De guayabo en guayabo
Miguel Gómez Martínez
"En Colombia hay que aprender a leer de derecha a izquierda", dice una analista de nuestro país
Miguel Gómez Martínez
"En Colombia hay que aprender a leer de derecha a izquierda", dice una analista de nuestro país. Creo que le asiste mucha razón. Es lo que hace tan difícil entender lo que sucede. Mientras aumentan los asesinatos, regresa el terrorismo, el país se endeuda para solventar su caja de corto plazo, arrecia la inseguridad, el sistema de salud colapsa, el salario mínimo se reajusta de forma irracional y el gobierno es un caos absoluto, el país parece vivir otra realidad. El índice de confianza del consumidor se encuentra en el nivel más alto desde 2014. La evidencia empírica y las cifras no coinciden. El consumo, impulsado por un gasto público que ha crecido de forma desaforada y por la explosión de contratos de prestación de servicios que hoy representan el 96 por ciento de los contratos firmados por los ministerios, es el motor de la expansión de la economía. Mientras tanto la inversión, que es el crecimiento del futuro, desciende a un lánguido 17 por ciento del PIB. El gobierno apuesta a que la gasolina le alcanza para la segunda vuelta y de esa forma asegurar la continuidad de su proyecto político. El problema lo tendrá que enfrentar el próximo presidente que encontrará una coyuntura dramática. Si Cepeda es elegido, el camino será la huida hacia adelante con más inflación, fuga de capitales, cesación de pagos, devaluación acelerada y cierre de importaciones. Es el formato argentino. Si el gobierno pierde, sea quien sea el elegido, vendrán tiempos difíciles de austeridad, recorte del gasto y malestar social. ¿Cómo explicar esta realidad disociada por no decir esquizofrenia? En la esquizofrenia (trastorno mental crónico y grave que distorsiona el pensamiento, las emociones y la percepción de la realidad, haciendo difícil diferenciar lo real de lo imaginario, afectando la conducta y las relaciones sociales) el paciente no acepta la realidad a pesar de la evidencia de lo que se le muestra. El delirio y las alucinaciones le hacen ver algo distinto. Los colombianos no son idiotas. Saben que muchos de los anuncios y decisiones del gobierno no son ciertos ni sostenibles. Como el borracho al que le insisten que no beba más porque mañana se sentirá terriblemente enguayabado, el ciudadano prefiere disfrutar la euforia pasajera y no pensar en sus consecuencias. Nos hemos acostumbrado a vivir en el presente, sin ahorrar, endeudados y sufriendo cada fin de mes. ¡Pero que viva la fiesta mientras dure! La economía es terca y al final su lógica se impone. A pesar de las advertencias, el futuro muy próximo pinta negro. El gobierno quema sus últimos cartuchos con total irresponsabilidad. Pero el fin de la fiesta está próximo. Como en Mateo, "vendrá el llanto y el crujir de dientes". *** Coletilla: las escandalosas y costosas operaciones recientes de endeudamiento deberían haber producido al menos una advertencia de la Contraloría General, encargada por la Constitución de certificar el registro y valor de la deuda pública.
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