Desacoplados
Miguel Gómez Martínez
Política y economía ya no operan en sincronía
Miguel Gómez Martínez
Política y economía ya no operan en sincronía. El mejor ejemplo es Perú, un país que ha tenido 8 presidentes en 10 años, varios de ellos presos en la actualidad por corrupción. Mientras tanto la economía del vecino país se porta bien con un dinamismo exportador y una envidiable estabilidad. Poco a poco nos van dejando atrás mientras su sistema político es una verdadera opereta. Algo similar ocurría en Italia en los años de la gran inestabilidad política. Otro ejemplo podría ser el de las medidas arancelarias unilaterales impuestas por los Estados Unidos que muchos pensábamos que llevaría a una recesión mundial. No parece que su impacto sea, hasta el momento, el que muchos pronosticábamos. Los recientes sondeos de opinión en Colombia parecen mostrar otro fenómeno de desacople. Mientras la oposición presenta una visión apocalíptica del presente y el futuro nacional, las mediciones de las encuestadoras confirman que la mayoría está optimista, no cree que el país vaya por mal camino y considera que los tres años de Petro han sido positivos. Pero un análisis de la situación macroeconómica confirma que el sendero actual es insostenible y nos llevará a un rudo ajuste en un horizonte cercano. Parece como si mayoría y oposición vivieran en países diferentes. Lo cierto es que las medidas populares adoptadas por el gobierno, como el desmedido aumento del salario mínimo, sumado a la retórica permanente de Petro, encuentran mucho eco en un país que vive el presente sin preocuparse por el futuro. Salvo en el tema de seguridad, ni la corrupción rampante, los escándalos, la crisis de la salud o los desafueros del jefe del Estado parecen afectar su imagen. Por el contrario, su respaldo crece sin que nadie pueda explicar las razones del fenómeno. Mientras tanto la oposición, dividida y enredada, no quiere reconocer que no está en sintonía emocional con la mayoría de los electores. A pesar de la evidencia de los problemas y del martilleo incesante contra el gobierno, los ciudadanos no se sienten mayoritariamente afines con sus propuestas. No parecen creer que su acceso al poder mejore las cosas. Algunos dirán que el desacople siempre ha existido pero que nunca se había manifestado con el trasfondo ideológico actual. Argumentarán que los colombianos tampoco parecían afectados por los escándalos y crisis del pasado puesto que elegían presidentes que, durante décadas, fueron continuistas. Lo que sucede es que en hoy el continuismo es de izquierda. Lo cierto es que, en el desorden del modelo electoral colombiano, la incertidumbre planea con fuerza. La izquierda parece, por lo pronto, inclinar la balanza en su favor mientras la derecha espera que alguna fórmula de unidad le permita llegar al corazón de la mayoría. Las consultas y las parlamentarias van a despejar una parte de la ecuación, pero quedarán otras incógnitas por resolver. Coletilla: ¿Los sondeos tendrán incidencia en la tasa de cambio? No me atrevo a más predicciones.
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