Lunes, 16 de Marzo de 2026

Agricultura limpia: innovación que reclama nuevas reglas

ColombiaEl Tiempo, Colombia 16 de marzo de 2026

Germán Alberto Mejía Aguirre
El ecosistema de innovación agroalimentaria en América Latina vive una transformación silenciosa

Germán Alberto Mejía Aguirre
El ecosistema de innovación agroalimentaria en América Latina vive una transformación silenciosa. El Mapa AgriFoodTech 2025, elaborado por Brixton Venture Lab y SP Ventures, identifica 763 startups que están rediseñando el agro en la región. Una parte significativa de estas iniciativas se concentra en soluciones biológicas y tecnologías orientadas a una producción agrícola más sostenible. De hecho, cerca del 26% del ecosistema trabaja en biotecnología agropecuaria, desarrollando bio insumos, microbiomas y control biológico de plagas. Colombia forma parte activa de este movimiento. El país aparece entre los principales generadores de empresas AgriFoodTech de América Latina, junto con Argentina, México y Chile. Esto confirma algo importante: la región no sólo produce alimentos, también está fomentando conocimiento, ciencia aplicada y nuevas soluciones para el futuro del agro. Detrás de esta narrativa de innovación existe otra historia menos visible, la de los empresarios que intentan desarrollar alternativas agrícolas más limpias, en un entorno institucional que no siempre facilita la transición. El caso empresarial de Ideas Biológicas, liderado por Guillermo Hernández, permite entender esa tensión entre innovación científica y realidad regulatoria. Desde sus inicios, la empresa se concentró en desarrollar bioinsumos capaces de controlar plagas agrícolas sin afectar a mamíferos ni a insectos benéficos como las abejas, y sin dejar de lado, las trazas químicas que comprometen la sostenibilidad de los cultivos o las exigencias de los mercados internacionales en este sentido. En su momento la apuesta era importante. Pues ella implicaba anticiparse a una tendencia global, en donde la agricultura del futuro sería cada vez más biológica, más regenerativa y menos dependiente de químicos de síntesis. Ideas Biológicas decidió apostar por ese camino cuando todavía no era evidente para muchos que estaban en el sector. Sin embargo, innovar en este campo no ha sido sencillo. Uno de los mayores retos para quienes desarrollan bioinsumos en Colombia es la dificultad para obtener certificaciones y registros del ICA y otras entidades. Gran parte de la normativa vigente ha sido diseñada originalmente para controlar la industria de agroquímicos tradicionales. Cuando estas mismas disposiciones se aplican a soluciones biológicas —que tienen otra naturaleza, otros procesos y otros riesgos— el resultado suele ser una carga regulatoria desproporcionada y no justificada. Los tiempos de certificación se alargan. Los costos aumentan. La incertidumbre empresarial se multiplica. En el caso analizado, se evidencia que la cultura de la empresa se refleja con actitudes y disposición a superar cualquier impase, sin aplazamientos y resiliencia ante la adversidad. No culpan de la dificultad a un tercero, ni tienen la disposición de señalar culpables afuera. Por el contrario, se "mira para adentro" primero y plantean crecer luego en capacidades y generación de alternativas. Un ejemplo de ello lo vivieron con un proceso en el que les tomó 20 años demostrar que su actividad no correspondía a la producción de agroquímicos convencionales. Aquí aparece una paradoja que vale la pena señalar. El mercado global está pidiendo agricultura más limpia. Los consumidores exigen menos residuos químicos. Las exportaciones agrícolas dependen cada vez más de estándares ambientales. Pero al mismo tiempo, los marcos regulatorios siguen operando con lógicas diseñadas para una agricultura tradicional. El reto está en evolucionar hacia regulaciones diferenciadas, capaces de reconocer la naturaleza de las biotecnologías y de acompañar la innovación, sin sacrificar la seguridad y el respeto por las normas. Los desafíos empresariales se manejaron con evidente inteligencia emocional y con la decisión de consolidar la empresa por parte de Guillermo, quien inició como Director Científico con 30 socios. Tras la liquidación de aquella empresa, el proyecto se reorganizó y hoy lo conforman seis accionistas, en un ambiente empresarial que supera los egos individuales. Como ocurre en muchos proyectos innovadores, el entusiasmo inicial requiere de la condición humana para lograr la madurez organizacional. Ya con el tiempo, la empresa logró fortalecer su direccionamiento estratégico y concentrar esfuerzos en las líneas de negocio con mayor potencial. A pesar de los cambios de sede que vivieron, los retos normativos y las dificultades comerciales en un mercado acostumbrado a prácticas de la industria química, la empresa logró consolidar un portafolio de soluciones biológicas, mantener sus registros y permisos y posicionar productos como alternativas viables para el control de plagas agrícolas. En paralelo, estableció alianzas con universidades colombianas para avanzar en investigación aplicada y nuevos desarrollos tecnológicos. Esa interacción entre ciencia y empresa es precisamente uno de los motores de la nueva agricultura. Pero la innovación agrícola no enfrenta solo desafíos regulatorios. También enfrenta realidades culturales que requieren cambiar mentalidades en el campo. Durante décadas, buena parte de la agricultura ha estado estructurada alrededor del uso de agroquímicos convencionales. Cambiar esa lógica implica no sólo desarrollar nuevos productos, sino también educar al mercado, acompañar a los productores y demostrar en campo, que existen alternativas eficaces. El informe AgriFoodTech lo advierte con claridad: la adopción de nuevas tecnologías sigue siendo uno de los principales cuellos de botella para la innovación agrícola, especialmente cuando los ecosistemas institucionales no están plenamente alineados con los cambios tecnológicos. Para el país la transición hacia una agricultura más sostenible no es simplemente una aspiración ambiental. También es una oportunidad económica. La demanda internacional por alimentos producidos con menor impacto ambiental e inocuos seguirá creciendo en los próximos años. Pero para que ese potencial se materialice será necesario fortalecer la coherencia entre innovación, regulación y política pública. Si Colombia aspira a consolidarse como una potencia agroalimentaria sostenible, será indispensable avanzar hacia marcos regulatorios más ágiles, diferenciados y adaptados a las tecnologías biológicas. Ahora el desafío es que las políticas públicas y su instrumentalización acompañen esa dinámica. Porque el desarrollo de bio insumos y soluciones agrícolas limpias no debería enfrentar más obstáculos que los que impone el propio mercado. Al contrario, debería convertirse en una de las prioridades estratégicas de la transformación del agro en nuestro país.
Cofundador bmLab Latam.
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