La confusión democrática
Miguel Gómez Martínez
La democracia no sólo debe ser transparente en los resultados electorales
Miguel Gómez Martínez
La democracia no sólo debe ser transparente en los resultados electorales. También debe serlo en sus procedimientos. El caos que vivimos en la actual campaña no tiene precedente en nuestra historia. Basta pensar en la complejidad de nuestro sistema electoral para entender que la confusión es un arma de los politiqueros para sus fines oscuros. No les basta con burlarse de las normas y financiar sus campañas con dineros ocultos y sucios, incluso provenientes de otros países, como sucedió en la pasada presidencial. Tampoco es suficiente colocar a sus parientes cercanos cuando, por corrupción, han perdido la posibilidad de ser elegidos. Ahora tenemos el lío de las firmas, las consultas y los reintegros de los votos que oscurecen aún más el proceso electoral. Los partidos, vacíos de coherencia ideológica y legitimidad, se han convertido en dispensadores de avales por los cuales cobran -directa o indirectamente- un peaje que permite a sus dueños mantener su maquinaria y ostentar el poder oculto de una firma. Pero como cada colombiano que nace cree que puede y debe ser presidente, no hay suficientes avaladores para tantas aspiraciones. Entonces inventamos las firmas "de un número significativo de ciudadanos" como puerta de entrada a las elecciones. Aparecen entonces millones de firmas, muchas de ellas pagadas, que avalan a quienes, por lo general, son ególatras desconocidos de la opinión. Dichas firmas son "revisadas", por la Registraduría, en un muy sospechoso tiempo récord. Además, tenemos profusión de consultas cuyo objetivo es racionalizar el número de aspirantes. La verdad es que, por imperfectas que sean las encuestas, tal vez tres o cuatro de los aspirantes actuales tienen alguna opción de llegar a la segunda vuelta. Los demás fingen su aspiración porque recibirán 8.613 pesos por cada voto que obtengan. Hagan las cuentas y verán por qué aspirantes, sin ninguna opción, se aferran a la consulta. El caso más escandaloso es la del centro entre Claudia López y un ilustre desconocido, que no definirá nada, salvo el monto que la ex -alcalde recibirá por cuenta del erario. La segunda de la izquierda, sin Cepeda, es lo mismo, pero para los bolsillos de Roy. Y vendrán por fin las elecciones repletas de tulas y votos comprados, marrullas y traiciones, negociaciones ocultas y acuerdos burocráticos. Todo para perpetuar un modelo de política donde imperan los intereses de los profesionales de las elecciones, que se representan a sí mismos y sus camarillas de depredadores del erario. Solo ellos entienden la diferencia entre lista abierta y cerrada, umbral, cifra repartidora, los formularios E9, 10 y 11 y otros artilugios de la vigilancia electoral donde realmente se ganan las elecciones. Este sistema caótico, confuso y costosísimo es lo que llamamos democracia. Coletilla: Deberíamos acabar con el Consejo Nacional Electoral, inútil y responsable de mucho de este desorden. Politiquería disfrazada de derecho.
Migomahu@gmail.com