‘Mukbangs’, la preocupante moda de comer en exceso
CAROL TATIANA GÓMEZ SUAREZ - ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
Una taza gigante, hasta el tope de fideos de ramen ahogados en salsa
CAROL TATIANA GÓMEZ SUAREZ - ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
Una taza gigante, hasta el tope de fideos de ramen ahogados en salsa. Seis colombinas de pollo frito. Diez palitos de queso apanado. Nuggets, embutidos y papas fritas. Una cámara grabando. Frente a la mesa llena, una persona intenta ingerir la mayor cantidad de comida posible. Los micrófonos tienen que estar bien cerca para que se escuche el crujido de los fritos al masticar y la viscosidad de las salsas al succionar el ramen. Cuantos más restos de comida quedan en los labios, más llamativo es el video. Del otro lado de la pantalla, miles de espectadores reaccionan: "¡Eso se ve increíble!", "¿De verdad se come todo eso?", "¿Cómo es que come tanto y no engorda?", "Recuérdenme no comer". Eso es un mukbang: la tendencia de grabarse comiendo cantidades gigantes de comida, que normalmente una persona no podría consumir. El origen de esta práctica viene de Corea del Sur, de la combinación de las palabras coreanas meokneun (‘comer’) y bangsong (‘transmisión’). En sus inicios, el mukbang surgió para acompañar a quienes comían solos, generando conversaciones en tiempo real con la audiencia alrededor de la comida. La cantidad de comida no era tan importante como lo era la interacción con las personas. Cuando las plataformas comenzaron a premiar el impacto visual y sonoro de este tipo de contenido, los creadores descubrieron que el exceso retenía más audiencia y podía ser más rentable. Los mukbangs se han extendido al resto del mundo gracias a redes sociales como TikTok, YouTube e Instagram, y aunque para muchos puede ser entretenimiento, este tipo de contenido hoy en día convive con la forma como los espectadores se relacionan con la comida y con su cuerpo. EL TIEMPO habló con dos expertos, el psicólogo Julián Andrés Gutiérrez y la psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria María Camila Casas, para entender qué hay detrás de esta tendencia y cómo se relaciona con algunos problemas en la conducta alimentaria. ¿Por qué miles de personas se sienten atraídas por ver a alguien comer hasta que no puede más? Según Gutiérrez, la gente en redes sociales siempre están buscando validación." Hay una necesidad de conectar socialmente. Entonces se crean grupos con intereses en común en donde se validan y refuerzan prácticas a través de likes. Esto genera dopamina y distorsiona la realidad por la emoción de sentirse aceptado". Además de eso, María Salas también dice que la popularidad de estos videos tiene que ver con el hecho de que las comidas que suelen aparecer en estos no están consideradas por la sociedad como saludables. "La gente come hamburguesas, pizzas, helados... todo eso llama la atención, porque ver a alguien consumiendo 100 hamburguesas en tiempo récord genera morbo y a la vez placer, porque en algún punto quisimos hacerlo al ser comidas que nos han restringido tanto". A este fenómeno, los expertos lo llaman placer vicario: sentir gusto de manera indirecta a través de las experiencias, la imaginación o las sensaciones de otros. Para Gutiérrez, muchos de los usuarios de este contenido fantasean con ser quienes comen esas cantidades de comida. Casas explica que, al ver estos videos, el cerebro segrega sustancias como dopamina y serotonina. "Eso hace que el cuerpo se sienta bien. Por un lado, algunas personas pueden calmar su propia hambre viendo cómo otro come en exceso, y por el otro, está el placer visual de observar a alguien consumir alimentos que suelen estar socialmente castigados", comenta la psicóloga. Es ahí donde este tipo de contenido deja de ser un simple entretenimiento y empieza a tocar zonas más delicadas. "Quienes hacen estos videos pueden no ser conscientes del impacto que este contenido está teniendo en la salud mental de muchas personas", advierte. En TikTok, al buscar la palabra mukbang, los videos que aparecen no bajan del millón de vistas y hasta los novecientos mil ‘me gusta’. No todas las personas que llegan a ellos tienen algún trastorno de la conducta alimentaria (TCA), muchos tienen curiosidad o lo ven como entretenimiento. Sin embargo, detrás de estas cifras hay una audiencia diversa con motivaciones que van desde buscar algo de compañía hasta reforzar una conducta dañina. "En trastornos por bulimia, el muckbangs puede ser una manera dañina de frenar la ansiedad por atracón. Ver que otra persona ya lo tuvo, le puede dar una sensación de alivio y control", revela Casas. Y añade que, en los trastornos donde hay atracones y purgas, el mukbang puede cumplir una función distinta: la del castigo. "Algunas personas ven estos videos para sentirse mal consigo mismas. Existe una distorsión en la percepción de las porciones y la sensación de haber comido ‘igual’ que la persona del video, lo que refuerza la culpa", cuenta. Ver a otros comer grandes cantidades puede intensificar esa autocrítica. "La persona se castiga por haber comido, se compara, se siente peor y eso termina reforzando la voz del trastorno", recalca. Aun así, tanto Casas como Gutiérrez dicen que los TCA son multifactoriales. "No se pueden explicar por una sola causa", aclara. "Si bien las redes sociales han tenido un impacto importante con la popularización de influenciadores, tendencias de comida y cuerpos idealizados, también influyen las dinámicas familiares, la vulnerabilidad genética y otros factores individuales". Casas sostiene que existe un aumento de los trastornos de la conducta alimentaria y que eso ha coincidido con una mayor demanda de contenidos como el mukbang. "Es un círculo que se retroalimenta y sigue expandiéndose (...) "Yo siempre les digo a mis pacientes que revisen cómo se sienten después de haber entrado a sus redes. Si después de ver contenido alguien se queda rumiando ideas como "no soy suficiente", "mi vida no es suficiente" o pensando en todo lo que debería cambiar de sí mismo, es una señal de alerta", explica. Para la psicóloga, ese malestar significa que el contenido está afectando de forma negativa el bienestar emocional. "Revisar cómo me siento después de usar redes y empezar a filtrar a quién sigo es una forma de autocuidado", añade. Julián Gutiérrez agrega que hay que diversificar los contenidos que consumimos en las diferentes redes sociales, dejar de seguir cuentas que promuevan "cuerpos perfectos" o dietas extremas o que, al contrario, promuevan una alimentación poco saludable. "Hay que nutrir el algoritmo conscientemente y, además, limitar el tiempo de exposición a redes", aconseja.