¡Qué dolor!
María Sol Navia V
María Sol Navia V.
El peor dolor que vivimos en Colombia son los niños que han sido y siguen siendo reclutados por las Farc, 18.677 niños y niñas los contados hasta ahora, sin tener en cuenta muchos que no están incluidos en este espantoso número por haber sido asesinados al tratar de huir del suplicio, o no obedecer órdenes atroces señaladas por las mentes criminales e inhumanas de estos monstruos. Los animales salvajes no cometen tantas atrocidades como las que ejecutaron estos desalmados y que cumpliendo lo aceptado en el horrendo acuerdo de paz han sido capaces de reconocer sus crímenes de lesa humanidad, violatorios de los derechos humanos, todos los acuerdos y normas sobre población infantil y crímenes de guerra, sin ningún rubor, sin mostrar un real arrepentimiento ni vergüenza. Oír y ver tantas niñas o jóvenes que cuentan destrozadas, como las secuestraron a los 9, 10, 11 años, cómo una mujer, que no debe reconocerse como tal, las obligaba a desfilar en ropa interior ante los jefes para que escogieran a quien violar y convertir en esclava sexual, cómo las torturaban, desgarraban, abusaban miles de veces y cuando quedaban embarazadas las hacían abortar, sin ningún cuidado, sin ninguna higiene, realmente las trataban como si fueran animalitos. ¡No! Eso es inimaginable, no amnistiable, como lo señalan las normas internacionales sobre derechos humanos y los códigos penales. Parece increíble que haya habido unas personas que conociendo esto hayan sido capaces de negociar sobre su dolor que no hubiera castigos reales, auténticos y muy fuertes, sino penas simbólicas o ni eso, para lograr una paz que nunca llegó y que hoy, menos que nunca es real. Al contrario, fueron premiados con curules regaladas en el congreso de la república, que gracias a Dios hoy quedan ya por fuera de este, que es el símbolo de la democracia, que debería recoger a lo mejor del país para ser sus miembros y que estos fueran dignos de representarnos a todos. ¿A quién representaron estos delincuentes?, por cierto, no a los colombianos, pues difícilmente se encuentran otras personas que aprueben estos comportamientos. La realidad es que su papel en el congreso sirvió solo para escarmiento y vergüenza de todos los colombianos, sin aportar absolutamente nada en beneficio de la sociedad. Cuando los vimos en la televisión reconociendo su maldad y dizque pidiendo perdón lo único que producían era un repudio total. Que terribles secuelas y traumas deben tener todas esas personas que finalmente recobraron su libertad, pero no restañaron sus heridas. Ojalá que muchos hayan podido recuperar su vida, superar su dolor y contar sus dolorosas historias, pues algo tan salvaje e inhumano es imposible que llegara a repetirse y ojalá que la conciencia, si es que tienen alguna, les remuerda por el resto de sus vidas a los protagonistas. Una mancha horrible para esta sociedad que no debemos olvidar.
Exministra.