La jueza del caso le dio la razón a la Fiscalía y condenó a 30 años a los cuatro acusados de prender fuego una celda en el Módulo 4; solo dos reclusos sobrevivieron al ataque
En palabras sencillas, la jueza Laura Sunhary les explicó a los cuatro hombres que la miraban con atención por qué, a su juicio, debían pasar 30 años tras las rejas. Entendió que durante el proceso, se demostró que, con "crueldad" tomaron "por sorpresa" a ocho presos que descansaban en su celda del Módulo 4 del exComcar y decidieron prenderlos fuego, sabiendo que no tenían "posibilidades de salir y con una determinación clara de que iban a provocar la muerte a los que estaban en la celda". Seis presos murieron y dos sobrevivieron.
Los cuatro responsables eran reclusos del mismo módulo, pero en otra celda. Otros presos que declararon durante el juicio, dijeron que ese grupo era conocido porque "estaban bien de vivos". Este lunes, cuando la jueza dictó la sentencia, la miraban tranquilos. Con atención, escucharon sus argumentos y se limitaron a decir con seguridad que habían entendido lo que decía. Uno de ellos, hasta agradeció antes de irse.
Según la teoría del caso de la Fiscalía de Homicidios de 3er Turno, quien investigó el hecho, el día 28 de diciembre de 2023 ellos fueron quienes desataron el calvario en el Módulo 4. Ese mismo día, al mediodía, uno de los acusados había ido hasta la celda 49 la de las víctimas a increpar a Carlos Olivera, uno de los hombres que luego resultó fallecido, por presuntamente haberle enviado una solicitud de amistad en Facebook a su pareja.
Le gritó: "Vos le mandaste una solicitud a mi mujer, hoy de noche va a haber fuego para esa celda", según contó uno de los sobrevivientes. Aunque todos se pusieron a ayudar para poder encontrar esa supuesta solicitud, no creyeron que la amenaza fuera real "Nosotros pensamos que nunca iban a ir ¿entendés? porque fue una discusión. De noche cayeron de una, sin piedad", complementó.
Como podían, las víctimas disfrutaban de la noche de verano. Estaban cerca de la ventana, jugando al truco, cuando aparecieron los atacantes. A través de esa ventana, a la que llamaban "ventilador", los rociaron con nafta y metieron lanzas hechas con cortes carcelarios que tenían la punta prendida fuego. Así, en ese instante, el fuego tomó los colchones que tenían colgados del techo de la celda. La puerta estaba trancada, lo que los dejó sin escapatoria.
Intentaron refugiarse todos en el baño, esperando a que alguien los salvara. Los presos de la celda 50, que notaron lo que estaba pasando, cavaron rápidamente un boquete y lograron huir por allí seis de los ocho hombres que se alojaban en la celda atacada. Dos, Matías Rivero (25 años) y Leonel Rodríguez (24 años) no pudieron escapar. De los seis que sí lograron salir, cuatro Gustavo Fernández (32), Héctor Dutra (26), Carlos Olivera (31) y Carlos Barreto (41) murieron días después producto de las heridas.
Para probar el crimen, la Fiscalía presentó varios testigos reservados, puesto que tenían miedo de sufrir represalias en la cárcel si declaraban con su nombre y apellido. La jueza resaltó que dos de ellos describieron con claridad quiénes perpetraron el ataque y otros tres vieron salir a los atacantes de su celda la número 73 y los oyeron comentar cuál era el plan. Uno de los testigos, describió que había "fuego abundante, y estaban gritando y... Cayéndose los pedazos de piel, inclusive dos no pudieron salir, murieron calcinados, estaban todos quemados (...) Fue algo inhumano".
La jueza consideró que "los testimonios de las víctimas así como de los testigos se ven respaldadas por el informe de bomberos, del informe de Inspección Pericial y del informe del laboratorio químico".
Sunhary aceptó el planteo de la Fiscalía de condenarlos a la pena máxima posible en Uruguay, que es 30 años de cárcel, pero negó el petitorio de imponerles 15 años más de medidas de seguridad eliminativas, reservadas para criminales especialmente peligrosos. Sostuvo que ella se alinea con la posición que mantiene el Tribunal de Apelaciones de 4° Turno y que la peligrosidad de los actores ya se tuvo en cuenta a la hora de evaluar qué pena imponerles. "Valorados estos elementos, no corresponde su valoración nuevamente, por lo que no contando con informes de los técnicos correspondientes" no se debe determinar la imposición de estas medidas.
"El cante"
La zona en la que se dio el séxtuple homicidio es una de las más comprometidas del exComcar. Por eso, los presos le llaman "el cante". Uno de los supervivientes explicó que le pusieron ese nombre "porque estás entre toda la mugre". "Estás abajo, estás entre toda la mugre, entran las ratas, toda la basura, las necesidades de la población reclusa, todo tipo de sanitaria que te pasan por al lado tuyo, por pila de cosas se le llama así", relató.
La jueza Sunhary dedicó dos párrafos de su sentencia a hablar sobre la situación carcelaria. "La suscrita no ignora la pésima situación de las condiciones en las que se encuentran tanto la población carcelaria como los funcionarios del Comcar, el número increíblemente insignificante de funcionarios para aproximadamente cinco mil privados de libertad. La inseguridad en la que viven todos los que allí se encuentran es francamente notable", expresó y citó el hecho de que, durante la noche, había dos policías para custodiar a más de 800 reclusos.
Esto "resulta ser una situación contenida debido a un muy frágil equilibrio entre las personas privadas de libertad y los funcionarios que puede romperse en cualquier momento. Obviamente que eso impacta e impactó en las tareas desde que tomaron conocimiento del incendio".