prioridades y asignar recursos con responsabilidad. Porque sin planeación, los deseos se quedan en enero... o a más tardar en marzo. Y sin prioridades públicas claras, los costos los terminamos pagando todos. Un feliz año, que contemos menos deseos y tengamos más claras las prioridades.
Planeación y prioridades
Patricia Rincón Mazo
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