Ñublense tomó el regalo en La Calera y alcanzó la cima
En un partido empalagoso, los chillanejos aprovecharon un despiste de los defensores locales en el tiempo adicional para sumar tres puntos gracias al gol del juvenil Lucas Molina.
Ñublense arriba. Saber ganar un partido desabrido también es mérito.
El equipo de Juan José Ribera tuvo cabeza para sentenciar una brega de pocas luces e insípida durante largos pasajes.
El punto es que esas salidas sin brillo también hay que resolverlas con temple. Y si es en el epílogo, mejor todavía. "Hemos ido regulando esa ansiedad, ahora sabemos que los partidos se juegan hasta el final", comentó el lateral de los chillanejos Jovanny Campusano en la trastienda del cotejo.
No tenía por dónde romperse el partido, porque después de una media hora inicial de presiones obedientes, con los equipos condensados en pocos metros, el partido fue tomando un tono más lento, pero no más armonioso. Fue al revés.
Un saque largo del meta visitante, Nicola Pérez, en busca del delantero trasandino Franco Rami, le generó un nudo a los zagueros "cementeros", Rodrigo Caseres y Daniel Gutiérrez, una desatención que permitió el remate ajustado del cordobés al poste izquierdo del portero Nicolás Avellaneda y en el rebote sentenció el ingresado Lucas Molina, que festejó su conquista con emoción.
Se jugaba el primer minuto de adición y los anfitriones se querían enterrar balo el pasto del Nicolás Chauán, porque hasta ese postrero minuto Ñublense no les había pateado al arco.
"Se definió por detalles y es el premio de insistir siempre", valoró el DT de los chillanejos, Juan José Ribera.
Salvo por algunos centros de Christopher Díaz desde la derecha, el dueño de casa tampoco fue profundo, y "Sacha" Sáez, en sus intervenciones más filosas, siempre estuvo fuera de juego.
Fue la bitácora de una jornada maldita para el equipo de Martín Cicotello. Ñublense, agrio a ratos, no bajó nunca la guardia y el premio fue gordo: conservó el invicto y amaneció como líder del campeonato.