Más allá de las encuestas: Yo te digo
Da alegría y se valora cuando un feligrés pregunta: "Padre, ¿qué dice la Iglesia sobre el horóscopo, la reencarnación o la existencia del infierno?"
Da alegría y se valora cuando un feligrés pregunta: "Padre, ¿qué dice la Iglesia sobre el horóscopo, la reencarnación o la existencia del infierno?". Porque, aunque parezcan sencillas, son los pasos que cada uno da en su vida cristiana.
En cambio, son pocos los que preguntan: "¿Qué dijo Jesucristo en el Evangelio a propósito de las reacciones de mal genio?" o "¿Qué consejo me daría Jesús cada domingo cuando voy a misa?". Este tipo de preguntas que parten de Cristo son escasas y hoy -paradójicamente- son respondidas en el Evangelio.
Hoy, en solo diecinueve versículos, leemos cinco veces que Jesús usa la misma expresión: "Yo te digo". Las interpreto como una queja fraterna para que nos animemos a escucharlo en las Escrituras; no solo para conocerlo, sino, sobre todo, para intentar imitarlo. El "Yo" de Jesús destaca de un modo que ningún maestro de la Ley se puede permitir; no lo hace como los rabinos, sino como alguien que tiene "autoridad" (Mt 7, 28; cf. Mc 1, 22; Lc 4, 32).
Que nos levantemos en misa para escuchar de pie el Evangelio es un detalle litúrgico para realzar nuestra devoción y valorar a quien vamos a oír: "Cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración, entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros" (León XIV, 11-02-2026).
Parafraseando nuestro Evangelio, es como si Jesús nos dijera: tú "has oído que se dijo a los antiguos -en las encuestas, en YouTube, el párroco- tal cosa, pero Yo te digo..." (cf. Mateo 5, 21-22). !Eso es lo seguro para todo bautizado, lo que Él nos dice¡ Así salimos de muchos enredos y plagios que aparecen en las redes sociales.
!Qué poderoso y sorprendente es escuchar a Jesús: "Yo te digo"¡ Porque cuando hace dos mil años lo escucharon Pedro, Marta y Juan, Él sabía que tú y yo lo volveríamos a leer, hablándonos también personalmente.
Pienso que todo bautizado tiende -también el párroco-, cuando le hacen una consulta, a responder primero con palabras del Papa, las Orientaciones Pastorales, Documento de Aparecida o el Concilio de Éfeso. Todo eso está muy, muy bien, pero antes acudamos al "Yo te digo" de Jesús. Cuando la Iglesia solo se cita a sí misma, está a centímetros de caer en un ensimismamiento, un mirarse a sí misma como nos advirtió el Papa Francisco.
Recuerdo un paseo por la montaña donde tuvimos la tentación de tomar agua en la primera vertiente que se nos cruzó. Quien conocía el camino nos advirtió: "Esta agua la veremos muchas veces en el ascenso y no somos los únicos en la montaña. Esperemos a llegar a la fuente, que es cristalina, limpia y segura".
Hoy Jesús también nos habla de amor, fidelidad e indisolubilidad matrimonial; del valor del compromiso y la decisión para alejarse de la tentación porque la pena es eterna (cf. Mateo 5, 27-32). Alguien podría decir: "!No estoy de acuerdo¡". Muy bien, una pena; pero no estás en desacuerdo con la Iglesia, con el Papa o con ese cura, sino con Jesús: "Viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia" (León XIV, 11-02-2026).
La vida cristiana es una aventura épica exigente que nos lleva a la libertad y a la felicidad. Por eso el salmista insiste en la alegría: "Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón" (Salmo 119, 1-2).
Comienza la Cuaresma este Miércoles de Ceniza, cuarenta días de oración, penitencia y caridad. Un camino para vivir este tiempo litúrgico puede ser leer y considerar en la presencia de Dios los textos de las misas: "Ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley" (Salmo 119, 18).
"Has oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo te digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la gehena del fuego".(Mt 5,21-22)
"!Qué poderoso y sorprendente es escuchar a Jesús: "Yo te digo"¡... porque cuando hace dos mil años lo escucharon Pedro, Marta y Juan, sabía que tú y yo lo volveríamos a leer y escuchar, hablándonos también personalmente".