Lo que está ocurriendo con la Reserva Federal debería llevar a consolidar e impulsar la autonomía e independencia de los bancos centrales, ya sea de derecho o de hecho.
Durante los últimos años, varios bancos centrales han estado bajo ataque en su autonomía y conducción monetaria desde el sistema político, ya sea desde el Poder Ejecutivo, los Parlamentos o representantes partidarios. Han ejercido evidentes presiones Lula, Petro e incluso Farage en Inglaterra, pero el caso más emblemático ha sido el de Trump contra la Reserva Federal. Por si fuera poco, en lo que parece otro ataque "encubierto" a su independencia, el Poder Judicial abrió la semana pasada una llamativa investigación criminal contra el presidente de la Fed, Jerome Powell, por supuesto delito en la remodelación del edificio institucional.
Pero ¿qué significa que un banco central no sea autónomo e independiente del poder político?
Es aquel cuya conducción, objetivos operativos y uso de instrumentos quedan bajo la influencia directa del Ejecutivo o el Parlamento, sin resguardos institucionales. Ello puede implicar financiamiento monetario del déficit fiscal como fue el caso de "la Argentina kirchnerista", pero lo más común en la historia reciente son nombramientos y remociones discrecionales de autoridades y la posibilidad de imponer tasas de interés por criterios políticos de corto plazo.
¿Qué consecuencias suelen observarse?
Muchos estudios recogen la evidencia de que esa subordinación al poder político conduce a presiones para "sobrecalentar" la economía en los ciclos electorales y bajar el desempleo, a cambio de tolerar más inflación ("sesgo inflacionario" en el espíritu de Kydland-Prescott y Barro-Gordon). Se creía que esa relación inversa entre desempleo e inflación era estable en el largo plazo, lo cual la evidencia y la teoría terminó descartando. Al final, el abuso de esas políticas expansivas de demanda, ya sean monetarias o fiscales, lleva a la larga a estancamiento con inflación (estanflación).
¿Qué significa que un banco central sea autónomo?
La independencia moderna combina la fijación de metas explícitas de inflación baja y estable, ya sea por el propio Banco Central o en coordinación con el resto del gobierno, más libertad responsable para usar los instrumentos. Esto conlleva autonomía operativa para fijar tasas de interés, manejar su balance y comunicar su estrategia sin interferencia cotidiana. En la literatura también se distinguen autonomías de gobierno (protección de nombramientos y períodos), financiera (presupuesto propio, prohibiciones de financiamiento al Tesoro) y de política (gestión de instrumentos, metas explícitas). Todo eso con rendición de cuentas (accountability) regular ante el Parlamento y la ciudadanía.
¿Cuál es la evidencia sobre resultados de bancos centrales autónomos?
Los estudios comparativos muestran que índices más altos de independencia se asocian a menor inflación promedio, especialmente en economías con historial inflacionario. Trabajos sobre Metas de Inflación también enfatizan que marcos con autonomía, metas numéricas y transparencia reducen la volatilidad de inflación y expectativas, sin costos permanentes para el crecimiento o el empleo. En América Latina, desde el caso pionero de Chile, autores como Francisco Rosende y Juan Andrés Fontaine han subrayado que el giro hacia la autonomía fue clave para desinflaciones duraderas y la consolidación de regímenes de metas de inflación, al fortalecer la credibilidad de la meta y anclar expectativas. Esto, a su vez, facilitó la suavización de los ciclos económicos.
¿Qué podría pasar en la coyuntura actual con la Reserva Federal?
La Fed es otra institución que ha estado bajo ataque durante las administraciones de Trump. Más allá de la llamativa reciente investigación judicial, quizás la prueba más significativa para su autonomía será el nombramiento del reemplazante de Powell en la presidencia, pero más importante aún es la forma cómo se desempeñe en el cargo. Durante varios meses se han estado mencionando algunos nombres cercanos a Trump que han sido críticos de la Fed y podrían darle una orientación más expansiva, menos comprometida con la meta de inflación de 2%, que actuarían más como "palomas" (dovish) que como "halcones" (hawkish). Ya Trump buscó eso al reemplazar a Janet Yellen en 2018 por Powell, pero no lo logró. Por eso quizás ha acrecentado las amenazas, le ha dedicado más tiempo al tema y parece exigir más "subordinación".
¿Qué conclusiones podrían extraerse para Uruguay y otros países de la región?
Por un lado, algo normativo: lo que está ocurriendo con la Reserva Federal debería llevar a consolidar e impulsar la autonomía e independencia de los bancos centrales, ya sea de derecho o de hecho. El antitrumpismo podría llevar a ganar legitimidad en esa dirección.
Por otro lado, algo más positivo, en términos de lo que podría pasar desde la Fed. Más allá de los antecedentes que traiga el nuevo presidente de la Reserva Federal, es altamente probable que como Greenspan, Bernanke, Yellen y el propio Powell, termine respetando a pleno la institucionalidad, la autonomía, el enfoque de Metas de Inflación y la conducción monetaria en base a fundamentos. O sea, actúe como "paloma" o "halcón" según las condiciones. Sin descartar incluso que, si tiene fama de "paloma" como Gabriel Galípolo en Brasil o algunos de los expresidentes de la propia Fed, deba mutar al principio a "halcón" para ganar credibilidad. Otra mutación en la propia cara de Trump.