Detrás de la fachada
ANALISTASÉNIOR
Más allá de tal actitud, el punto de fondo es que un desequilibrio como el registrado se convierte en una especie de bomba de tiempo
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Más allá de tal actitud, el punto de fondo es que un desequilibrio como el registrado se convierte en una especie de bomba de tiempo.
Para ponerlo en contexto, el déficit primario promedio entre 2000 y 2019 fue equivalente al 0,5 por ciento del PIB.
RICARDO ÁVILA PINTO - ESPECIAL PARA EL TIEMPO
La escena tuvo lugar en la noche del miércoles pasado. Portando la banda de colores azul turquí, blanco y rojo, el recién posesionado José Antonio Kast hizo desde un balcón del Palacio de la Moneda en Santiago de Chile su primera intervención pública como presidente. El tono de sus palabras fue claro respecto a la herencia recibida. "Nos han entregado un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar. Un país con sus finanzas públicas debilitadas. Un país donde el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado. Un país donde las familias se sienten abandonadas por el Estado", dijo. No resulta nada descabellado pensar que, si en Colombia sucede un cambio parecido al que ocurrió en la nación austral, que se movió desde la izquierda hacia la derecha, la actitud de quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto será muy similar. El motivo es que las cifras disponibles muestran un deterioro alarmante en cada uno de los temas mencionados por el mandatario chileno. Basta comenzar con la situación de las cuentas estatales. Un mes después de lo que había sido la práctica usual, el Ministerio de Hacienda dio a conocer en Bogotá el plan financiero que contiene la visión de la entidad respecto al comportamiento de los gastos y los ingresos públicos, al igual que sus metas en torno a un déficit recurrente y la manera de financiarlo. Al igual que en ocasiones anteriores, se trató de definir una hoja de ruta que le sirve a la propia administración y también es útil a la hora de informar a los interesados en estos asuntos, mientras se busca inspirar credibilidad en los inversionistas que compran papeles estatales respecto al rumbo de la política económica. Parte del ejercicio consistió también en sincerar las cifras del ejercicio previo y explicar las variaciones más importantes frente a lo proyectado inicialmente. Una primera lectura del documento sugiere que las cosas van por buen camino. No solamente el año pasado la magnitud del déficit fiscal como proporción del tamaño de la economía se redujo, sino que en 2026 la brecha seguiría disminuyendo. Al mismo tiempo la deuda se mantendría en niveles estables, inferiores a los que llegó a plantear el marco fiscal de mediano plazo publicado a mediados de junio pasado. Pero al entrar a desglosar los números, saltaron las alarmas entre los analistas. De hecho, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), que si bien es financiado por dineros públicos tiene carácter de ente técnico e independiente, señaló en un pronunciamiento que "el escenario fiscal planteado por el Gobierno es poco creíble". Opiniones de ese calibre deberían ser registradas por los candidatos a la Presidencia de la República que se enfrentarán en la primera vuelta de las elecciones el próximo 31 de mayo. La razón es que, quien acabe triunfando encontrará una situación que apunta a ser desesperada durante el segundo semestre, en el sentido de no contar con recursos suficientes para cumplir con las obligaciones gubernamentales normales, ni mucho menos hacer realidad las promesas de la campaña. Alerta roja Hay motivos reales para preocuparse. Desde hace meses el Ejecutivo enfrenta persistentes dificultades de caja, como lo reflejan los depósitos del Tesoro Nacional en el Banco de la República. Por ejemplo, el saldo al comenzar marzo llegó a dos billones de pesos, lo que constituye un mínimo histórico. Las cosas mejoraron algo unos días después, al parecer porque el Emisor le giró a la Nación parte de las utilidades que obtuvo el año pasado. Aún así, el extracto muestra menos plata para esta época que hace 12 meses, cuando ya se hablaba de una situación crítica. Como consecuencia, distintos pagos estatales se atrasan, especialmente los que no hacen mucho ruido. Hay quienes dicen que Minhacienda comienza a asemejarse a la imagen de la persona que vive del fiado en la tienda de la esquina y a punta de uno que otro abono logra seguir abasteciéndose, así el monto de los vales pendientes aumente. Caricaturas aparte, el punto de fondo es que lo que se conoce como el déficit primario, que es la diferencia entre los ingresos y los gastos corrientes, excluyendo los pagos de intereses de deuda, viene en aumento. En 2025 este llegó al equivalente del 3,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), es decir 65,7 billones de pesos, un incremento de más de un punto porcentual frente al año previo. Semejante deterioro fue consecuencia de ingresos que estuvieron por debajo de las proyecciones oficiales en casi 10 billones de pesos y gastos que superaron en unos 15,5 billones de pesos lo que el propio Gobierno había dicho en junio pasado. En su momento los especialistas hicieron las advertencias del caso, pero estas fueron ignoradas por los funcionarios responsables. Más allá de tal actitud, el punto de fondo es que un desequilibrio como el registrado se convierte en una especie de bomba de tiempo. Para ponerlo en contexto, el déficit primario promedio entre 2000 y 2019 fue equivalente al 0,5 por ciento del PIB. Dado que el agujero es ahora siete veces más grande, en proporción, el saldo en rojo a financiar tiende a ser mayor. Endeudarse para cubrir un faltante que no disminuye de manera estructural da lugar a un efecto de bola de nieve, que eventualmente aplastará a las finanzas públicas. Debido a ello, el Carf asegura que "la situación fiscal es cada vez más preocupante". Aún así, el Gobierno saca pecho porque el déficit fiscal al cierre de diciembre -que fue de 117,6 billones de pesos- disminuyó frente a 2024 y el indicador que mide el peso de las acreencias gubernamentales también se ubicó muy por debajo de lo que se había pronosticado. A primera vista suena sorprendente que, ante un déficit primario creciente, el desfase final se haya reducido. La explicación frente a esa aparente contradicción es que, a punta de ingeniería financiera, la administración recortó de manera importante el gasto por intereses de sus obligaciones. Ese menor costo le posibilitó hacer más giros corrientes y, al tiempo, mostrar un saldo rojo más bajo. Lo ocurrido a este respecto tiene que ver con una categoría llamada "operaciones de manejo de deuda" (OMD), que son usadas por decenas de países para mejorar su perfil de vencimientos en el tiempo o aprovechar coyunturas favorables en los mercados internacionales. Colombia las ha usado desde hace años, por ejemplo, al intercambiar títulos que expiran en una determinada fecha por otros de plazo más largo. No obstante, nada de lo ensayado antes se compara con lo hecho por la Dirección de Crédito Público de Minhacienda durante el semestre pasado. Sin entrar en honduras técnicas, basta señalar que en el ámbito interno se recibieron en 2025 bonos por un valor nominal de 160 billones de pesos y se expidieron otros, en su remplazo, por 138,4 billones, lo cual llevó a una reducción en el saldo de las obligaciones públicas. Algo similar se consiguió en la arena internacional, mediante un esquema que incluyó, entre otras acciones, tomar un préstamo en francos suizos para adquirir papeles denominados en dólares. En cifras concretas, la recompra involucró títulos por un valor nominal equivalente de 11,9 billones de pesos, a cambio de otras deudas. Al final hubo una reducción nominal de 4,1 billones de pesos. Contra lo que puede llegar a creerse, aquí nadie perdió plata. En el mejor de los casos, un recorte nominal de las deudas gubernamentales de 25,7 billones de pesos podría derivar en costos de financiamiento más bajos, pero eso está por verse y dependerá del comportamiento de las tasas de interés actuales y futuras. Dicho lo anterior, la audaz jugada le dio más aire al Gobierno actual, pero le recortará el margen de maniobra a los que vengan. Ya existe un intenso debate técnico sobre si traído todo a valor presente lo ocurrido le saldrá más o menos caro al fisco. Hasta la fecha lo que se observa es que los índices de riesgo de Colombia van hacia arriba y en América Latina somos el país al que se le exigen las rentabilidades más altas. Aparte de lo anterior, las señales en el plano internacional no son favorables, pues el conflicto en Irán, que ha impulsado el precio del petróleo, llevaría a un rebrote inflacionario que se traduciría en intereses al alza, algo que tampoco nos conviene. Sin embargo, lo que más inquieta de manera inmediata es lo que dice el plan financiero recién publicado. De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, tanto el déficit fiscal como el primario tendrá disminuciones sustanciales. Por ejemplo, este último cerraría en el equivalente del 2,1 por ciento del PIB en 2026, es decir un recorte de casi un punto porcentual y medio frente al año pasado. Dicha previsión se apoya en un apretón grande en el nivel de los gastos corrientes del Ejecutivo. El problema es que el texto oficial no explica cómo se lograrían economías que frente a lo dicho en el Marco Fiscal serían de unos 44 billones de pesos, cuando la evidencia sugiere otra cosa. Para comenzar, el país se encuentra en época electoral y las señales que vienen desde la propia Casa de Nariño muestran que hay la intención de saltarse las barreras institucionales que le ponen límites a la contratación, como la Ley de Garantías. Mediante el uso de figuras, que pasan por el estado de emergencia, se han levantado las restricciones y acaban asignándose sumas billonarias a diferentes entidades, incluyendo la propia Presidencia de la República. Desde un punto de mira más amplio, la Dirección de Investigaciones Económicas de Bancolombia dejó en claro su punto de vista la semana pasada. "A la luz del monto aprobado en el presupuesto general de la Nación, por 547 billones de pesos, y el ritmo de ejecución observado en los primeros meses del año, le asignamos una baja probabilidad a un ajuste de este calibre para el 2026", sostuvo. Así las cosas, en lugar de comenzar a arreglarse, es necesario asumir que un empeoramiento mayor resulta factible. Para citar un caso, el Carf recuerda que el impacto del aumento del salario mínimo sobre la nómina estatal y las pensiones, en ausencia de recortes que compensen las mayores erogaciones, es uno de los factores que podría afear todavía más la foto. "Si no se adoptan las medidas de ajuste, el déficit primario podría ascender hasta 4,2 por ciento del PIB y el déficit total hasta 7,2 del PIB", sostiene la entidad. Pero más allá de los cálculos, el punto central es que la tarea de sanear las finanzas públicas sigue pendiente. Así la creatividad mostrada por Crédito Público ayude a paliar temporalmente las dificultades, más temprano que tarde habrá que cerrar una brecha insostenible, a menos que nos resignemos a seguir el camino de tantos países latinoamericanos que en múltiples ocasiones pagaron con hiperinflación y retrocesos en el bienestar la irresponsabilidad en el manejo de sus asuntos. Dentro de los regalos "envenenados" que le dejará el actual Gobierno al que le sigue, este es de lejos el peor, porque su solución solo se conseguirá a punta de sacrificios. El motivo es que la única solución consiste en aumentar ingresos o reducir gastos, algo que no responde a ideología alguna sino a las leyes de las matemáticas. Interrogados al respecto, los candidatos responden que hay maneras de evitar las penurias si se logra combatir la evasión de impuestos o acabar con la corrupción. Pero si bien esos objetivos son loables, acaban siendo poco efectivos cuando se considera que las urgencias no dan espera, ante lo cual sería más efectivo mirar la realidad con los ojos bien abiertos y ser descarnados al hacer el balance de lo que se recibe. Unos meses después de que arrancara la administración Petro, el exministro Gabriel Silva publicó en Cambio una columna que recordó la película La estrategia del caracol, dirigida por Sergio Cabrera. En su texto, el autor advirtió de los peligros de que al cabo del presente cuatrienio, los colombianos recibieran de vuelta una fachada detrás de la cual no habría nada, aparte de la famosa leyenda en el muro. Por eso la expectativa será grande en agosto, cuando se abra la puerta del cascarón que quedará del Estado colombiano y se haga el inventario de lo que queda, pero sobre todo de lo que no se tiene y de lo que se debe.