Adiós al poeta
Un poeta ha muerto
Un poeta ha muerto. Mientras la polis parece continuar su cotidiano discurrir, en la profundidad de su núcleo las paredes se estremecen y resquebrajan. Su nombre es Germán Carrasco y a los 54 años, en la cima de su capacidad creativa, la muerte se lo llevó de manera fulminante este 9 de febrero.
En propiedad corresponde hablar de él en la página A 3 de este diario, una página, en términos generales, en la que se tratan "temas públicos". Porque la poesía es algo muchísimo mayor que la literatura y, por lo mismo, excede en importancia a las páginas que tratan de esa materia, y compete a lo público de manera esencial.
Algunos dicen que los poetas son los guardianes de la memoria de la "tribu humana", memoria contenida en el lenguaje o, mejor dicho, en el idioma, la forma específica en que el lenguaje se encarna en cada pueblo. Ese idioma está incesantemente en riesgo de desgaste, de distorsión, de olvido, de miseria y ocultamiento.
Carrasco fue un guardián excelso, sin duda, el mejor de su generación, o todavía más, pues, todos, incluidos sus pares (a veces apertrechados en sus capillas), le reconocían un talento superior.
Ha muerto un gran poeta. Como crítico literario de este diario comenté casi todos sus libros, que forman una consistente obra. Apenas rocé, sin embargo, lo fundamental, de modo que no pretenderé justificar aquí, en estas pocas palabras, el por qué desde sus libros más juveniles ya se manifestó para mí como un poeta extraordinario.
El análisis de los contenidos de su poetizar viene haciéndose incesantemente en estos días posteriores a su muerte. Carrasco poetizó sobre los grandes temas de la existencia humana, desde el amor hasta la muerte y, sobre todo, meditó sobre la poesía misma y el papel de los poetas en la sociedad, no cualquiera, sino en la nuestra. Acerca de todo fue un polemista lúcido y punzante, un aguijón socrático. Pero lo que más seduce de su poesía es la manera singularísima con que aborda sus temáticas. Sus referencias -los materiales de construcción- eran múltiples y diversas (desde Shakespeare al rock , desde el habla cotidiana al cine oriental), aunque todas se concentraban en ciertas "figuras" -para emplear cierta terminología teórica- que recorren cada libro e incluso, siempre con variantes, despliegues y deslizamientos, saltan de un libro al otro. A esas figuras modulares, esta suerte de nodos poéticos, aluden a menudo los títulos de los poemarios. Seguirlas es un buen método para la lectura de la obra poética de Germán Carrasco.
Un lector preocupado de los temas públicos, como lo es el lector de esta página, encontrará en esta poesía una mirada paralela, cruzada, contraria, pero necesaria. Adiós al poeta.
Germán Carrasco fue un guardián excelso, sin duda, el mejor de su generación, o todavía más.