El acuerdo UE-Mercosur redefiniría el vínculo entre los bloques, con efectos que trascienden el comercio de bienes.
Tras más de dos décadas de negociación, el acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea ingresó formalmente al Parlamento uruguayo luego de la autenticación del texto por parte del Poder Ejecutivo, iniciando así su proceso de ratificación interna. El tratado, que vincula a dos bloques que concentran cerca del 20% del PIB mundial y más de US$ 100.000 millones en comercio anual, representa un hito estratégico para la inserción internacional de la región. Sin embargo, mientras en el Mercosur avanza el trámite legislativo, en la Unión Europea persisten incertidumbres jurídicas y políticas que podrían demorar su entrada en vigor.
¿Cuál es el vínculo comercial existente hoy entre la Unión Europea y el Mercosur?
Antes de evaluar el impacto potencial del acuerdo, conviene partir de la relación económica ya existente. La Unión Europea y el Mercosur mantienen un intercambio significativo y estructuralmente complementario. El Mercosur exporta principalmente productos agroindustriales, alimentos, energía y materias primas carne bovina, soja y derivados, celulosa, minerales y biocombustibles mientras que la Unión Europea concentra sus exportaciones hacia la región en manufacturas de mayor contenido tecnológico, bienes de capital, productos farmacéuticos, químicos y vehículos.
En el caso de Uruguay, la Unión Europea se ubica como un socio clave. Por el lado exportador, la UE representó en 2025 el 9,4% del total exportado por Uruguay, y asciende al 14% si se incluye las exportaciones de zonas francas. Los principales productos exportados son la celulosa (US$ 708 millones), seguida por carne y despojos comestibles (US$ 622 millones), y en menor medida arroz, madera, lana y concentrados de bebidas.
En materia de importaciones, la Unión Europea explicó en 2025 el 11,7% del total importado. Predominan bienes intensivos en capital y tecnología maquinaria, equipos eléctricos y electrónicos, insumos industriales como productos químicos y farmacéuticos, y bienes durables como vehículos y autopartes.
A la dimensión comercial se le suma un componente de inversión de largo plazo. La Unión Europea es el principal origen de inversión extranjera directa (IED) en Uruguay, representando el del 42% del stock total de IED en 2023, con entradas que totalizaron aproximadamente US$ 3.575 millones en ese año. con presencia relevante en sectores estratégicos como forestación, energía, servicios globales, agroindustria y tecnologías de la información.
Un acuerdo estratégico en un momento decisivo para el Mercosur
El acuerdo se concreta en un contexto de creciente fragmentación geoeconómica y uso estratégico del comercio por parte de las principales potencias. Llega, además, en un momento sensible para el Mercosur, que venía mostrando estancamiento en su agenda externa y debates sobre el Arancel Externo Común y la coordinación de su política comercial, reavivados por la recientes iniciativa entre Argentina y Estados Unidos.
En este escenario, el entendimiento con la Unión Europea opera como un reposicionamiento estratégico: refuerza la negociación conjunta del Mercosur y consolida su rol como actor relevante, mientras que para la UE se inscribe en una estrategia de diversificación en medio de la rivalidad entre Estados Unidos y China.
La arquitectura del acuerdo: más que aranceles
Aunque la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales es el componente más visible del acuerdo, su verdadero alcance es más amplio y estructural. El tratado no solo reduce impuestos al comercio; establece un marco regulatorio que ordena cómo se comercia entre ambas regiones y bajo qué estándares. Incorpora disciplinas en materia de medidas sanitarias y fitosanitarias, facilitación aduanera, compras públicas, servicios, propiedad intelectual y desarrollo sostenible, configurando un marco regulatorio más previsible y exigente. Las reglas de origen también son centrales. El acuerdo permite acumulación de origen entre los Estados Parte del Mercosur, de modo que insumos producidos en un país del bloque pueden ser utilizados en otro sin perder la condición de producto originario al exportar a la UE. Esto favorece la integración productiva intrabloque. No obstante, la red de acuerdos comerciales de la UE con América Latina sigue siendo fragmentada, lo que limita por ahora una acumulación más amplia entre distintos tratados.
Impactos, ratificación e incertidumbre: lo que está en juego hoy
Desde el punto de vista arancelario, según el Ministerio de Economía y Finanzas, la UE concede preferencias a más del 99% del comercio del Mercosur, alcanzando en la mayoría de los casos la liberalización total y utilizando cuotas en alrededor del 4% de los productos. Para Uruguay destacan las concesiones en carne bovina incluida la eliminación del arancel dentro de la cuota Hilton, arroz y miel, así como la recuperación de preferencias para cítricos, pesca y cueros.
Por su parte, el Mercosur liberaliza aproximadamente el 91% de los productos y del comercio con la UE, manteniendo un 9% excluido. En sectores sensibles como lácteos, las concesiones son limitadas y en varios casos canalizadas mediante cuotas.
Las estimaciones preliminares del organismo sugieren que el acuerdo podría generar aumentos del PIB superiores a 1,5% en el mediano plazo, un incremento de las exportaciones de bienes cercano al 4%, mejoras en el empleo del orden del 0,5% y aumentos del salario real próximos al 1%. Más allá de la precisión de estas cifras, lo relevante es que el tratado tiene potencial para modificar el perfil de inserción internacional del Mercosur.
En definitiva, el impacto estructural dependerá tanto del menor arancel promedio como de la capacidad de las empresas del Mercosur para adaptarse a estándares exigentes y aprovechar un entorno regulatorio más integrado.
Sin embargo, su entrada en vigor no es automática. Mientras en los países del Mercosur avanza el proceso legislativo, en la Unión Europea la ratificación enfrenta obstáculos jurídicos e institucionales.
El acuerdo fue estructurado en dos componentes: un pilar comercial competencia exclusiva de la Unión Europea y un pilar político y de cooperación que requiere aprobación como acuerdo "mixto" por parte de los parlamentos nacionales. Esta separación jurídica, pensada para agilizar la entrada en vigor del componente comercial, es la que hoy genera cuestionamientos. El debate no se centra en el contenido económico, sino en el procedimiento adoptado, y un eventual fallo adverso podría extender los plazos de ratificación. A ello se suman resistencias políticas en algunos países, vinculadas a preocupaciones ambientales y agrícolas.
Al mismo tiempo, la coyuntura internacional refuerza la complejidad pero también las oportunidades del escenario. La reciente intensificación del vínculo de Uruguay con China y la búsqueda de nuevos acuerdos comerciales muestran que se continúa apostando por una estrategia de inserción abierta y pragmática. En un contexto de creciente competencia geoeconómica entre las principales potencias, América del Sur vuelve a ocupar un lugar más visible en la agenda comercial global.
En este escenario, el acuerdo UE-Mercosur puede redefinir la inserción internacional del bloque. Si bien el proceso de ratificación en Europa introduce hoy incertidumbre y plazos menos claros, el interés simultáneo de distintos actores globales por profundizar vínculos con la región refleja una ventana de oportunidad que difícilmente se repita en las mismas condiciones. El desafío no será optar por un único socio, sino aprovechar el contexto internacional que ofrece múltiples puertas abiertas para obtener las condiciones comerciales que se desean para el futuro.
(*) Sofía Harguindeguy, Sofía Pereira y Juan Carlos Oehler. Consultoría Económica de Grant Thornton Uruguay y Paraguay