Lunes, 02 de Marzo de 2026

La historia de Héctor Paladino, el neonazi uruguayo que cometió dos homicidios en 1987 e hirió a una tercera persona

UruguayEl País, Uruguay 2 de marzo de 2026

Pablo Londinsky presenta este lunes "El Loco de la Bandera", un libro que recupera la peripecia de Paladino quien murió en 2023 en el olvido tras matar a un empleado de canal 4 y a un empresario judío.

En 1987 Héctor Paladino tenía 37 años y se sabía que era un neonazi. En la ventana de su vivienda de Javier Barrios Amorín y Gonzalo Ramírez había colgado una esvástica. Se habían publicado notas sobre él. Pero nada impidió que el 21 de diciembre de aquel año se subiera a un Ford Escort y con una escopeta realizara tres ataques. Hirió en su casa en el antebrazo a Nicolás Scheck, hijo de Daniel Scheck, entonces administrador de El País. Mató a Enrique Delfino, empleado de Canal 4 en su vivienda y a Simón Lazovski, en su mueblería. Pablo Londinsky hace la crónica de aquel día en su libro "El loco de la bandera" que hoy llega a las librerías.

-Usted no había nacido cuándo ocurrió el caso Paladino ¿Cómo conoció el caso y qué lo llevó a investigarlo para el libro?

-A los 14 o 15 años, a través de un relato típicamente oral de los que se transmiten de generación en generación sobre un vecino de Palermo en cuya casa flameaba una bandera con la esvástica. Poco más era lo que se sabía, más allá de que era conocido que había una condena. Me generó intriga. Estamos hablando de una época sin redes sociales y sin archivos digitales. Me negaba a creer que la información fuera tan limitada. Me parecía injusto con la memoria de las víctimas fatales. Estamos hablando de una persona que se levantó una mañana con una escopeta a matar a cinco personas (Daniel Scheck, Omar de Feo, informativista de Canal 10, Enrique Delfino, empleado de Canal 4, José Jerozolimski, director del Semanario Hebreo y el empresario Simón Lazovski. Mató a Delfino y a Lazovski e hirió a Nicolás, hijo de Daniel Scheck
-Antes de ir a lo que ocurrió ese día: ¿cómo accedió al expediente?

-En 2014 el periodista Raúl Ronzoni publicó un libro "Las Caras del mal" en el que dedica un capítulo a este caso. Un aporte muy valioso pero limitado en materia informativa que me resultó útil como disparador para acceder al expediente. Costó muchísimo. Primero hubo que ubicarlo con la complejidad que tienen los expedientes que no están digitalizados en el Poder Judicial. Si bien los expedientes son públicos, se requiere de una autorización fiscal. Lo pude ubicar gracias a la ayuda de operadores judiciales, en particular del doctor Enrique Moller que fue uno de los jueces penales que intervinieron en este caso. Estaba en un depósito de la calle Misiones.

-¿Cuál fue el móvil de Paladino?

-Tenía patologías psiquiátricas. Paladino no salió a matar judíos. Entendía que editoriales e informaciones mancillaban su buen nombre y se molestó con los canales de televisión y con el Semanario Hebreo. Tocó el timbre de la casa de su director, Jerozolimski, y no lo encontró. Con Delfino tenía un vínculo porque ambos era intermediarios de avisos y lo mató en su casa. A de Feo no lo encontró. Lazovski había publicado avisos a través de Paladino. Al enterarse de sus simpatías nazis lo llamó y cortó la relación comercial. Luego Paladino lo fue a buscar y lo mató. Al caer la tarde, se entregó en San José y Yi, en la Jefatura.

-¿Le queda la sensación de que todo pudo ser evitado?

-Yo en el libro expreso que hubo numerosas señas de alerta y esto no es en tren de buscar una responsabilidad porque el Código Penal no contaba con elementos como para frenar la exhibición de propaganda nazi. Fotógrafos y periodistas de El País, camino al diario, lo veían y lo reportaban. Fue portada del semanario La Hora, antecesor de El Popular. Hubo señales que no se limitaron a que pusiera una bandera en un ventana porque distribuyó material ideológico en Montevideo y en el interior. Hubo internaciones psiquiátricas que alertaron sobre el estado de una persona que no estaba estabilizada. Dos jóvenes judíos intentaron retirar la bandera y se trenzaron a piñas con él.

-Él había tenido militancia política...

-En 1984 fue noveno candidato a edil en una agrupación pachequista del coronel Julio Barrabino que acompañaba la candidatura a la Intendencia de José Pedro Damiani. Cuando se determinó que había elaborado distintos folletos, fue expulsado porque mostraban una ideología incompatible con la agrupación.

-¿Era una persona formada, con estudios?

-Había estudiado hasta segundo de Notariado y dominaba el inglés, eso se percibe claramente en los videos que él grabó en los últimos años. Hacía transmisiones en vivo por Youtube y disfrutaba la música inglesa. Nadaba en el Neptuno. Era muy corpulento y medía 1,76 metros. Era formado y eso se reconoce en la caligrafía y en su formación jurídica. Apeló a sus conocimientos y los aplicó porque recusaba a sus defensores de oficio. No contrató a un abogado porque no tenía capacidad económica. Se defendió él. Una formación sorprendente para alguien que fue considerado inimputable, sin cuestionar con esto a los siquiatras que actuaron que fueron muchos y durante muchos años.
-Cuando usted accedió al expediente, Paladino vivía. ¿Lo contactó?

-No quise hablar con él. Tuve la posibilidad porque sabía donde vivía y tenía su número de teléfono. Sus acciones hablaron por él. Él habló durante muchos años en distintas audiencias y hasta escribió manuscritos dirigidos a la Suprema Corte de Justicia, algunos de los cuales incluyo en el libro. Me pareció más importante que prevaleciera la memoria de las víctimas.

-¿Ve paralelismos entre este caso y el asesinato de David Fremd (comerciante judío asesinado en 2016 en Paysandú)?

-Sí. En el año 87 se dijo "esto no puede volver a pasar". Se establecieron mecanismos para que no volviera a suceder y sucedió en 2016. ¿ Puedo decir en 2026 que no va a volver a pasar? Creo que no, con el resurgimiento de discursos altamente incendiarios. Parte de la intención de este libro es que no se pierda la memoria de las víctimas pero también alertar. A mí me preocupa la pasividad. Me preocupa esa sensación de que estamos lejos de todo, de que acá no pasa nada. No, no. Pasa. Acá al lado volaron la embajada de Israel en 1992, acá al lado volaron la sede de la AMIA en 1994. Yo tengo un cariño muy especial por la familia Fremd porque hay un vínculo hasta familiar con ellos. Y tengo un vínculo de amistad con Rafael, uno de los hijos de David. Rafael fue quien me ayudó a contactar a Fabián Lazovski, hijo de Simón. Son vecinos.

-¿Cómo contactó a la viuda de Delfino?

-Ella no daba crédito cuando la contacté. Había buscado desaparecer porque lo ocurrido fue terriblemente doloroso aunque cada 21 de diciembre googleaba para ver si aparecían novedades del caso. Le arrancaron lo más valioso que tenía en la vida. Me había dado por vencido en la intención de contactarla pero una familiar de ella se ofreció a intermediar aunque no me quiso dar el teléfono de la viuda, que aceptó reunirse. Ella, en su momento, se hizo cargo de los padres de Delfino. La tienda San Francisco le dio trabajo y allí trabajó hasta jubilarse. Una placa en canal 4 recuerda a Delfino. Por su lado, Fabián tenía 17 años cuando el crimen. La mueblería de su padre debió cerrarse.

-Tras el crimen, Paladino estuvo en Santiago Vázquez y el Vilardebó. Ya en libertad dejó de presentarse a los exámenes médicos y eso evidencia una falla del Estado. Cómo fue?

-Hay un agujero negro de seis años. Él dejó de presentarse a los controles médicos a los que debía presentarse obligatoriamente en el Hospital Vilardebó. Pero nadie se dio cuenta. Un inimputable asesino confeso deja de presentarse hasta que alguien alerta a la doctora Fanny Canessa.

-¿Quién dio la alerta?

-Me imagino quién fue. Pero no lo puedo probar. A Paladino demoraron en ubicarlo. Tuvo que librarse una orden de averiguación en 2013. A Inteligencia le costó dar con él porque la dirección declarada no se correspondía con la real. Lograron dar con él cuando volvía a su casa en moto.

-¿Alguna vez Paladino mostró arrepentimiento por sus crímenes?

-Alguna vez dijo "tendría que haberles tirado a las piernas".

-¿Contactó él a los familiares de las víctimas.

-No.

-¿En los últimos años de qué vivía Paladino?

-Cobraba una pensión por discapacidad del BPS. Parece que hizo trabajos de cadetería, nada muy estable. Vivía muy precariamente en la zona de Quintas de Manga. En los videos de Youtube aparecen como anunciantes el barbero, el kiosquero, el fletero, el distribuidor de supergás de la zona... Era un sibarita de la música. Hay muchísimas horas de grabación. También era una persona relativamente ermitaña. Iba al kiosko a comprar cigarrillos. No volvió a exhibir fanatismo. Los vecinos sabían que tenía antecedentes. Pero los vecinos no preguntaban. En 2023 pasaron dos o tres días sin que lo vieran los vecinos. El hijo de un vecino fue a golpear la puerta. La Policía tuvo que tirarla abajo. Estaba muerto hace días y las ratas estaban comiendo su cuerpo.
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