Charlas con su familia, un viaje relámpago a Juan Lacaze y el estudio obsesivo de cada gesto: así Aldo Martínez reconstruyó a una leyenda de la música popular en su regreso al parodismo junto a Caballeros.
Es obsesivo, meticuloso y estudioso del detalle. Va a fondo cada vez que le toca interpretar un papel. Se para frente al espejo y ensaya cada gesto hasta el hartazgo con un objetivo claro: que el público vea al personaje y no a Aldo Martínez.
En el Carnaval 2018 encarnó a China Zorrilla con parodistas Nazarenos y, después de mirar decenas de entrevistas, descubrió un pequeño frenillo que le permitió dar con el tono exacto de su voz. Para hacer de El Guasón investigó el síndrome de incontinencia afectiva e incluso habló con psicólogas para profundizar.
Jamás se queda en lo superficial y el Carnaval 2026 no fue la excepción. Tras haberse probado en murga dos temporadas con La Gran Muñeca, volvió al parodismo el género que lo formó para interpretar a un ícono popular: José Carbajal, "El Sabalero". Vio cuanto recital y reportaje encontró, pero fue más allá: habló con Anke, su esposa holandesa, sus hijos y amigos. Quiso saber si era cariñoso, si vivía con la guitarra a cuestas. Descubrió que amaba cocinar y planchar, y que su pascualina era famosa entre los suyos.
Hay más. Una semana antes de subir al Teatro de Verano con Caballeros viajó a Juan Lacaze. Recorrió la casa de la infancia del músico, el río donde pescaba y donde también están esparcidas sus cenizas. Allí terminó de conectar con el alma de un artista que admira desde niño, y hasta debutó en el coro de la escuela cantando "Chiquillada".
Fue con ese clásico que el Ramón Collazo se puso de pie en la primera rueda para corear "Chiquillada", mientras Aldo traía por un rato a la leyenda de vuelta al plano terrenal. Así lo sintieron su hijo Alejandro y también Walter Aranda, amigo íntimo del Sabalero y hermano del recordado "Chirimino", mencionado en la canción "A mi gente".
"En ese momento me transporto y Walter me dijo: 'Saqué una foto porque no lo podía creer. Cuando bajaste a la platea, estaba José ahí'. No vieron a Aldo: vieron a su entrañable amigo", cuenta a El País, aún conmovido.
Generó tal revolución que esta noche llegará una excursión desde Juan Lacaze para ver la segunda rueda del espectáculo. A pesar del fervor, Aldo no podrá aspirar a ningún premio individual. En 2015 salió Figura de Oro del Carnaval por La jaula de las locas, con Zíngaros, y ese reconocimiento lo inhabilita a volver a competir.
No está de acuerdo con la medida. Incluso se movió para que el reglamento se modificara, pero no tuvo eco. "Messi ganó ocho veces el Balón de Oro. Imaginate que le dijeran: 'No juegues más bien porque no te vamos a premiar'. Eso solo pasa en este país y en Carnaval", se queja.
Aún así, la motivación está intacta. Asegura que sigue saliendo para devolver a la fiesta popular todo lo que le regaló.
A continuación, un resumen de la charla que esta estrella del parodismo mantuvo con El País, a propósito de su regreso a la categoría que ama, para interpretar un personaje tan especial.
Raw Html Volviste al parodismo después de dos años en La Gran Muñeca. ¿Qué te hizo regresar? La experiencia en murga era un pendiente porque crecí viendo ensayos. Se me dio para parodista por casualidad y ahí hice mi carrera y me formé. La murga fue increíble y lo volvería a hacer, pero extrañé sobre todo la actuación. Muchos amigos y colegas me pedían que volviera y eso me terminó convenciendo.
¿Qué tentó de Caballeros? ¿Te ofrecieron "El Sabalero"? No, apareció después. Nadie sabía que yo quería volver. Un día "Rulo" Sánchez (director) apareció en un ensayo de La Gran Muñeca y me dijo: "Si tenés intención de regresar a la categoría, dame la chance de ser el primero en hablarte". Cuando lo decidí, lo llamé. Nos reunimos y el personaje salió de la nada.
¿Lo propusiste vos? No, fue gracias a mi señora. Rulo me decía que tenía que volver con un personaje fuerte, pero yo no tenía ninguno en mente. Mi señora se puso a cantar una canción de Zitarrosa yo ya lo había hecho en Zíngaros y la esposa de Rulo dijo: "Me parece que quiere decir el que canta la de 'pantalón cortito'". "Ese", dijo mi señora. El Sabalero. No lo dudé. Fue casualidad, como todo lo que me sucede en Carnaval. Nunca pedí hacer un personaje: vinieron solos.
¿Cuál fue el primer paso para empaparte en su historia? Al otro día me puse a trabajar. Busqué mucho material en YouTube: canciones, notas, recitales, para empezar a crear lo físico. Después contactamos a Anke, su esposa, y nos invitó a su casa en Villa Argentina. Se entusiasmó mucho. Hablamos con sus cuatro hijos y nos dieron el visto bueno. Pregunté cómo era en la interna, en su casa, si era cariñoso, si estaba siempre con la guitarra. Así lo empecé a componer.
Una semana antes del Teatro de Verano fuiste a Juan Lacaze. ¿Qué te dejó ese viaje? Me invitó el alcalde Darío Brugman y fue increíble. Me reuní con tres amigos de su barra y averigüé datos de su época de estudiante, de sindicalista, si eran verdad cosas que él nombra en las canciones. Recorrí su casa materna, la fábrica Campomar, el barrio Las Casillas, donde nació, el río donde esparcieron sus cenizas, el rancho Macario, donde estrenaba sus canciones. Eso me permitió colocarme en la piel del personaje desde otro ángulo.
¿Qué detalles sacaste de esas charlas? Que le encantaba cocinar y planchar. En la casa todavía tienen su mesita de planchar. Le quedaba muy bien la pascualina. Le pregunté a sus amigos cómo hablaba, si tenía muletillas. Todo eso me sirvió para componerlo.
¿Cómo se logra que el público vea al Sabalero y no a Aldo? Lo primero que quiere ver la gente es al tipo ahí arriba. La prótesis capilar de pelo natural fue clave. Sacaron miles de fotos para dar con el corte; el bigote también es de pelo natural. Hasta yo me sorprendí cuando vi las primeras pruebas. Los hijos no podían creer cómo saqué los gestos, pero soy muy obsesivo. Vi videos para estudiar cómo caminaba, cómo pronunciaba y cómo cantaba. Sé tocar la guitarra, la toco en vivo, y es un plus: lo hace más real.
¿Qué fue lo más difícil? Todo. Hasta que no conseguía una cosa, no seguía. Lo físico fue difícil porque hay poco material de él caminando. Vi recitales y una entrevista en la playa que me ayudó a sacar su forma de moverse. Busqué detalles en su voz y le sumé gestos y palabras al texto para hacerlo más natural. La frutilla fue la caracterización y el sostén del elenco.
Su familia y amigos estuvieron en la primera rueda. ¿Fue una presión extra? Fue hermoso. Primero fue Anke a un ensayo y lo que lloró fue increíble. Después apareció Alejandro y se emocionó mucho. Con eso ya me sentía tremendamente halagado, pero cuando lo vieron en el Teatro de Verano fue mágico.
El final de la parodia con el público cantando "Chiquillada" fue conmovedor. ¿Qué sentiste? Son cosas que el Carnaval te regala. Bajar a la platea siempre es un riesgo. Se intenta conseguir cercanía y esta vez sucedió. No había mucha concurrencia y la alegría fue doble: los que estaban terminaron cantando.
Alguien comentó en redes que le gustaría disfrutarte más allá del Carnaval. ¿Te gustaría hacer teatro? Vivo de la música tropical y se me hace difícil. Me han propuesto obras lindas, pero no puedo comprometerme y económicamente no me sirve. Tengo pendiente hacer cine y me gustaría volver a la televisión.
¿Alguna vez pensaste en sacar tu propio conjunto? No. Tenés que estar 24/7 en todos los detalles y prefiero estar arriba del escenario. Es muy caro y no es mi rubro. Me siento más cómodo como componente o técnico.
¿Con qué te quedás al bajar del escenario? Con el reconocimiento del público. Busco no defraudar a la gente. Si estoy, tengo que brindar el mejor espectáculo porque le debo todo al Carnaval. Es mi pasión. Nunca fui a aprender canto, baile o actuación: todo lo absorbí acá. Sentir ese cariño es un tremendo premio.