Cable submarino: un patrón de negligencia
El reciente bochorno del cable submarino pareciera ser el último eslabón de una cadena de hechos protagonizados por un Gobierno que ya perdió la vergüenza de sus propios actos
El reciente bochorno del cable submarino pareciera ser el último eslabón de una cadena de hechos protagonizados por un Gobierno que ya perdió la vergüenza de sus propios actos.
La explicación risible e infantil del error de tipeo para anular una concesión ya otorgada para conectar digitalmente China con Chile se enmarca en una forma y estilo que ha acompañado toda la administración del Presidente Gabriel Boric: la de una selectiva y acomodaticia amnesia cuando los hechos revelan, una y otra vez, el patrón negligente que la ha caracterizado.
Al igual que esos memes que ironizan los círculos viciosos de equipos de fútbol o celebridades, el guion de este Gobierno ha sido casi siempre el mismo. Se conoce el problema, se muestran sorprendidos, se demoran en la reacción, intentan salir al paso con explicaciones de nivel escolar, se terminan revelando los hechos reales (que siempre son contradictorios con la primera versión oficial)... y se pasa a una nueva crisis.
Así ha sido por cuatro años. Acaba de ocurrir con el cable submarino de los chinos. Pero también pasó con el proyecto de gas a precio justo; con el caso Convenios; con el robo de los computadores desde la oficina de Giorgio Jackson; con la compra de la casa de Allende; con los permanentes errores de cálculo anual de los ingresos fiscales; con los antecedentes de los indultados "porque no eran delincuentes"; con la reconstrucción en Viña y, por supuesto, con el caso Monsalve, la gran herencia de gestión político-comunicacional del Presidente saliente.
La lista podría seguir por varias líneas más, pero no quiero subirle la presión a los lectores recordando tantos y tantos despropósitos ocurridos en apenas 48 meses.
En todos estos casos, el Gobierno decidió contar la historia de manera compartimentada, obviando antecedentes medulares que, en apenas horas o días, salieron a la luz pública y revelaron la naturaleza y magnitud de los problemas, que tenían siempre como común denominador la inoperancia y pasividad de las autoridades.
Es un dato de la causa que todos los gobiernos buscan manejar y manipular la información a su conveniencia. Pero uno habría esperado algo diferente de quienes autoproclamaron tener una escala de valores y principios distinta de gobiernos y generaciones políticas precedentes.
Cuando restan apenas 11 días para el término de este Gobierno, el peso de las pruebas es tan y tan contundente que el balance ya está más claro que el agua: los príncipes de la transparencia y de los nuevos estándares de la política terminaron siendo una patota de veinteañeros y treintañeros poco competentes y frívolos, que cada vez que pudieron trataron de torcerle la mano a la realidad con explicaciones fantasiosas y bobaliconas, buscando edulcorar sus propios fracasos.
Detrás de la derrota que sufrió el Gobierno a manos de José Antonio Kast en diciembre pasado no solo está la percepción ciudadana de una gestión descuidada en temas de seguridad y crecimiento económico, sino que probablemente haya mucho de cansancio al ver una forma de hacer las cosas que no cumple con niveles mínimos de profesionalismo, eficiencia y probidad.
Dicho de otra forma: hay un cierto hastío ciudadano al observar que, en innumerables temas, este Gobierno no solo no ha solucionado los problemas que enfrentó, sino que los ha terminado por amplificar y complejizar.
El caso del cable submarino es la última prueba al canto. Chile se encuentra hoy en una situación imposible frente a las dos mayores potencias globales. Estados Unidos ya aplicó sanciones diplomáticas y es ingenuo no anticipar futuras retaliaciones chinas si el proyecto finalmente no se materializa.
La incómoda posición que vive nuestro país frente a sus dos mayores socios comerciales no es un ensañamiento del destino orquestado por los malévolos Donald Trump y Marco Rubio, sino el resultado de una sistemática falta de prolijidad del Gobierno en planificar y tratar este delicado tema.
Un ejemplo más de improvisación en un tema central para los intereses del país, cuyos efectos todavía no son mensurables, pero que todo hace pensar que irán mutando de castaño a oscuro, impactando injustamente a un gobierno entrante que deberá soportar un lastre mayúsculo producto de la ligereza de juicio de sus antecesores.
CHILE SE ENCUENTRA HOY EN UNA SITUACIÓN IMPOSIBLE FRENTE A LAS DOS MAYORES POTENCIAS GLOBALES.