Domingo, 01 de Marzo de 2026

Un verdadero bautizo

ChileEl Mercurio, Chile 1 de marzo de 2026

No es recomendable que un pequeño grupo de personas de un gobierno tome una decisión de gran alcance de manera tan artesanal.

La polémica del cable es un verdadero sacramento de iniciación de nuestro país en la disputa geopolítica entre China y Estados Unidos. El riesgo de la inevitable polémica política de estos días es dejar de responder la pregunta de fondo: ¿Cómo navegar estas aguas? Hasta hace poco, la respuesta era solo conceptual: hay que evitar elegir entre el principal socio comercial y el aliado estratégico natural. Pero la bombita del cable y sus repercusiones nos exigen concretar alguna estrategia para lograr la tan ansiada neutralidad, si eso fuese posible.
La primera reflexión es que hay que dejar de obrar como lo hemos hecho hasta ahora. La disputa por influencia entre Estados Unidos y China es inevitable, nos guste o no, y las declaraciones vacías sobre soberanía no aportan mucho para zanjar el asunto. La empresa china encargada del cable forma parte de la lista negra de Estados Unidos por razones de seguridad hace años, fue expulsada de la bolsa de Nueva York en 2021 y ha sido acusada en Canadá de recibir información privada de los usuarios de DeepSeek -el Chat GPT chino-, posiblemente para transmitirla hacia arriba. Usted entiende.
Esto no la excluye automáticamente de hacer negocios en Chile, pero convengamos que en los tiempos que corren, se requieren procedimientos más sofisticados y robustos que los usados y, sobre todo, sensibilidad política. El ministro Muñoz es un profesional competente y serio, pero en plena disputa estratégica global y con los antecedentes conocidos, no es razonable que junto a su subsecretario -cuya militancia política enreda su posición- evalúen y aprueben una concesión de este calado, sin transparencia y sin licitación. Si en el pasado esta era la práctica no es una buena excusa, porque el mundo cambió. Y más vale la pena darse cuenta luego.
Aquí falta institucionalidad. Nuestro país debe acelerar la conformación de un comité de inversiones estratégicas que, de manera independiente del gobierno y con visión técnica, emita informes y eventualmente restrinja inversiones por razones de seguridad. Esto existe en otros países, y está permitido en los acuerdos de libre comercio que ha firmado Chile. Este mecanismo de chequeo previo y eventual autorización -en la medida que esté basado en criterios objetivos y liderado por personas sin conflictos de interés- no asegura una navegación tranquila, pero permite absorber los choques que van y vienen.
La creación de este comité abre un flanco. La necesidad de definir como estratégica una inversión o sector fue mal usada en el pasado para promover el proteccionismo y la intervención estatal. Al final del día, todo era estratégico. Pero la inacción actual -o la arbitrariedad- puede ser peor. En medio de una disputa global que ya llegó, no es recomendable que un pequeño grupo de personas de un gobierno tome una decisión de gran alcance de manera tan artesanal, como lo hemos presenciado.
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