Martes, 17 de Marzo de 2026

Cuba en el disparadero

ChileEl Mercurio, Chile 17 de marzo de 2026

Aun si avanza la negociación con EE.UU., no hay que esperar grandes vuelcos políticos inmediatos.

Bajo presión de Estados Unidos, y en medio de la oscuridad del último apagón total, el gobierno de Cuba anuncia que aceptará "grandes inversiones" extranjeras. Un inédito cambio, que se da un día después de que Donald Trump calificara a Cuba como una "nación fallida", que "o hace un acuerdo o haremos lo que tengamos que hacer", amenaza que después de Venezuela e Irán no ha debido ser ignorada por la dictadura. Y más aún luego de que ayer el mismo Trump dijera que sería "un gran honor" tomar la isla.
Así, mientras el nieto predilecto de Raúl Castro -y jefe de su guardia personal- dialoga con Marco Rubio para "explorar áreas de cooperación, bajo el principio de igualdad y respeto" -según dijo el dictador Miguel Díaz-Canel-, es significativo que el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga anuncie que el gobierno está "abierto a mantener una relación comercial fluida con las empresas estadounidenses y los cubanos residentes en EE.UU. y sus descendientes". Con sus declaraciones a la televisión norteamericana, Pérez-Oliva -sobrino nieto de Raúl y de Fidel- asume un rol de primera línea cuando el régimen vive su peor hora. Se dice que EE.UU. ha evitado el diálogo con Díaz-Canel y otros burócratas comunistas, prefiriendo negociar con la nueva generación, supuestamente más abierta a las reformas y a reconocer que el modelo de la revolución es un total fracaso. Cuando Barack Obama, en 2014, inició un acercamiento con La Habana, el interlocutor fue Alejandro Castro, el hijo de Raúl, quien también esta vez, en febrero, habría tenido reuniones en México con enviados de Trump. Fiel al discurso castrista, Pérez-Oliva no dejó de culpar al bloqueo por la situación cubana, pero debió reconocer la necesidad de inversiones que resuelvan los problemas en sectores prioritarios, como el energético.
No es primera vez que la dictadura, en momentos de debacle económica, con un descontento social que se ha manifestado en protestas incluso violentas como las del sábado en Morón -con la inédita vandalización e incendio de la sede del PC local-, anuncia reformas. Con todo, esta vez, sin aliados ideológicos que vayan a socorrerla, y con el antecedente de la captura de Nicolás Maduro, el régimen parece más proclive a cambios que, en todo caso, enfrentarán la resistencia de sectores recalcitrantes.
Pero, aun si avanzan las negociaciones con Estados Unidos, no hay que esperar grandes vuelcos políticos inmediatos, pues, al parecer, y a la luz de lo visto en Venezuela, la estrategia de Trump pone a la economía y los intereses directos de Washington como primer objetivo. E incluso en este ámbito hay un largo camino por recorrer, ya que se requieren reformas profundas en el marco legal y constitucional cubano, que hoy no protege la propiedad privada ni el emprendimiento. Por otro lado, también EE.UU. deberá hacer cambios en sus regulaciones: hay actividades prohibidas con la isla, y transacciones bancarias y financieras que necesitan autorización. Por eso, una pregunta ineludible es si, finalmente, Washington está dispuesto a levantar un embargo que ha durado décadas y que es usado por el régimen como excusa para todos los males de la isla y para mantener a su población como rehén del comunismo.
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