¡Al agua pato!
Antes del lanzamiento de ChatGPT a fines de 2022, la inteligencia artificial (IA) era un tema de nicho
Antes del lanzamiento de ChatGPT a fines de 2022, la inteligencia artificial (IA) era un tema de nicho. Hoy, en cambio, no hay red profesional o foro en que no sea el o uno de los temas centrales, como lo fue en la reciente reunión anual en Davos del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés).Ya es imposible estar al tanto de todo lo que se publica relacionado con la IA. Proliferan estudios técnicos que buscan, por ejemplo, develar su funcionamiento interno o testear formas de reducir sus errores. En paralelo, en el mundo de los negocios se comenta a diario sobre las enormes inversiones, las estrategias, o las alianzas y rivalidades entre las empresas que están compitiendo diente a diente en productos y servicios de las distintas capas del sistema -infraestructura, modelos generales o aplicaciones-. A eso se suman noticias sobre países que obligan a las empresas a informar sobre su uso en sus productos, o padres que demandan a las redes sociales por generar adicción en sus niños. Con tanta información -a menudo sesgada o alarmista-, es difícil distinguir entre lo exagerado y lo medido y lo pasajero y lo permanente, y tomar una posición ponderada sobre cómo, en concreto, navegar con éxito esta nueva ola de innovación tecnológica. Me aventuro en seleccionar tres ideas clave para no hundirse.
La primera es que todo indica que la IA es una "tecnología de propósito general". Es decir, es un desarrollo de uso masivo y que a su vez habilita nuevos inventos, productos y comportamientos organizacionales. Según algunos autores, esta sería la tecnología de propósito general número 25 en toda la historia de la humanidad, sumándose al fuego, la imprenta, la electricidad y el internet, entre otros. Resistirse a ellas nunca ha resultado. Todo lo contrario, ha dejado al margen del desarrollo a las personas o los países que han intentado prohibirlas. Hay que tirarse al agua.
La segunda es que la historia indica que, en cada ola de innovación, la velocidad de adopción ha ido en aumento, y que, una vez logradas las economías a escala y las reducciones de costo, la adopción masiva es imparable. Hoy existe una brecha entre la adopción personal, que es muy extendida, y la adopción organizacional, donde los casos de éxito todavía son muy escasos y se debate sobre cómo escalar y lograr inversiones rentables. Pero es probable que el mercado evolucione a soluciones y productos estandarizados que harán más fácil su incorporación y que los usuarios no tengan que comprender cómo funciona, ni diseñar y evaluar ellos mismos aplicaciones a su medida. La IA seguramente pasará a ser invisible y dada por sentado, tal como lo es hace generaciones la electricidad. Cuánto tiempo se demorará en llegar a ese punto, es una incógnita, pero parece razonable suponer que serán más bien años, y no décadas. O sea, tenemos una ventana de tiempo relativamente breve para aprender a surfear esta ola.
La tercera es que el futuro no es sobre los humanos versus la IA, sino que es sobre cómo podemos aprovechar al máximo de cada uno. En esta transición, el "capital cerebral" de los países, resulta crítico para el progreso. Este concepto, acuñado en una publicación de enero del WEF en colaboración con McKinsey Health Institute, se compone de la "salud cerebral" y las "habilidades cerebrales". Definen estas últimas como las capacidades cognitivas, interpersonales, de autoliderazgo y de alfabetización tecnológica que permiten adaptarse, relacionarse y contribuir a tareas comunes, diferenciándolas de habilidades puramente técnicas. Justamente la misma distinción la hizo recientemente en una entrevista que se volvió viral, Jensen Huang, CEO de Nvidia (empresa que provee procesadores y que explica parte importante de los aumentos de los índices accionarios americanos desde 2022). Ante la pregunta de cuál es la persona más lista que ha conocido, reflexionó sobre la definición de la inteligencia. Planteó que la resolución de problemas y el saber técnico, ya están siendo reemplazados por la IA, y que serán capacidades como la empatía, la lectura entre líneas, la adaptabilidad y el razonamiento y la toma de decisiones cuando hay incertidumbre las que distinguirán a las personas listas. Pero, salvo la alfabetización tecnológica, que sin duda requiere acción urgente y a todo nivel, ¿no son estos los atributos históricos de quienes marcan la diferencia? En esto, pienso que, al final, no hay nada realmente nuevo bajo el sol.