La historia de Jacinta y su anhelo por aportar en las cárceles
Hace casi dos meses, Jacinta Rodríguez Pavani, socióloga, cofundadora de la organización Red Acción Carcelaria e investigadora del Centro de Justicia y Sociedad UC, falleció luego de haber sido diagnosticada de un agresivo cáncer. Tan solo días antes de su partida, el Ministerio de Justicia confirmó que un diseño desarrollado por ella será el nuevo estándar para las cárceles de mujeres en Chile, una minuta en la que la joven puso por delante la dignidad y el cuidado. Aquí, la historia de una mujer de 29 años que se dedicó a investigar y tratar de enfrentar como pudo las desigualdades de la sociedad.
En la puerta de la parroquia San Alberto Hurtado, en Las Condes, el pasado jueves 27 de noviembre, colgaban decenas de fotos de Jacinta Rodríguez, de 29 años. Fotos de ella con su marido, con su familia, con sus compañeras de Sociología de la UC, con sus amigas del colegio Nido de Águilas. Y también de ella en la cárcel, con el equipo de Red Acción Carcelaria, la organización sin fines de lucro que cofundó en 2020 dedicada a investigar, acompañar y diseñar políticas para la reinserción social de mujeres privadas de libertad.
Adentro, la iglesia estaba decorada con muchas flores y repleta con cientos de personas que ese día fueron a despedir a Jacinta, quien hace poco más de un año había sido diagnosticada de un agresivo cáncer. Luego de la misa, se subieron al altar algunas de sus amigas y familiares a decir unas palabras. Después, con la voz entrecortada, habló su marido, Lucas Glasinovic. Y, finalmente, tomó la palabra Catalina Droppelmann, directora ejecutiva del Centro de Justicia y Sociedad UC, donde Jacinta trabajó como investigadora desde 2022 hasta su último día. Ahí, frente a los asistentes, contó que hace solo unos días, una minuta que desarrolló Jacinta había sido incorporada en su totalidad en el diseño de dos cárceles de mujeres. Y luego explicó desde el altar:
"Esa minuta la escribió la Jaci. Con una dedicación inmensa, con un nivel de detalle que incluso en su momento pareció excesivo. Recuerdo haberle dicho que no le dedicara tanto tiempo, que probablemente no tendría impacto. Pero persistió, como era ella (...). Los planos que se presentaron este lunes incluyen cada una de las indicaciones de la Jaci: unidades cuna fuera del perímetro, celdas con baños individuales, áreas específicas de intervención, espacios pensados desde una perspectiva de cuidado y dignidad. Más aún: ese diseño será el nuevo estándar para las cárceles de mujeres en Chile".
Desde la primera fila de asientos de la parroquia escuchaba en silencio el padre de la joven, Martín Rodríguez, antropólogo y fundador de la agencia Feedback Comunicaciones.
-La Jacinta no hablaba mucho de ella, era muy poco autorreferente. Y yo me enteré después de muchas cosas que hacía -dice Martín Rodríguez y luego agrega-. Ese día, había decidido no hablar porque yo estaba muy mal y pensé que no iba a poder. Pero empezó la gente a hablar y de repente me sentí tan orgulloso... Me emocioné positivamente y me dio fuerza. Sentí que ella había sido tan valiente, tan fuerte, todo lo que había hecho en la vida, cómo yo no iba a poder hablar, y dije que tenía mucho que aprender de ella y que el resto de mi vida me iba a dedicar a eso.
Mirando hacia atrás, Martín Rodríguez cree que su hija tuvo una infancia feliz. Junto a la madre de Jacinta, Franca Pavani, filósofa y comunicadora con quien Martín cofundo Feedback, tuvieron a Jacinta y Samuel. Cuenta que siendo niña, su mundo se dividía en dos espacios muy diferentes: el campo familiar en Marchigüe, donde ella disfrutaba andando a caballo y más tarde haciendo equitación, y el colegio Nido de Águilas.
-Era un colegio que le dio una mirada abierta del mundo. Ella siempre estaba informada de lo que estaba pasando. Y tenía una palabra permanente, desde chica, que era open mind , porque en el colegio se lo decían.
Sin embargo, siendo alumna de este colegio laico, y al que asistían muchos hijos de diplomáticos, cuando tenía 9 años Jacinta le dijo a Martín que quería sumarse a un voluntariado llamado Misión de María, en el que acompañaban a niños en hogares.
-Había distintas actividades, de ciencia, robótica y Misión de María. Y la Jacinta eligió eso. Me llamó la atención, porque casi ninguna amiga se metió. "Me gustan los niños", decía ella. Creo que esa cosa social era muy innata en ella -recuerda-. Igual somos una familia de cientistas sociales y lo social era un tema. Yo tampoco soy de partidos políticos, pero sí se discutía lo que estaba pasando en el país y a ella le interesaba.
Jacinta estuvo cerca de tres años en Misión de María, hasta que se sumó al equipo de debate del colegio, con el que llegó a competir en encuentros internacionales. La lectura fue algo que también la marcó, gusto que compartía con su abuela paterna, quien desde niña le leía a Jane Austen o Emily Dickinson.
-Mucha literatura anglosajona, seguida por estas historias amorosas. Orgullo y prejuicio fue su novela, yo creo que la leyó un par de veces antes de los 17 años. Era como romántica. Le gustaba también Anna Karenina , la debe haber leído antes de los 14.
La lectura, explica Martín, fue algo que la acompañó en su adolescencia, período en el que él y su señora se separaron.
-Ella percibió que la relación de sus padres había dejado de ser lo que era. Y creo que lo vivió bien -cuenta Martín-. La Jacinta siempre pensaba si éramos o no una familia disfuncional, era parte de sus reflexiones. Y eso lo tenía porque Anna Karenina parte con una frase que habla de eso.
La frase que menciona y con la que comienza la novela de Tolstoi dice: "Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera".
Al terminar la etapa escolar, cuenta Martín, la mayoría de sus compañeros postularon a universidades en el extranjero y ella también. De hecho, quedó aceptada en una en Nueva York. Sin embargo, días antes se arrepintió, y decidió quedarse en Chile y entrar a Sociología en la UC.
En el primer año de universidad conoció a Lucas Glasinovic, compañero de carrera, con quien se puso a pololear. Hizo también un grupo de amigas. Una de ellas era Elisa Alcaíno, con quien fundó la Red de Acción Carcelaria (RAC).
-Pasó que a todas nos gustaba un montón lo que estudiábamos. Era entretenido, las conversaciones, todas medianamente interesadas en temas públicos, con hartas inquietudes y cuestionamientos profundos -cuenta Elisa Alcaíno-. Y la Jaci era brillante. Me acuerdo que teníamos un ramo en el que había que leer los textos mil veces, todo súper abstracto, y ella terminó siendo ayudante del ramo, cercana a la profesora, y capaz de entender las complejidades y traducirlo en su idioma. Era muy admirable.
Un tema que le interesaba mucho, dice Elisa, era entender las injusticias sociales desde lo más estructural. Uno de sus trabajos de titulación fue "'Vivir tranquila': Relatos de la experiencia de (re)integración de mujeres egresadas de la cárcel en Santiago".
En 2020 terminó sus estudios y comenzó la pandemia, y Jacinta, Elisa y otras conocidas se juntaron a pensar cómo aportar.
-Empezamos a cuestionarnos qué pasaba con las personas que están en situación de calle, las que tienen alguna discapacidad, los adultos mayores y pensamos quién se está haciendo cargo de estas personas. Y uno de esos grupos eran las mujeres privadas de libertad -relata Elisa.
Así nació la Red de Acción Carcelaria (RAC), donde lo primero que hicieron fue hacerse cargo de la emergencia en la pandemia y se organizaron para entregar kits de artículos higiénicos para mujeres. Llegaron a entregar más de 2 mil kits en más de 20 cárceles del país.
Su papá, Martín, recuerda cuando Jacinta le contó el proyecto.
-Me pidió que participara para comprarle los famosos kits de higiene. Yo no entendía nada, lo que demuestra que a nadie le interesaba este tema. A ella le interesaban esos temas como invisibles (para la sociedad) -dice Martín y luego explica que para su hija no era fácil ir a las cárceles-. Lo pasaba mal también. La cárcel la obligaba a cruzar una frontera. No es que fuera a la cárcel y lo pasara bien. Eran historias duras que la afectaban igual.
Luego de cubrir la emergencia, decidieron enfocar la organización para incidir en políticas públicas y en ese camino Jacinta se hizo cargo de sistematizar, investigar y obtener datos. Una labor que luego complementó al entrar a trabajar como investigadora al Centro de Justicia y Sociedad UC, donde pudo estudiar en mayor profundidad el sistema penitenciario. Allí participó en la realización de once estudios y publicaciones académicas, sobre problemáticas carcelarias, delictuales, de infancia y género.
En junio de 2023, Jacinta viajó con su papá a Londres. Su próxima meta era estudiar un Magíster en Políticas Públicas. Allá visitó Cambridge, Oxford y London School of Economics (LSE), donde se entrevistó con Andrés Velasco y donde después quedó aceptada, además de ganar la beca Luksic. Con ella partiría su entonces pololo, Lucas Glasinovic, quien también fue aceptado en una universidad en Londres.
-Nuestro plan era irnos juntos a estudiar, vivir juntos allá y a la vuelta, casarnos -dice Lucas en el departamento en Providencia donde vivió con Jacinta hasta su último día.
Cuenta Lucas que Jacinta se tomó muy a pecho el proceso de postulación y que para ella fue un período estresante.
-A medida que se fue acercando la fecha de irnos, creo que fue en mayo de 2024, ella estaba con mucha angustia, como que se le apretaba el pecho o nosotros pensábamos eso. Fue al psiquiatra, quien le dijo que era angustia, que se tomara unas pastillas. La Jaci siempre fue una persona matea y autoexigente y también era un cambio grande irse a Londres, era como ansiedad de irse -dice Lucas -. Me acuerdo que le decía "tranquila, respira", pero llegó un momento en que me dijo que no era normal, que se tomaba la pastilla y no se le pasaba. Además empezó con una tos muy leve, como era invierno pensamos que podía estar resfriada.
Por esos días, yéndose en bicicleta del departamento de su papá al de Lucas, se cayó y lesionó el hombro. Poco después decidió ir por su cuenta a la urgencia por el dolor del pecho, le hicieron exámenes y el doctor le dijo nuevamente que era angustia, hasta que más tarde le hicieron una resonancia magnética por la caída en bicicleta.
-Ahí aparecieron las lesiones del cáncer. Me llamó llorando y dijo que había unas cosas raras en la resonancia -dice Lucas-. Desde ese día nuestro mundo se cayó a pedazos. El plan de irnos se canceló y tuvimos que ver cómo enfrentar esto.
Unos días después, le confirmaron que era cáncer y más tarde supieron que se trataba de uno llamado NUT. Su papá, Martín Rodríguez, recuerda lo que fue la noticia.
-Fue un balazo. Fue terrible, porque era muy malo el diagnóstico. Además se equivocaron. Al principio pensaban que era una cosa, después fue otra. Nos dimos cuenta de que no cualquier centro oncológico en Chile es igual al otro, que hay diferencias. Quedamos con alguna gente muy agradecidos y con otros muy decepcionados -dice Martín.
Como el plan era partir a Londres, Jacinta había dejado el departamento en el que vivía con amigas y estaba viviendo con su papá, donde pasó la primera parte del tratamiento. Un tiempo después comenzó a sentirse mejor y con Lucas decidieron irse a vivir juntos, en diciembre de 2024.
-Dijimos: vamos a vivir juntos porque ahora podemos y porque si no podemos en Londres, hagámoslo acá -cuenta Lucas.
Por esos meses, Jacinta se propuso retomar su labor como investigadora en el Centro de Justicia y Sociedad UC. Su jefa, Catalina Droppelmann, cuenta que en ese regreso le pidió que conversaran sobre sus proyecciones y salieron a almorzar.
-Ella solicitó tener un cargo más de coordinación, liderar más los proyectos. Ya se sentía preparada. Ahí la Jaci como que se empoderó mucho más, nos dijo que quería crecer profesionalmente y dedicarse de lleno a los temas penitenciarios y de mujeres. Empezó a tratar de volver, si se sentía bien iba a la oficina, pero eso empezó a ser súper fallido, porque la salud le empezó a flaquear y no nos resultó -dice Catalina.
Decidieron que escribirían una publicación juntas, pero tampoco lo lograron. Sin embargo, Jacinta seguía conectada con sus intereses y en julio de 2025 hizo un curso online de Harvard sobre big data para el bienestar social.
En su casa, con Lucas, intentaron también aprovechar de los momentos en que se sentía bien.
-Fueron meses muy intensos, con altos y bajos. Nos escapábamos los fines de semana a Tunquén, que era como nuestro segundo hogar, pero también había momentos malos en que estaba postrada en la cama, con mucho dolor, tuvo fracturas de vértebra, por las que no se podía mover, o anemias fuertes en que tenía que pasar hospitalizada, pero siempre tratando de sacar lo mejor posible -cuenta Lucas-.Yo me quería casar, pero quería esperar un buen momento. Aparte, ella que no se quería casar pelada y me decía "ya, cuando me crezca el pelo nos casamos".
En octubre de 2025, Lucas viajó al sur de Chile a hacer un paseo corto en bicicleta de un par de días y al regresar se encontró con que Jacinta había empeorado mucho.
-Yo llegué un lunes y el martes fuimos al doctor y nos dijo que el tratamiento ya no estaba funcionando y que en pocas palabras le quedaban semanas de vida. Llegamos a la casa, lloramos caleta y yo le dije "casémonos, y busquemos algún lugar donde se pueda hacer altiro" -cuanta Lucas.
La decisión la tomaron el martes 11 noviembre y se casaron el sábado 15 de ese mes. Cuenta Lucas que ni él ni Jacinta se preocuparon de nada. Sus familiares y las amigas de ella se encargaron de todo, incluso de que ese día estuvieran listas las argollas, gracias a un joyero que al conocer la historia se ofreció a hacerlo de manera rápida y gratuita.
Ese sábado, Jacinta llegó de blanco con su papá en un auto antiguo a un café en Vitacura, donde los esperaban Lucas y todos sus amigos y familiares.
-La verdad que fue un milagro, no sé cómo decirlo de otra forma, porque la Jacinta estuvo tan mal que estuvo hospitalizada hasta el viernes antes, porque tenía mucha anemia y estaba muy débil. Hicimos como un acuerdo con el doctor y nos dijo que iban a hacer todo lo posible para que el sábado estuviera bien. Le pusieron plaquetas, le dejaron una dosis de remedio corticoides, todo para que ese día pudiera estar bien y disfrutar... Para muchos, el último recuerdo de ella es ese: muy viva y muy plena -relata Lucas.
Al día siguiente la salud de Jacinta comenzó a empeorar cada día más. Lucas, sus amigas y sus cercanos del trabajo se estaban preparando para su partida. El lunes de la semana en que Jacinta falleció, su jefa, Catalina Droppelmann, tuvo la reunión en el Ministerio de Justicia en el que le confirmaron que el trabajo de Jacinta se incorporaría en las futuras cárceles de mujeres. Al salir de la reunión ella llamó a Lucas para contarle.
Jacinta ya había dejado la clínica y estaba pasando sus últimos días en el departamento en el que vivía con Lucas.
-La Jaci ya estaba muy mal y ya no podía hablar, pero igual yo se lo conté y siento que me escuchó y sonrió.