Derrotar al socialismo
Víctor Muñoz
Derrotar al socialismo del siglo XXI no es gritar más fuerte, es entender mejor
Víctor Muñoz
Derrotar al socialismo del siglo XXI no es gritar más fuerte, es entender mejor. En América Latina se ha vuelto costumbre creer que el socialismo del siglo XXI se derrota únicamente con una narrativa ideológica frontal: anticomunismo, antipetrismo, anti izquierda. La experiencia reciente demuestra que esa estrategia es necesaria, pero insuficiente. El caso de Milei en Argentina y Noboa en Ecuador es ilustrativo: no se ganó solo enfrentando al socialismo, sino desplazando el eje del debate hacia orden, empleo, seguridad y futuro. Menos consigna, más realidad. En Colombia, varios de los candidatos que hoy crecen frente al aspirante del petrismo lo hacen montados sobre una narrativa claramente antipetrista. Ese discurso, en el mejor de los escenarios, moviliza cerca del 30 % del electorado. El problema es matemático y político: para ganar una elección presidencial se necesita conquistar, al menos, entre un 15% y 20% adicional de ciudadanos que no se identifican con la dicotomía de izquierda y derecha. Ese votante no quiere oír discursos abstractos sobre modelos económicos. Quiere respuestas concretas: cómo mejorar su ingreso real, cómo defender el salario mínimo sin destruir empleo, cómo garantizar que los subsidios existan, pero no lo condenen a la informalidad permanente, cómo volver seguro el transporte público o el barrio donde vive. Si la conversación no toca esas fibras, se pierde. Hoy en virtud de la ley de encuestas no se cuentan con la desagregación de los datos a nivel regional, sin embargo, los análisis conocidos muestran que Cepeda domina en el Pacífico colombiano y en la Costa Caribe; empata en Bogotá y Cundinamarca; y pierde con claridad en Antioquia, el Eje Cafetero, los Santanderes y los Llanos. Esa geografía electoral no se explica con X, Instagram o TikTok. Se explica con territorio, estructura social y expectativas materiales. Por eso, insistir en hablarle a las bodegas históricas de X o a los likes de influencers es un error estratégico. Las elecciones no se ganan en burbujas digitales ni en guerras de vanidad. Los mensajes son para la gente, no para el ego del candidato ni para el aplauso del círculo cercano. A los candidatos que hoy no despegan en las encuestas habría que hacerles una sola recomendación: salgan a caminar. Vayan al Hueco, a San Victorino, a Bazurto. Mírense en el espejo del comercio informal, del trabajador que madruga sin garantías, de la madre cabeza de hogar que sobrevive entre subsidios y precariedad. Si su comitiva es más grande que la multitud que corre a saludarlos ahí está la explicación de ese 1% o menos en intención de voto. Derrotar al socialismo del siglo XXI no es una batalla de etiquetas. Es una disputa por la confianza de la gente común. Y esa confianza solo se gana con realidad, no con retórica.
Emprendedor, investigador, analista.