Lunes, 09 de Marzo de 2026

Aguas prehistóricas con potencial terapéutico: qué revela el primer estudio científico de las termas uruguayas

UruguayEl País, Uruguay 9 de marzo de 2026

Una investigación muestra que la química de las aguas termales del litoral podrían aprovecharse en tratamientos de salud.

Piscinas calientes, turismo de fin de semana y descanso. Las aguas termales del litoral uruguayo podrían ser mucho más que un destino turístico. Un nuevo estudio científico sugiere que, además de recreativas, estas aguas poseen características químicas que podrían aprovecharse con fines terapéuticos, en tratamientos para afecciones musculares, dermatológicas o respiratorias, e incluso en problemas como la obesidad o el COVID persistente.

"Durante años miramos el agua subterránea desde su cara negativa: la contaminación o los efectos tóxicos. Ahora empezamos a ver su potencial", dijo Elena Alvareda, directora del Departamento del Agua del Centro Universitario Regional Litoral Norte (Cenur LN) de la Universidad de la República, quien lideró la investigación en siete pozos termales: Altos del Arapey, Arapey, Club Remeros, Daymán, Aguas Claras, Guaviyú y Almirón.

Publicado recientemente en la revista científica Water, el trabajo constituye la primera caracterización hidroquímica y balneológica integral de estas aguas en Uruguay, un esfuerzo que, mediante mediciones precisas y trabajo de laboratorio, da soporte científico a lo que ahora era una creencia popular. "Eso de que las personas que están una semana en las termas y se van con otro espíritu es real", apuntó Alvareda. Pero la explicación no es espiritual: es química.

A partir de análisis de temperatura, mineralización y composición iónica, los investigadores identificaron distintas "huellas" químicas que permiten clasificar estas aguas. "Cada agua tiene su particularidad y en cada una hay que saber cómo explotarla", señaló la especialista.

En el caso de las termas vinculadas al Sistema Acuífero Guaraní Daymán, Arapey, Altos del Arapey, Aguas Claras, Guaviyú y Club Remeros las aguas comparten una base química similar (composición bicarbonatada sódica), aunque con matices. Según explicó la investigadora, Daymán y Aguas Claras presentan una mineralización media (500-1000 mg/L de residuo seco) y una huella química prácticamente idéntica, mientras que las de Arapey y Altos del Arapey forman otro par muy similar entre sí, con una mineralización algo más baja (250-500 mg/L). Mientras que Club Remeros comparte rasgos químicos con Guaviyú. En general, su temperatura oscila aproximadamente entre los 36 y los 44 grados.


Estas aguas, "ligeras al tacto", tienen temperaturas y composiciones que, según la literatura internacional, pueden ser útiles para trastornos musculoesqueléticos y reumatológicos y problemas digestivos leves, así como para aliviar el estrés y mejorar el sueño.

El caso más particular es el de las termas de Almirón, cuyas aguas presentan una composición diferente: son cloruradas sódicas y mucho más mineralizadas. Según los investigadores, estas características reflejan un origen geológico distinto (más antiguo) y podrían implicar usos terapéuticos especialmente en dermatología y algunos trastornos musculoesqueléticos.

"Son aguas mucho más densas, incluso con una textura más jabonosa", describió Alvareda. Según explicó, su origen podría vincularse a antiguos sedimentos oceánicos atrapados en el subsuelo, lo que explicaría su elevada concentración de sales.

Ya sean las aguas termales asociadas al Sistema Acuífero Guaraní o las de Almirón, la química invita a visualizar algo que suele pasar desapercibido para quienes se sumergen en una piscina termal solo con fines recreativos. "Son aguas prehistóricas. La gente lo pierde de vista cuando se mete en una piscina", señaló Alvareda.

Ahora, las pruebas médicas

En los últimos años, además, la investigación internacional comenzó a ampliar el abanico de posibles aplicaciones de la balneoterapia. Más allá de las indicaciones clásicas para dolores musculares o reumáticos, estudios recientes exploran su uso complementario en problemas vinculados al estrés, trastornos del sueño, obesidad e incluso el llamado COVID persistente.

Según explica el artículo uruguayo, el beneficio no depende únicamente de los minerales presentes en el agua. También intervienen factores físicos propios de la inmersión en agua caliente: la flotabilidad reduce la carga sobre las articulaciones, la presión hidrostática favorece la circulación y la temperatura facilita la relajación muscular y el movimiento en personas con dolor o limitaciones físicas. En conjunto, estos factores pueden ayudar a mejorar la movilidad, reducir el dolor y facilitar la actividad física dentro de programas de rehabilitación.

En el caso del estrés y los trastornos del sueño, la evidencia sugiere que la inmersión en aguas termales puede influir sobre el sistema neuroendocrino asociado al estrés. Algunos estudios registraron reducciones en los niveles de cortisol una de las principales hormonas vinculadas al estrés y mejoras en la calidad del sueño cuando las terapias termales se integran en programas estructurados que combinan actividad física, descanso y hábitos saludables.

Otra línea de investigación analiza su potencial en programas de manejo de la obesidad. En estos casos, el objetivo no es que el agua produzca por sí sola una pérdida de peso, sino que el entorno termal facilite la actividad física y los cambios de hábitos. La flotación reduce el impacto sobre las articulaciones, lo que permite realizar ejercicios con menos dolor en personas con sobrepeso u obesidad, mientras que el contexto terapéutico suele combinarse con educación nutricional y seguimiento médico.

También comenzó a explorarse su papel en la rehabilitación de pacientes con COVID persistente o Long COVID, un conjunto de síntomas que pueden mantenerse durante meses después de la infección. Programas desarrollados en centros termales europeos evaluaron mejoras en fatiga, dolor muscular, sueño y calidad de vida cuando la balneoterapia se integra a tratamientos de rehabilitación física supervisada.


Alvareda subrayó, sin embargo, que en Uruguay todavía falta el paso clave: la investigación clínica con pacientes. "Nuestro trabajo demuestra qué características tienen estas aguas y para qué podrían servir según la evidencia internacional. Ahora lo que falta es que la medicina pruebe esas aplicaciones en estudios clínicos", explicó.

Ya hay conversaciones con la Facultad de Medicina de la Universidad de la República para avanzar en ese sentido. También el Centro Universitario Regional Este (CURE) manifestó interés en explorar el potencial de las aguas termales en relación con la talasoterapia, tratamientos basados en agua de mar para distintas afecciones. Otra iniciativa en discusión es la posible creación de una escuela de hidrología médica, en conjunto con operadores termales, que permita desarrollar tratamientos piloto y generar evidencia científica con pacientes.

Hoy, de hecho, la normativa uruguaya no contempla la balneoterapia como uso del agua. Los permisos de explotación de pozos termales solo habilitan categorías como recreación, consumo humano, riego o preservación ambiental. Incorporar un uso terapéutico implicaría desarrollar regulaciones específicas que garanticen tanto la seguridad sanitaria como la gestión sostenible del recurso hídrico.

"Siempre se le ve la cara mala al agua. Acá estamos viendo su bondad. Y es darle al agua el lugar que se merece. El futuro es muy prometedor", concluyó Alvareda.

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