El actor argentino, quien fuera Bartolomé Bedoya Agüero en la tira de Cris Morena, está en el Enjoy con "Una Navidad de mierda". En charla con El País habla de su carrera, su momento y por qué ama hacer reír.
Por cuestión etaria, supongo, uno no estaba alertado de la conmoción que provoca el nombre de
Alejo García Pintos, en ciertas generaciones más jóvenes. Es por la simpática antipatía que genera
Bartolomé Bedoya Agüero, su villano de la serie
Casi Ángeles.
A García Pintos le encanta que le recuerden ese papel y se presta a cantidad de fotos y saludos en video para fanáticas que era para adolescentes pero sigue estando en su vida. En los videitos dice "tarúpida" y otros modismos de un personaje así de inolvidable. A las fans les encanta.
Es un hito en una carrera larga que lo ha tenido en varios éxitos de la factoría
Cris Morena, en otros hitos televisivos, cinematográficos y teatrales. Un largo camino para un actor de conservatorio que hizo de Rodolfo Walsh y trabajó con Dario Vittori.
Ahora está en Uruguay con
Una Navidad de mierda, una comedia a la que le cabe el repetido adjetivo de desopilante, y en la que comparte elenco con
Verónica Llinás, Anita Gutiérrez yTomás Fonzi.Va en el Enjoy Punta del Este de jueves a domingo a las 22.00. La obra ha sido un éxito también en la calle Corrientes y hay una unanimidad sobre sus valores cómicos.
De todo eso, García Pintos, quien integra la única rama argentina de una familia uruguaya, charló con El País.
Tiene una fuerte formación profesional. ¿De dónde viene como actor?Primero me formé en el Teatro Independiente de La Plata y cuando terminé el liceo me fui directo a Buenos Aires para estudiar en lo que entonces se llamaba Escuela Nacional de Arte Dramático, hoy la Universidad Nacional de las Artes.
La lista de maestros con los que trabajó es impresionante...Me dirigió Carlos Gandolfo, estudié con Agustín Alezzo, trabajé con Roberto Villanueva. ¡Empecé muy chico con gente muy grande! Trabajé con Cacho Espalter, en El Gordo y el Flaco e íbamos juntos a comer pamplonas. También con Berugo porque soy muy amigo de María, su hija.
¿Y toda esa información como la aplicó en televisión, por ejemplo?Uno se forma para hacer teatro y después ejerce el oficio. (Me gusta hablar de oficio, no de profesión). Lo vas aplicando según con quién trabajás y quién te dirige. Soy bastante obediente del director y salvo que sienta que se va por las ramas, confío en su mirada y me tiro a la pileta sabiendo que el director puso agua. A veces, sí, me pasó que no había agua y me di contra el piso. En general uso la técnica tradicional del método pero en el conservatorio cada maestrito iba con su librito.
¿Cómo fue trabajar con Darío Vittori?Extraordinario. Trabajé varios ciclos con él. Un profesional y un cascarrabias hermoso. A mí esas personalidades me fascinan. Era obsesivo con la letra: no había margen para dudar. Escribía su letra en rojo y la de los demás en azul. Era trabajar con un capocómico que para cierta elite intelectual era visto como menor, pero tenía un sentido del ritmo extraordinario. La rítmica musical es fundamental: un remate fuera de tiempo no funciona, un texto dicho antes arruina una escena.
"Una Navidad de mierda" es puro ritmo.Es hermoso estar ahí. Es una fiesta. Hay generosidad, pases, juego. Una periodista de Buenos Aires que hacía poco tiempo había enviudado, estaba muy triste y una de las primeras salidas que hizo fue ir a ver Una Navidad de mierda y la sacó tan rápido de ese lugar de duelo y tristeza que pidió hacer la crítica. Y termina diciendo que somos cuatro jugadores de campito, en donde no hay una figura excluyente aunque claramente sea Verónica y elenco y es pura generosidad:todos hacen sus jueguitos pero buscan que el mejor posicionado haga el gol.
Ya llevan mucho haciéndola, ¿eso no se pierde, no se automatiza?Sigue sucediendo.Nos vamos midiendo en el escenario y sabemos que como grupo humano debemos dejar el ego afuera, agarrar todo nuestro cariño y medir qué pasa con el público. No creo en los públicos muertos. Nadie va de mala gana al teatro, la gente va ávida y entregada. El que está mal es uno cuando no logra conectar.
¿Cómo es la energía de la risa en el escenario?Acá es distinto que enArgentina. Mi teoría es que el público uruguayo es más culto. Observa unos minutos y aunque la risa tarda cuando llega es una fiesta.En Buenos Aires, sale la voz en off recomendando apagar los celulares (que lo hacemos de una forma distinta y divertida) y la gente ya se ríe y aplaude. Acá, cri cri. Los primeros en entrar a escena somos Verónica y yo, y allá nos ven salir y, además, de aplaudir como se suele hacer ya empiezan a reirse.
Pero al final nos reímos todos igual...Es que la obra es infalible. Es de esas que aparecen cada 15 años y que te tienen una hora y veinte riéndote. Vemos, literalmente, la gente que se saca los anteojos para limpiarse las lágrimas de la risa.Muy loco y muy placentero. Y siempre se recibe muy linda energía.
¿La comedia es lo suyo?Me encasillaron como actor dramático pero la comedia es mi lugar en el mundo.
En ese sentido, aportó uno de los grandes personajes de comedia con suBartolomé Bedoya Agüero de Casi Angeles. ¿Cómo fue eso?Fue una experiencia enorme. Trabajé muchos años con Cris Morena: Chiquititas, Floricienta, Rincón de luz, Quéreme. Siempre fue muy generosa. Los villanos como Bartolomé, son los personajes más lindos porque uno sublima sus miserias con la impunidad que te permite decir la barbaridad más grande porque sabés que se te va a caer el balde de pintura en la cabeza. Te permite desplegar todo y Casi ángeles, sobre todo la primera temporada, tuve la posibilidad de pavonearnos con Julia Calvo (que hacía de Justina Merarda García, la cómplice de Bartolomé) con quien hacíamos un dúo increíble.Trabajábamos las escenas como si hiciéramos Mujeres asesinas, aunque el remate fuera de golpe y porrazo. La historia era temenda, de las que ya se no se podrían hacer: eramos dos explotadores que hacíamos robar a niños. Niños hermosos, bien de Cris. ConBartolomé me pasa que me festejan madres que lo vieron en directo con sus hijas que lo vieron en las tantas repeticiones.
¿Cuánto pudo construirlo?Todo. Primero me inspiré en Francis Mallmann, con su excentricidad innecesaria de hacer un cordero patagónico encima del glaciar PeritoMoreno. YBartolomé era un villano que hacía cosas innecesarias pero que quedaban bien.Arranqué por ahí. Y le cambié incluso el ringtone del teléfono que por guion era de música clásica y terminó siendo "Funky Town" porque para mi él era un producto de la música disco que ahora era un viejo patético. Tenía clubes de fans en todo el mundo y desde Rusia, Israel, España me escribían que usaban "Funky Town" de ringtone. Ahí uno se da cuenta que es un personaje que llega al público. ¡Lo votaron el mejor villano de un tira juvenil! Me da mucho orgullo eso. ¡Es hermoso!