Sábado, 14 de Febrero de 2026

El alejamiento entre Alemania y EE. UU.

ColombiaEl Tiempo, Colombia 13 de febrero de 2026


Rafael Herz
La relación entre Estados Unidos y Alemania, una de las alianzas transatlánticas más duraderas y estratégicamente relevantes desde el final de la II Guerra Mundial, se encuentra en un momento de profunda tensión y reevaluación


Rafael Herz
La relación entre Estados Unidos y Alemania, una de las alianzas transatlánticas más duraderas y estratégicamente relevantes desde el final de la II Guerra Mundial, se encuentra en un momento de profunda tensión y reevaluación. Lo que durante décadas fue un eje sólido de la seguridad occidental, en especial desde la ayuda de EE. UU. para la reconstrucción de la potencia europea, ahora transita entre la desconfianza y disputas políticas que ponen a prueba la resiliencia del vínculo bilateral. Después de la incorporación de Alemania a la alianza occidental de la posguerra, los dos países compartieron valores democráticos y colaboraron estrechamente en defensa, economía y diplomacia global. Sin embargo, en 2026 esa narrativa se ha visto seriamente erosionada, no tanto por una ruptura formal, dado que la cooperación militar dentro de la OTAN sigue vigente, sino por una creciente frustración alemana con las políticas estadounidenses y su imprevisibilidad.  Uno de los elementos visibles es la percepción pública. Encuestas recientes muestran que la mayoría de los alemanes considera que la relación con EE. UU. es mala, con un marcado descenso en la confianza y el futuro de la cooperación en temas de comercio, seguridad y política exterior.   Las disputas comerciales, sobre todo los aranceles aplicados por Washington, han debilitado el intercambio económico, reduciendo exportaciones y tensando una relación que había prosperado durante décadas.  Más allá del comercio, decisiones controversiales como la amenaza de adquirir territorios estratégicos, Groenlandia, han sido rechazadas por líderes europeos, avivando debates sobre soberanía y prioridades geopolíticas.  No obstante, no todo es ruptura. Diplomáticos y algunos funcionarios de ambos lados subrayan que las alianzas institucionales, especialmente en defensa, siguen siendo fundamentales. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, ha enfatizado que, pese a las tensiones, Alemania aspira a mantener una relación estrecha.  Estas declaraciones reflejan la dualidad actual: descontento político junto con una conciencia estratégica de una clara interdependencia. Para muchos alemanes, EE. UU. ha pasado de ser un socio garante del orden liberal y de los valores occidentales, a percibirse como una potencia errática que antepone intereses domésticos a la estabilidad global.  Este sentimiento complica no solo la cooperación bilateral, sino la cohesión y colaboración frente a desafíos globales como la competencia con China, el cambio climático o la seguridad energética. El riesgo inmediato es la erosión gradual de confianza entre aliados que comparten historia y responsabilidad global. Restaurar ese vínculo exige esfuerzos conscientes: EE. UU. debe reconocer la importancia del consenso con Europa, y Alemania necesita equilibrar la crítica con la pragmática cooperación que el contexto geopolítico exige. En un mundo polarizado, perder este eje transatlántico sería un lujo que ninguna de las dos potencias puede permitirse, y que el mundo occidental vería con suma preocupación.
Analista Internacional.
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