Se necesitará un desafiante ajuste
En el acuerdo se establecieran condiciones muy exigentes respecto a lo que el Mercosur quiera venderle a Europa. Esto obligará a Uruguay a hacer un fuerte ajuste en sus maneras de producir.
Tuvo razón la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: pese a que todo indicaba lo contrario, el acuerdo con el Mercosur finalmente saldría.
Después de la reciente postergación, el escepticismo se apoderó de todos. El acuerdo parecía trancado de por vida y mejor era olvidarlo de una buena vez. Queda ahora llegar a su firma final, que se hará la semana que viene en Asunción. Luego, los parlamentos de cada uno de los cuatro países miembros del Mercosur deberán ratificarlo. Para el Mercosur (y para Uruguay en especial una vez que se ponga en marcha) implicará un desafío muy grande y por cierto positivo. Abrir nuevos mercados obliga a otros niveles de competitividad y eso significa un ajuste inteligente y profundo en todo el funcionamiento productivo del país.
Desde el punto de vista europeo, no es casualidad que el acuerdo se apruebe en este momento, después de tantas décadas de negociaciones. Y ello pese a la dura resistencia de Francia, mantenida hasta último momento.
Cuando empezaron las negociaciones, el mundo era otro y Europa podía darse el lujo de ser un bastión proteccionista. El funcionamiento de la economía y su manera de relacionarse con ese mundo, eran muy distintos a la realidad actual.
Hoy pesan otras cosas. La invasión rusa contra Ucrania puso a Europa en seria alerta. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos dejó en evidencia que las cosas no eran como antes. A Trump, lo de la OTAN le importa poco y no le da el mismo grado de amenaza a lo de Ucrania, que sí tiene para los europeos.
El crecimiento de China y su rol en el movimiento comercial mundial también puso a Europa en estado de alerta. Hoy, en este contexto siempre variante, Europa no puede darse el lujo de quedar aislada. Necesita aliados. Hasta hace poco los europeos fruncían el ceño ante los países que comerciaban con China. Pero no se ofrecían como mejores socios comerciales: no mostraban una mejor alternativa. Ahora, ante una realidad nueva y todavía incierta, necesitan contar con países amigos y por lo tanto mantener aquel reforzado proteccionismo ya no es la mejor estrategia.
La presión mayor para no concretar el comercio provino siempre del fuerte lobby agroindustrial de los países de la Unión. Siente que el acuerdo llevará a que sus productos compitan con lo que querrá exportar el Mercosur en la medida que sus cuatro integrantes son fuertes productores agrícolas.
Eso derivó en que en el acuerdo se establecieran condiciones muy exigentes respecto a lo que el Mercosur quiera venderle a Europa. Tan exigentes como se supone que lo son con lo que producen los propios países de la Unión.
Esto obligará a Uruguay a hacer un fuerte ajuste en sus maneras de producir, envasar y exportar, para lograr mejor calidad, rigor sanitario y precios competitivos.
Para un país caro, el procedimiento no será fácil. Algo avanzó cuando hizo acuerdos comerciales con los socios del Mercosur, pero las exigencias eran menores. Ahora hay que doblar la apuesta.
Por lo pronto, el propio Estado deberá reformularse. Muchos de los sobrecostos que tienen nuestros productos se deben a lo que hay que pagar en impuestos y también en lo que significa cumplir con una pesada regulación burocrática, con muchos trámites innecesarios, duplicados (o sea, los mismos pero requeridos por diferentes organismos), y unos cuantos de ellos absurdos. Esto no siempre significa más recaudación para el Estado, pero si más costos para las empresas. Urge entonces simplificar ese engorroso tramado y ser exigentes, sí, solo en aquello que afecte a la calidad de lo que se quiere exportar.
También exigirá un cambio en las actitudes y estrategias de los sindicatos. Un país abierto necesita modernizar su infraestructura e incorporar nueva tecnología. Eso es inevitable y deberán aceptarlo los sindicatos. Hacer paros a empresas que modernicen su equipamiento hará grave daño a esas empresas, perjudicará la exportación, pero por encima de eso, dañará a los propios trabajadores afiliados a sus organizaciones.
Todo crujirá entonces, para bien sin duda, pero así será. El estado no tiene más remedio que ajustarse, la empresa debe modernizar sus formas de producir y los sindicatos estarán obligados a cambiar sus estrategias. Solo así el país será competitivo ante el nuevo mercado que se abre. Y solo así aprovechará para ser un país serio, más eficiente y que le de prosperidad y calidad de vida a sus habitantes. Que de eso se trata.