Jueves, 12 de Febrero de 2026

Desayuno en Tiffanys: la comedia romántica que rompió prejuicios, eludió la censura y se volvió un clásico

UruguayEl País, Uruguay 11 de febrero de 2026

Este sábado 14 de febrero, Movie Punta Carretas proyecta la comedia dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Audrey Hepburn que se convirtió en un clásico del cine.

Hay personajes que marcan una película hasta convertirse en íconos. Holly Golightly es uno de ellos. Se la puede encontrar reconvertida en Annie Hall o Carrie Bradshaw, en mujeres distintas de épocas diferentes, pero todas hijas, quieran o no, de Desayuno en Tiffany's, que regresa a la pantalla grande este 14 de febrero. Movie Punta Carretas la proyecta por San Valentín, el sábado a las 19.20.

Estrenada en 1961 y dirigida por Blake Edwards, Desayuno en Tiffany's que en Uruguay se estrenó el 11 de junio de 1962 bajo el título Muñequita de lujo es, en apariencia, una comedia romántica con una protagonista magnética, un vestido inolvidable y una canción que quedó para siempre. Pero en el fondo fue una jugada arriesgada: tomó un material literario incómodo, lo suavizó lo justo para esquivar la censura del Hollywood de la época y terminó creando un clásico que, paradójicamente, sobrevivió incluso al libro que le dio origen. Audrey Hepburn convirtió a Holly en icónica palabra gastada, pero bien usada acá, quizás más que la propia creación, mucho más filosa e incómoda, de Truman Capote.



Holly no nació de la nada. Capote la armó como un collage: tomó las ambiciones sociales de su madre, sus propias ansiedades y la personalidad de las mujeres que orbitaban su vida neoyorquina: los llamados "cisnes de Capote", o sea Gloria Vanderbilt, Oona O'Neill, Carol Marcus y Gloria Guinness. Mujeres glamorosas, brillantes, millonarias y feroces, capaces de convertir un almuerzo en un espectáculo y el chisme en todo un arte.

De ellas salió esa mezcla de ligereza y firmeza que define a Holly. En la novela de 1958 es una joven de 19 años, sexualmente libre, brutalmente honesta, que vive de acompañar a hombres ricos y huye de cualquier intento de encierro emocional. La independencia es su modo de supervivencia, lo que para la época, era dinamita.


No por casualidad, Desayuno en Tiffany's fue rechazada por la editorial Harper's Bazaar. El problema no era solo el lenguaje, sino la libertad moral de su protagonista. Holly era demasiado carnal, demasiado autónoma y demasiado poco arrepentida de sus actos. La novela terminó publicándose en Esquire y en formato libro, con elogios de críticos como Norman Mailer, que la llamó un "pequeño clásico".

Sin embargo, fue la película y no el libro lo que ayudó a convertir a Nueva York en un personaje cinematográfico. La escena inicial, con Holly desayunando frente a Tiffany & Co. en el 727 de la Quinta Avenida, esquina 57, transformó esa vidriera en un altar cinéfilo. Hoy es imposible pasar por el lugar sin ver turistas recreando el ritual, café en mano al amanecer, buscando un poco de esa calma que Holly encontraba mirando diamantes antes de que el mundo despertara.

También el edificio donde vivía Holly, con su toldo a rayas verdes y blancas ya desaparecido, sigue en pie en el 169 East 71st Street. Y si bien el tiempo borró algunos detalles, la casa permanece como otro sitio emblemático del cine.

https://www.youtube.com/watch?v=KlZ4fYqjGJI

De novela incómoda a comedia romántica

Cuando Hollywood puso el ojo en la historia, el problema fue inmediato y concreto: ¿cómo filmar a una prostituta sofisticada sin decir la palabra "prostituta"? La respuesta llegó con el guion de George Axelrod, que limó las aristas más oscuras del libro y desplazó el eje hacia una comedia romántica elegante, ingeniosa y mucho más digerible. Afuera quedaron abortos, ambigüedades sexuales explícitas y finales abiertos. Adentro quedaron Paul Varjak, el romance y una fantasía urbana diseñada para sobrevivir al temible Código Hays.

En el proceso convirtieron a Holly en una mecenas del arte, táctica ideada por Axelrod para hacerla más agradable. Y también tuvo cambios Paul Varjak, originalmente "un observador distante", que se presenta como un interés romántico. Aunque la novela de Capote ofrecía un final infeliz en el que Holly Golightly desaparecía, en la película se reúne con Varjak y su gato en lugar de huir de Nueva York.

Truman Capote tenía una idea muy clara de quién debía interpretar a Holly: Marilyn Monroe. Era su gran amiga y, según él, la única capaz de aportar la carnalidad, la presencia física y el costado vulnerable que exigía el personaje. Pero la negativa de su entorno profesional ("no va a interpretar a una prostituta", dijo su coach, Stella Adler) terminó inclinando la balanza. Paramount barajó también el nombre de Brigitte Bardot, aunque apostó por la elegancia de Audrey Hepburn, mucho más compatible con el Hollywood clásico.


La decisión fue un punto de quiebre entre el autor y la producción. Capote se sintió traicionado y no lo ocultó: no fue al rodaje, criticó públicamente la adaptación y sostuvo que el estudio había edulcorado su historia. El biógrafo Donald Spoto resumió ese malestar al señalar que Capote lamentaba que Hollywood hubiera transformado su relato trágico y mordaz sobre "una solitaria e inquieta prostituta de Manhattan" en "una empalagosa postal de Nueva York". En parte, tenía razón.

Dirigida por Blake Edwards, la película apuesta por los sentimientos, el humor y un despliegue visual impecable. El resultado fue un éxito de taquilla con cinco nominaciones al Oscar y premios a banda sonora y canción. Así, original y adaptación terminan siendo dos obras diferentes. Ni mejores ni peores: distintas.



https://www.youtube.com/watch?v=uirBWk-qd9A
Edwards utiliza la fuerza para neutralizar lo más virulento de la novela. La bisexualidad de Holly y la prostitución explícita se eliminan o se diluyen entre chistes, dobles sentidos y confusión romántica. Incluso el escritor recién llegado al edificio, que en el libro es homosexual, se convierte en interés amoroso para garantizar un final feliz. Se filmaron dos desenlaces: uno trágico y otro optimista. El segundo fue el que llegó al montaje final.


El resto es historia: el vestido negro de Givenchy que se volvió símbolo de estilo, la inolvidable "Moon River" cantada con una fragilidad que todavía emociona (ganó el Oscar y el Grammy a canción y grabación del año), y una imagen inicial Hepburn frente a Tiffany's que quedó tatuada en la memoria colectiva de generaciones (y piezas de la cultura pop de todo tipo). Incluso en la serie Glee hacen un homenaje a esa escena, porque Holly Golightly trascendió el personaje y se convirtió en símbolo: un símbolo de libertad femenina y de esa idea, peligrosa y seductora, de que siempre se puede empezar de nuevo.

El paso del tiempo trajo lecturas críticas de la película. La caricatura racista del señor Yunioshi (otro de los vecinos del edificio interpretado por Mickey Rooney), por ejemplo, es vista como indefendible y hoy funciona como un recordatorio del cine de esa época, de su contexto. Pero incluso con ese whitewashing, Desayuno en Tiffany's sigue viva.

Porque, en el fondo, no trata de joyas ni de hombres ricos. Trata de una chica que huye, que tiene miedos, que se (re)inventa. Y eso sigue siendo un tema muy reconocible, y muy atemporal.

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