Menos Porno y más Eros
Lo pornográfico destruye a Eros y la muerte de Eros es tan grave como la muerte de Dios.
La pornografía se ha masificado y viralizado como nunca en la historia, aunque siempre ha existido y su enemigo natural es Eros. Lo pornográfico destruye a Eros y la muerte de Eros es tan grave como la muerte de Dios. Por eso, Byung-Chul Han titula uno de sus ensayos "La agonía de Eros". La hermosa historia de Psique y Eros (mito griego que Apuleyo, escritor romano del siglo II, reescribirá después con prodigiosa pluma) cuenta cómo Afrodita -celosa por la belleza de Psique- ordena a su hijo Eros enamorarla de un monstruo, para alejarla de él; pero ocurre todo lo contrario. Eros se enamora finalmente de Psique. Pero esta incumple la promesa de no mirarle el rostro y lo pierde. Tendrá entonces que hacer un descenso al inframundo, como Orfeo cuando quiso recuperar a Eurídice.
Como se ve, en este mito están en juego realidades y significados humanos muy profundos y, desde luego, hondos misterios. El encuentro entre Psique y Eros es la unión de dimensiones arquetípicas, y habla también de todo lo que está en juego en el encuentro entre alteridades distintas. Por algo Platón dedica abundantes páginas a Eros y a todo lo que Eros implica: Eros no solo es deseo físico, sino una fuerza movilizadora y mediadora que empuja al Alma a ascender desde la belleza puramente física a la contemplación de la Belleza en sí, la belleza espiritual. Sin la presencia de Eros, la vida se vuelve plana, vacía, sin ese fuego que alimenta y que suscita el anhelo, que es lo que nos hace buscar y crear y amar. Detrás de los girasoles de Van Gogh, la Pietá de Miguel Ángel, la música de Bach o de Violeta Parra está Eros actuando. O cuando amamos, a un ser humano, a Dios o a la Naturaleza. Sin Eros, somos presa fácil de la depresión; una de las dimensiones tal vez más brutales de la depresión es la ausencia de Eros.
Y hoy vivimos en tiempos donde la pornografía esplende y la depresión devasta. Nuestros hijos, desde muy pequeños -desde que los abandonamos a los dispositivos digitales-, sufren en silencio el efecto devastador de la pornografía, en edades donde debieran ponerse en contacto con Eros en sus más altas expresiones y con la Belleza. Se podrán dar muchos argumentos desde la Academia para justificar la pornografía como expresión estética y cultural, pero hacerlo es colocarse en un lugar equivocado de la batalla que hoy se está dando en el mundo entre Eros y pornografía, Belleza y horror. Una batalla no cultural, espiritual. El Ministerio de las Culturas y las Artes, al patrocinar o permitir que se financie un festival de cine porno, se ha colocado en el lugar equivocado de esa batalla. Lo que nutre y sustenta desde siempre "las" culturas y "las" artes es Eros. Les pido a las autoridades que lean, por favor, a Gabriela Mistral. Ella es categórica: "Una canción es una herida de amor que nos hicieron las cosas; a ti, hombre basto, solo te turba un vientre de mujer, el montón de carne de la mujer". O sea, la pornografía. El deber de los artistas e intelectuales es dar esa respuesta a la Belleza, no hacer lo de Rimbaud, el joven poeta transgresor que, por rebelarse ante el arte académico, llegó a afirmar: "Senté a la Belleza en mis rodillas, la encontré amarga y la injurié". Eso está bien para la etapa rebelde de la adolescencia, pero él mismo reconocería su error, poco después, al afirmar: "Hoy sé saludar a la Belleza".
Me quedo con el segundo Rimbaud y me parece que lo más transgresor hoy es -en un mundo donde Eros está en peligro- "saludar a la Belleza". Se podrá tratar de dar argumentos desde la semiología, la biopolítica, manoseando por aquí y por allá a Foucault, a Derrida y otros, para justificar que fondos estatales para la cultura se inviertan en un festival de cine porno. Basta decir que hay mucho Eros y Belleza en el arte, el cine, la literatura, chilenos que merecen más apoyo que el que necesita la pornografía. Perderse en eso es cruzar una línea roja. Eros y Psique quieren abrazarse de nuevo hoy, sin que el monstruo de lo porno entre en su lecho.