Individualismo colombiano
Julián López Murcia, DPhil
En su libro ‘De quién es la tierra: propiedad, politización y protesta campesina en la década de 1930’, el académico Marco Palacios sostiene que la mayoría de los campesinos colombianos buscaban titulación individual de sus parcelas, no colectiva
Julián López Murcia, DPhil
En su libro ‘De quién es la tierra: propiedad, politización y protesta campesina en la década de 1930’, el académico Marco Palacios sostiene que la mayoría de los campesinos colombianos buscaban titulación individual de sus parcelas, no colectiva. Lo anterior, en contraste con la visión de poblaciones indígenas, comunidades afrodescendientes y algunos sectores campesinos. No creo que sea un tema aislado, sino una de las muchas manifestaciones del individualismo de los colombianos, al que también se han referido líderes con experiencia política y de gobierno, como el expresidente César Gaviria en su reciente libro Entrelazados: Mi camino junto a Virgilio Barco y Luis Carlos Galán hacia la constitución de 1991. Otro notable ejemplo es que el mecanismo más exitoso de reivindicación de derechos -en volumen y eficacia- sea la acción de tutela, que cualquier persona puede ejercer individualmente ante un juez. Instrumento que ha tenido muchísima mayor acogida que la movilización política o la afiliación sindical, a pesar de los riesgos que conlleva entregar estas banderas a tribunales que pueden cambiar sus posiciones, como ha explicado Mark Tushnet. Esta preferencia por la acción individual sobre la colectiva ha tenido efectos negativos. Explica en parte nuestras dificultades para generar bienes públicos y acometer proyectos de gran magnitud. En el sector público se observa, por ejemplo, en proyectos de ferrocarriles y aeropuertos bloqueados por rivalidades entre territorios. En el privado, en estructuras empresariales familiares reacias a inversionistas externos y en el predominio del "rebusque" individual de ingresos sobre formas de trabajo colectivas. Pero también ha tenido efectos positivos. La visión individualista colombiana encajó bien con un modelo de servicios públicos basado en la medición y cobro individual del consumo, lo que generó una sólida cultura de pago que ha facilitado inversiones y moderado el uso de recursos como el agua y la energía. E igualmente ha tenido efectos ambiguos. Por ejemplo, en el ámbito político, las principales barreras que ha tenido el populismo no han surgido de movimientos ciudadanos colectivos, sino del interés individual de los políticos clientelistas preocupados por el mantenimiento de su clientela, como anticipara Miguel Urrutia en su paper sobre la ausencia de populismo económico en Colombia. Cambiar este rasgo individualista no es fácil. Tampoco estoy seguro de que sea deseable. Pero los diseños institucionales que lo han reconocido como parte fundamental de nuestro contexto han generado casos exitosos, como el ya mencionado de los servicios públicos domiciliarios. Por el contrario, intentar imponer políticas para las mayorías urbanas del país que desconozcan este rasgo generaría mayores dificultades.
Director de Nalanda Analytica.