El rumbo correcto
En un contexto tan complejo como este, disponer de un buen sistema de áreas naturales protegidas nacional es un buen eslabón de la cadena.
Señalar la importancia que tiene para el país contar con un robusto sistema de áreas protegidas, no debería ser ninguna novedad.
Por el contrario es insistir en afirmar conceptos esenciales, porque su existencia es uno de los principales logros que hemos concretado en el área de la conservación uruguaya.
Desembocamos así en el manoseado concepto de sostenibilidad que, como toda construcción teórica, se le atribuyen distintos alcances y límites diferentes. Para no dejarnos llevar por la deriva recordemos que la sostenibilidad se apoya en una visión de búsqueda permanente de salud, desarrollo, equidad y equilibrio, dónde el bienestar general está por encima del particular, pero añadiéndole un férreo concepto de solidaridad con las futuras generaciones, debido a que estamos tomando decisiones que las afectarán. y mucho.
Por eso se busca sin descanso implantar modelos de desarrollo que resulten equilibrados, duraderos y exitosos en los planos sociales, económicos, ambientales y culturales. Son construcciones muy complejas que deben realizarse necesariamente en tiempos de paz con el imperio de la ley y de las máximas reglas democráticas, en las cuales los actores principales -y los grandes beneficiados- deben ser las comunidades locales.
¿A dónde nos lleva la conservación de la diversidad biológica? Nos conduce en forma directa en esa dirección. Se nos hace difícil valorarla porque se trata de la manifestación de la variabilidad que incluye todo lo que nos rodea: lo macro, como los ecosistemas de nuestro territorio y de la región; lo intermedio, como las especies vivientes; y lo micro, como la diversidad genética. Aunque por ser tan obvio no lo apreciemos, este "escenario" es el que nos brinda los bienes y servicios ambientales que cada día respaldan nuestras vidas.
Los bienes ambientales son los productos tangibles de la naturaleza, esos que tanto valoramos. Es el agua, la madera, los minerales, los peces, la tierra, etc. a los cuales les asignamos un valor económico específico, y en base a ello definimos con precisión la gestión de los mismos. Está sustentado en la idea de la utilidad económica y define los grandes lineamientos de las políticas económicas de las comunidades y de los países.
Por otro lado están los servicios ambientales. Son sin duda más importantes que los bienes, pero menos evidentes.
Se trata de los procesos y funciones que cumplen los ecosistemas y las especies para definir las características de nuestro entorno. Estamos hablando de los múltiples beneficios intangibles (con uso directo o no), como los procesos naturales que controlan la erosión del suelo, las inundaciones, la purificación del agua y del aire, la regulación de la temperatura ambiente y del clima, las bellezas escénicas, etc.
Está claro que el desarrollo sustentable propone armonizar el crecimiento y el bienestar humano, administrando correctamente los bienes y servicios ambientales.
Entonces, en un contexto tan complejo como este, disponer de un buen sistema de áreas naturales protegidas nacional es un buen eslabón de la cadena, y una demostración tranquilizadora de que comprendemos la importancia que la conservación tiene para el desarrollo nacional.