Jueves, 29 de Enero de 2026

Vivir más... vivir peor

ChileEl Mercurio, Chile 29 de enero de 2026

El debate previsional ha ignorado sistemáticamente el fenómeno de la longevidad en nuestro país

El debate previsional ha ignorado sistemáticamente el fenómeno de la longevidad en nuestro país. Según las últimas estimaciones del INE, cerca del 20% de la población tiene hoy 60 años o más y, hacia 2050, ese grupo representaría más del 36% del total (y el 50% en 2070). A ello se suma una esperanza de vida que ya supera los 81 años al nacer. Sin embargo, las personas se están pensionando a la misma edad que lo hacían desde 1924.
De acuerdo con la OCDE, los cambios recientemente aprobados o en implementación -como el aumento de la PGU, la mayor cotización del empleador y los mecanismos de compensación- mejorarían la tasa de reemplazo hasta niveles cercanos al promedio de la organización. Son avances relevantes y bien orientados, sin embargo, persiste un vacío que atraviesa no solo esta reforma, sino prácticamente todas las anteriores: la edad legal de pensión.
Este parámetro, que lleva más de un siglo sin ajustes estructurales, ha sido sistemáticamente postergado. Incluso cuando el país tuvo una oportunidad concreta de abordar este tema en el último proceso de reforma previsional aprobado finalmente en 2025, la discusión volvió a quedar fuera del núcleo de las decisiones. Se reconoció su importancia, pero nadie terminó haciéndose cargo. Una vez más, el silencio en este tema ganó y el debate (esperemos) será abordado en el futuro, como si se tratara de una definición que siempre pudiera resolver la reforma siguiente. Esa ha sido, quizás, la gran omisión del diseño previsional chileno.
Los datos son contundentes. Según la Superintendencia de Pensiones, en el último año, las mujeres se pensionaron a los 61,8 años y los hombres a los 65,4, en promedio, es decir, incluso en un contexto de mayor longevidad y trayectorias laborales cada vez más fragmentadas, las personas no están postergando sistemáticamente su edad de pensión. Acá, hay dos temas para hacerse cargo de manera urgente: primero, es la equidad entre hombres y mujeres; no podemos seguir castigando a las mujeres con una edad de pensión menor a la de los hombres, y segundo, incrementar la edad de pensión para ambos géneros. Paremos de ignorar sistemáticamente este gran problema.
En este sentido, la economía de la longevidad se vuelve central. Vivir más obliga a repensar el retiro como un proceso y no como un evento puntual. La evidencia técnica muestra que cada año adicional de vida laboral -cuando es voluntario, flexible y protegido- mejora el ahorro acumulado, reduce la presión sobre el sistema y fortalece la seguridad financiera frente a riesgos como la inflación o mayores gastos en salud.
Chile está en un punto de no retorno. La longevidad no es el problema; el verdadero riesgo es seguir diseñando pensiones como si el país no hubiera cambiado. Incorporar esta realidad ya no es una opción técnica, sino una condición básica para avanzar hacia un sistema previsional sostenible y coherente con el Chile que ya somos.
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