Estudio enfatiza que la sexualidad no se acaba
en los adultos mayores
EDWIN CAICEDO - REDACCIÓN VIDA DE HOY @CaicedoUcros
La sexualidad en la vejez no desaparece: se transforma
EDWIN CAICEDO - REDACCIÓN VIDA DE HOY @CaicedoUcros
La sexualidad en la vejez no desaparece: se transforma. Esa es una de las conclusiones centrales del estudio ‘Mis canas, mis ganas: percepciones de la sexualidad en personas mayores’, una investigación realizada en Colombia que indagó cómo viven, perciben y ejercen su sexualidad hombres y mujeres mayores de 60 años. El trabajo, que incluyó encuestas, entrevistas y grupos focales en Medellín, Manizales, Tunja y Montería, muestra que el deseo sexual y la necesidad de afecto, compañía e intimidad siguen siendo parte de la vida de muchas personas mayores. Sin embargo, también evidencia que el ejercicio pleno de la sexualidad en esta etapa enfrenta obstáculos culturales, sociales e institucionales. "Uno nace y muere con eso (la sexualidad), pues, así tengan 90 o 100 años, es algo que no se acaba y que está presente", expresó una participante de un grupo focal en Tunja, citada en el informe. La investigación partió de un objetivo central: analizar las percepciones sobre sexualidad en la vejez desde la voz de las propias personas mayores y de sus redes de apoyo, con el fin de aportar evidencia para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. Es parte de la vida Los resultados cuantitativos del estudio revelan que la mayoría de las personas mayores reconocen la sexualidad como una dimensión integral de la vida. El 92,9 por ciento de los encuestados afirmaron que la sexualidad es parte de todas las personas, mientras que el 92,1 por ciento considera normal sentir deseo sexual incluso en edades avanzadas. Otros datos del estudio refuerzan esa percepción: el 96 por ciento cree normal experimentar deseo sexual en la vejez, y el 97 por ciento de los hombres y el 90 por ciento de las mujeres consideran que la sexualidad sigue siendo parte de la vida en esta etapa. Además, el 62 por ciento de las personas encuestadas reportaron haber tenido relaciones sexuales en los últimos 12 meses, aunque con diferencias marcadas entre hombres y mujeres: el 86 por ciento de los hombres reportaron actividad sexual reciente frente al 43 por ciento de las mujeres. La investigación señala que la principal razón para no tener relaciones sexuales es la falta de pareja, mencionada por el 57 por ciento de los participantes. En los grupos focales, varias personas describieron la sexualidad de manera más amplia que la simple relación sexual. Para muchas incluye también afecto, ternura, compañía e intimidad emocional. "Cuando las personas ya son mayores como nosotras, y las que tienen pareja, el amor o la sexualidad no es solo penetración, hay otras maneras", señaló una participante en Medellín. El estudio también registró cambios corporales asociados al envejecimiento que pueden influir en la vida sexual. Entre los hombres, el 33 por ciento reportó dificultades para alcanzar la erección, mientras que el 43 por ciento de las mujeres mencionaron problemas de lubricación. Aun así, la mayoría de los participantes no consideran que estos cambios marquen el final de la sexualidad. Solo el 8,7 por ciento cree que la menopausia o la andropausia significan el fin de la vida sexual. Al contrario, muchos participantes describen estas etapas como transformaciones que modifican, pero no eliminan, la intimidad. "Si tenemos pareja y actividad sexual, pues ya sabemos que eso se da y uno debe tener su intimidad con su pareja para mantener esa parte afectiva", afirmó una participante en Montería. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la persistencia de normas de género tradicionales que siguen influyendo en las expectativas y decisiones sobre sexualidad. El 51 por ciento de las mujeres encuestadas estuvieron de acuerdo con la afirmación de que las mujeres deben complacer sexualmente a los hombres, mientras que el 42 por ciento de los hombres también consideran que las mujeres deben hacerlo. El informe señala que estas percepciones reflejan trayectorias de socialización y roles de género que han marcado la forma como las personas mayores entienden y negocian su vida sexual. También se evidencian diferencias en la importancia atribuida a la sexualidad: el 86 por ciento de los hombres la consideran "muy importante", frente al 73 por ciento de las mujeres. No obstante la presencia del deseo y la actividad sexual, el estudio muestra que hablar de sexualidad sigue siendo difícil para muchas personas mayores. El 34 por ciento de los participantes dijeron que no hablan con nadie al respecto. Las razones más frecuentes fueron falta de interés (35 por ciento), vergüenza (21 por ciento) o considerarlo inapropiado (14 por ciento). La educación sexual limitada durante su juventud aparece como uno de los factores que explican este silencio. Según el informe, muchas trayectorias de vida estuvieron atravesadas por prohibiciones y sentimientos de vergüenza que aún influyen en la forma en que las personas abordan el tema. "En los estigmas sociales existe una concepción errónea de que las personas mayores ya no tienen interés en el sexo. Entonces eso puede generar vergüenza o incomodidad para hablar sobre ese tipo de temas", explicó una representante de una red de apoyo institucional en Medellín. El informe también revela una brecha significativa entre las personas mayores y el sistema de salud en temas de sexualidad. Solo el 19 por ciento de los participantes dijeron haber consultado alguna vez con un médico sobre la materia. Una mujer de Manizales relató su experiencia en los grupos focales: "Yo sí lo he preguntado, sino que hay médicos que son muy malgeniados o son muy maleducados. Muchas veces dicen: ‘Eso es normal’. Muchas veces no le responden a uno". Según la investigación, esta falta de diálogo evidencia una oportunidad para mejorar la formación de profesionales de salud y promover una atención centrada en derechos. Otro aspecto que preocupa a los investigadores es la baja utilización del condón entre personas mayores. En varios testimonios aparece la idea de que en relaciones estables no es necesario o que a esa edad ya no existe riesgo de infecciones de transmisión sexual. "Yo le cuento que a mí no me gusta el condón. Tengo 71 años y me acuerdo de haberlo usado tres veces no más", dijo un participante de Manizales. Para los autores del estudio, esto refuerza la necesidad de incluir la sexualidad en la vejez dentro de las políticas de salud pública y de prevención. El estudio también analizó el papel de las redes familiares e institucionales. El 74,8 por ciento de las personas mayores esperan que sus redes de apoyo respalden su vida sexual. Sin embargo, se encontró que muchas familias evitan hablar del tema o consideran incómodo hacerlo. "Mi mamá es una mujer chapada a la antigua. Sería incómodo, porque no son temas tan relajados para hablar", contó una participante en Medellín. Otros participantes defendieron su autonomía frente a la familia: "La sexualidad no es decisión de nadie más, ni mis hijos. Yo no me meto en su vida, y ellos tampoco en la mía, solo dicen que me cuide". El estudio concluye que la sexualidad en la vejez es una dimensión clave del bienestar emocional, físico y social. Sin embargo, sigue atravesada por barreras estructurales como estigmas, silencios heredados, falta de información y ausencia de servicios específicos de salud sexual para personas mayores. Para los investigadores, reconocer a las personas mayores como sujetos deseantes y autónomos es fundamental para avanzar hacia políticas y programas que garanticen su derecho a vivir la sexualidad de forma libre, segura y digna.