Un régimen que perdió autoridad para reclamar reglas de juego
Venezolanos festejan, en el obelisco, la caída de Maduro
Breve la noticia; despojada de adjetivos o énfasis verbales: "Maduro y su esposa fueron capturados"
Venezolanos festejan, en el obelisco, la caída de Maduro
Breve la noticia; despojada de adjetivos o énfasis verbales: "Maduro y su esposa fueron capturados". Mucho más para decir no hay. Un operativo de fuerzas especiales yanquis procedió con limpieza quirúrgica y precisión de bisturí. Cabello, Padrino, Rodríguez y la pandilla que ejerce el poder en Venezuela se quedaron hablando solos e intentando disimular el papelón que les infligió a "las heroicas fuerzas armadas bolivarianas" el detestable imperio.
En otros tiempos estaríamos en la calle gritando "Fuera yanquis de Venezuela" . En otros tiempos. Hoy la consigna no solo sería anacrónica sino mentirosa, porque los yanquis entraron y salieron de Venezuela con una celeridad que asombra. Las honras no solo le corresponden a "las fuerzas especiales" norteamericanas. Nobleza obliga, hay que admitir que el operativo fue posible porque contó necesariamente con la colaboración de traidores en un régimen de poder donde sus participantes compiten para probar quién es más canalla.
La historia se empecina en colocarnos en situaciones donde no hay respuestas fáciles o libretos escritos de antemano. En otros tiempos, un operativo militar que captura al mandatario de un país, en este caso latinoamericano, hubiera merecido nuestro repudio inmediato. Nada nos impide hoy hacerlo, pero un principio básico de realismo político nos contiene porque, más allá de la retórica, lo que en política importa es hacerse cargo de la complejidad de lo real, motivo por el cual lo sucedido en Venezuela no se resuelve con una consigna que en nuestra exclusiva intimidad nos puede dejar muy satisfechos, pero a la hora de comprender lo real, y sobre todo transformarlo, no son más que sonidos y furias ininteligibles.
¿Qué pasó? ¿No lo vieron venir? Convengamos que estaban avisados. ¿Los sorprendieron dormidos? Excusa torpe, propia de patanes o de matoncitos de cartón. "Planifico mis batallas con los sueños de mis soldados dormidos", escribió Napoleón alguna vez. Cabello y Padrino ni ebrios ni dormidos se hubieran inspirado en esos términos. Tarde los centuriones bolivarianos descubrieron que el imperio existe y que cuando lo hacen enojar se pone malo. Dictadores infames y de pacotilla, cebados en la impunidad, hicieron lo posible y lo imposible para que suceda lo que sucedió. Fidel Castro jamás dio la ventaja que ellos dieron , porque el dictador cubano sabía con quién se enfrentaba, pero por sobre todas las cosas sabía, más allá de su oratoria escatológica, cuáles eran sus límites. Experto en romper reglas de juego en un mundo tensionado por los rigores de la guerra fría, experto en todos los chanchullos de la política, experto en embustes e intrigas, fue también un experto en conocer los kilates de sus enemigos y actuar en consecuencia. Ese liderazgo, esa astucia para lidiar con las encrucijadas del poder que le permitieron sobrevivir a once presidentes norteamericanos, desde Eisenhower a Obama , nunca dispusieron los jerarcas chavistas, solo hábiles para atropellar a los más débiles y en transformar al estado en un narcoestado en nombre de un sedicente "socialismo del siglo XXI".
Por estos y otros motivos hay razones para suponer que el destino de Maduro y sus secuaces será más parecido al de Manuel Noriega que al de Castro o, por qué no, los jeques sauditas, también expertos en las artes del despotismo más brutal pero siempre cuidándose muy bien de no mojarle la oreja a los yanquis. Maduro no será juzgado por su ideología, sino por sus habilidades como narcotraficante. Otra vez la similitud con Noriega o, para no irnos tan lejos, con el Chapo Guzmán.
Cómo será la impotencia de la truhanería chavista que recién ahora se les ocurre hablar de libertades, autodeterminación y derechos humanos. Tarde piaste. Agraviaron a la OEA, manipularon a las Naciones Unidas. No se privaron de nada. Enojados por la presencia de agentes de la CIA en Caracas olvidaron que durante dos décadas se sostuvieron en el poder, entre otras cosas, gracias al auxilio de los agentes de inteligencia cubanos.
Raymond Aron dijo que la civilización se sostiene sobre un hilo muy delgado como para estar sometiéndola a presiones excesivas. Las libertades y los derechos humanos son conquistas de la humanidad que hay que saber honrar. Un régimen que suma nueve millones de exiliados, centenares de mártires, cárceles desbordadas de presos políticos y que se toma la licencia de legitimarse en el poder a través del fraude más escandaloso, ha perdido autoridad para reclamar el cumplimiento de reglas de juego que ellos se encargaron de romper todos los días.
Lo sucedido posee la impureza de lo real, pero en política nunca es aconsejable llorar sobre la leche derramada . Muchos países con más o menos entusiasmo condenaron o condenarán la intromisión yanqui, pero esas condenas no alterarán el rigor de los hechos y esta verdad podrá ser amarga, pero no por eso es menos verdadera. La condena de Lula a lo sucedido fue tan previsible como el apoyo entusiasta de Milei. Podemos simpatizar con una posición o con otra, pero lo que efectivamente importa preguntarse es cómo los venezolanos y los gobiernos de América latina suman esfuerzos para asegurar que este desdichado país inicie una transición democrática que instale los principios de la libertad, la justicia y la paz como valor supremo, poniendo límites a las pretensiones imperiales insinuadas por Trump, pero sobre todo poniendo límites a los afanes de perdurar de los déspotas del régimen chavista. Claro que este objetivo no será fácil alcanzar, pero admitamos que en las condiciones más incómodas la oportunidad de una salida democrática está abierta. Puede que no sea la deseable, pero es la posible.
La narcodictadura se sostuvo en el poder bloqueando cualquier opción reformista y ejerciendo el poder sin ataduras legales y morales. Digamos que hicieron todo lo posible para que Trump haga lo que mejor sabe hacer y le gusta hacer. Lo hecho, hecho está. Una dictadura se está derrumbando, pero al mismo tiempo es necesario advertir que el destino de Venezuela lo deben forjar los venezolanos y que el petróleo de Venezuela es propiedad de la nación venezolana, un principio que Trump haría bien en tener presente. Lo que se avizora hacia el futuro es oscuridad y niebla con una levísima línea de luz en el horizonte. La transición de la dictadura a la democracia se inicia objetivamente por el peor de los caminos. El peor, pero el único disponible. Los sátrapas chavistas fueron golpeados donde más les duele, pero dudo de que se resignan a entregar el poder porque tienen las manos manchadas de sangre y son muchos los que durante años se habituaron a disfrutar de las bondades y beneficios que brinda el alucinado paraíso de la cocaína.