Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Amor, erotismo y pornografía

ChileEl Mercurio, Chile 10 de febrero de 2026

Algunos pueden preferir que los columnistas se circunscriban a su especialidad, pero mi irresistible vocación es explorar en qué medida las ideas vigentes en estrategia de negocios tienen equivalentes o aplican en otras disciplinas como la filosofía, la psicología, la neurociencia, el arte, la música, la historia y la teología

Algunos pueden preferir que los columnistas se circunscriban a su especialidad, pero mi irresistible vocación es explorar en qué medida las ideas vigentes en estrategia de negocios tienen equivalentes o aplican en otras disciplinas como la filosofía, la psicología, la neurociencia, el arte, la música, la historia y la teología.
El fenómeno que hoy respalda la ventaja competitiva de las empresas más valoradas del mundo es el círculo virtuoso gatillado por el efecto red: nuevos usuarios con teléfono aumentan el valor del aparato al ampliar las conexiones posibles, lo que incita nuevos usuarios con teléfono... cerrando el círculo. ¿Aplica esta dinámica en otros ámbitos? En medio del pornogate y en vísperas del Día de los Enamorados, exageremos el desafío preguntándonos si este tipo de círculos virtuosos impulsa una buena relación de amor.
En su encíclica Deus caritas est (sobre el amor cristiano), Benedicto XVI distingue el amor que lleva a sacrificarse por el bien del otro y el eros que atrae como un imán. Agrega que entre más juntos vayan el amor y el eros, en la justa medida, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor. Y alerta que el eros convertido en puro "sexo" se degrada en mercancía que se puede comprar y vender.
En su libro "La agonía del eros", el filósofo Byung-Chul Han concuerda con Benedicto. Concibe el eros como un antidepresivo al volcar la persona hacia el otro. Plantea que lo erótico requiere convivir con el amor, precisa olvidarse de sí mismo en el otro, para no desvanecerse en la banalidad de lo consumible, para no corromperse sometido al dictamen del rendimiento, al dominio del poder o al dinero que le pone un precio como un "objeto sexual". Afirma que el amor consigue que el sexo no sea exposición, sino ritualización por cuyo medio se mantiene, en la desnudez misma, el misterio del otro. Señala que la pornografía destruye la fantasía erótica al llevar al máximo la información visual, profanando el eros que nunca está libre de enigmas. Y advierte que el porno desvanece el erotismo con mucha más seguridad que la sublimación, la represión y la moral.
Veo varios círculos virtuosos de efecto red impulsando la construcción de una buena relación de pareja. Uno, se cultiva al potenciar recíprocamente el magnetismo erótico dirigiendo ambas miradas siempre a lo que atrae del otro y volviendo invisible lo que aleja. Según Byung-Chul Han, el eros despierta ante el semblante del otro que se muestra y al mismo tiempo se oculta. Otro círculo se forja labrando la capacidad de darse mutuamente al otro intercambiando generosamente entregas desinteresadas de amor que cautivan y enriquecen al que las recibe y más al que las realiza. Pero el círculo más importante es el que conecta estos dos motores: más eros, más amor, más eros,... puro efecto red.
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