Este caso aconteció en 2013 y en la actualidad el exguardameta brasileño se encarga de dar asesoramiento en control mental para deportistas de alto rendimiento.
Esta es una historia de terror, pero sin final, porque el protagonista está en plena actividad. Cuando era uno de los mejores arqueros de
Brasil,
Bruno Fernandes de Souza mandó matar a su amante, estuvo preso unos años, recuperó la libertad, volvió a jugar y hoy brinda asesoramiento en control mental a deportistas de alto rendimiento. Y aparentemente tiene muchos clientes...
El caso acaparó titulares en Brasil en 2013, cuando fue condenado a 22 años de cárcel. Y volvió a hablarse cuando en 2025 se estrenó un documental en Netflix.
Bruno Fernandes nació en 1984 en una favela de Riberão das Neves, un suburbio de
Belo Horizonte. Como sus padres lo abandonaron, lo crió una abuela. Pudo escapar de la pobreza gracias al fútbol: comenzó en
Atlético Mineiro, luego pasó al Corinthians y su consagración se produjo en
Flamengo. En la final del Campeonato Carioca 2007 atajó dos penales que le dieron el título a su equipo y lo convirtieron en ídolo.
Muchos ya pensaban en él como arquero de Brasil en el Mundial 2010, pero al tiempo que crecía su fama también su vida disipada. Empezó a frecuentar fiestas con droga y prostitutas, y en una de ellas conoció a Eliza Smudio, aspirante a modelo y actriz porno.
La primera vez que tuvieron sexo se rompió el condón y Bruno entró en pánico. No se contagió sida, como temía, pero ella quedó embarazada. Contra los reclamos para que abortara, Eliza decidió tener a su hijo. Y le reclamó el reconocimiento de la paternidad y el pago de una pensión (él, por otra parte, era casado).
Después de que ella lo denunciara por amenazas e intento de secuestro, él le ofreció una reunión para solucionar todo. Camino a ese encuentro, Eliza desapareció para siempre.
Para la policía no fue difícil encontrar la conexión con Fernandes. Sergio Rosa, primo del arquero, confesó que junto a un amigo, Luiz Henrique Romão, apodado Macarrão, habían subido a Eliza a un auto y la golpearon hasta dejarla inconsciente. Así se le llevaron a Bruno.
La reacción del arquero, según el expediente judicial, fue esta: "Ustedes deben resolver esto. No quiero tener problemas y no quiero saber nada del asunto".
Entonces, Rosa y Romão llevaron a la chica hasta la casa de Marcos Aparecido dos Santos, un expolicía con fama de hacer desaparecer cadáveres sin dejar evidencias. La torturaron, la estrangularon y se deshicieron del cuerpo. Versiones de prensa aseguraron que la descuartizaron y echaron sus restos a unos perros. Lo que quedó de ella fue enterrado bajo cemento, pero nunca pudo comprobarse dónde.
El juicio concluyó en 2013 con pesadas condenas para todos. En particular, el arquero fue sentenciado a 22 años de prisión por secuestro, homicidio y ocultación de cadáver.
Sin embargo, solo cumpliría siete años, favorecido por alegatos de su abogado sobre la lentitud del proceso. Cuando empezó a gozar de salidas transitorias le llegaron propuestas de varios clubes para volver a jugar. Algunos se arrepintieron antes de hacerle contrato debido a las quejas de hinchas y patrocinadores. Terminó firmando con el Boa Esporte del interior mineiro. Luego defendió al Rio Branco de Acre y finalmente al Atlético Carioca, todos de divisiones de ascenso.
En el presente, ya retirado de las canchas, Fernandes se presenta como coach para deportistas o equipos en técnicas de control mental.
Queda otro personaje en esta historia. Es el hijo de Eliza, bautizado Bruno (pese a que su padre nunca lo quiso) y con el apellido de su madre, Samudio. Se dedicó al fútbol, también como arquero. Las últimas informaciones lo daban jugando en las formativas de Atlético Paranaense.