Lunes, 02 de Marzo de 2026

Parches para hipocondríacos

ChileEl Mercurio, Chile 2 de marzo de 2026

Me cuesta resistir la tentación: un reloj pulsera digital

Me cuesta resistir la tentación: un reloj pulsera digital.
Adoro mi Casio analógico, pero quisiera un instrumento digital moderno para tener a mano -como cuando uno mira el tablero del automóvil-, mis indicadores biológicos. Casi todos mis nietos y nietas usan uno.
Son caros, eso sí. Y me exigiría tiempo para analizar procesos, como mi envejecimiento. Por ejemplo, ya no me gusta tanto la mermelada de guindas; después de los 70 años, he perdido -según la inteligencia artificial- dos de cada tres papilas gustativas; me quedarían unas 5 mil. Con el reloj sabría exactamente cuánto va declinando mi deleite por las empanadas.
Bueno, en la Universidad de Ciencias de Tokio, el Dr. Isao Shitanda desarrolla unos sensores, como parches curita, que se pegan a la piel y miden, especialmente en el sudor, aspectos del metabolismo. Por ejemplo, la concentración de compuestos importantes como la glucosa o el lactato, que indica la fatiga muscular.
Los parches no usan pilas. Generan su propia energía mediante procesos biológicos. Y esa energía les sirve para el sensor y el minitransmisor de los resultados. El Dr. Shitanda estima que podrán venderse a todo público en cuatro años más.
Pienso en los diabéticos, los deportistas, pendientes de insulina, de glucosa.
El 6 de febrero, el Dr. Shitanda publicó en la revista ACS Applied Engineering Materials, el informe de cómo ha avanzado (https://bit.ly/4aRVKw7). El esfuerzo de la ciencia para esto comenzó en los años 60.
El problema es cómo prescindir de pilas.
El equipo del Dr. Shitanda trabaja con celdas de combustible enzimáticas (EBFC, sigla en inglés), mecanismos que, al revés del funcionamiento de una pila común, generan energía en forma biológica.
Las enzimas, proteínas naturales, descomponen el combustible, que puede ser sudor, lágrimas, sangre. Lo "muerden". Y liberan electrones que fluyen por un circuito generando electricidad (se requiere poquita).
Así, mueven el sensor especializado en medir, por ejemplo, la glucosa, y activan el transmisor, que entrega los datos en forma inalámbrica.
!Todo montado en un parche que se pega a la piel¡
Diseñaron algo minúsculo.
Sobre el parche, los japoneses imprimieron los elementos, una verdadera tinta, que se pega a la tela como la tinta para una impresora común. La tinta, con las enzimas, es el descubrimiento.
Está hecha con agua, que protege las enzimas, para que descompongan el "combustible" en el que están especializadas, por ejemplo, la glucosa. Todo esto ocurre sobre un "carbono mesoporoso" que también va en la tinta: es como un mantel con muchos agujeros, para extender el espacio que alberga las reacciones químicas.
La gracia es que la fabricación masiva resulta muy simple, cada parche costaría alrededor de 300 pesos chilenos.
Yo me llenaría de parches, para saber cómo funciona cada presa de mi cuerpo. O, en fin, quizás me compre un reloj digital. En cuatro años más, hipocondríaco.
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