Miércoles, 18 de Marzo de 2026

Occidente, mil a uno

UruguayEl País, Uruguay 18 de marzo de 2026

¿Le creemos a la justicia ecuatoriana o a nuestra vicepresidenta? ¿Correa es un corrupto o un perseguido?

Relatos, versiones, mentiras, datos acomodados para acá o para allá, interpretados con la camiseta puesta, hacen de la verdad un territorio en permanente disputa. Y a uno, desde el llano, se le escapa como agua entre los dedos. O peor: cree conocerla y termina haciendo el ridículo.

En medio de esas dudas, aparece en los medios una figura de gran relevancia dentro del gobierno, confesando: "Prefiero mentir en esto que no tener recursos luego para hacer transferencias para niños y niñas." Entonces uno entiende que la verdad está mucho más lejos de lo que pensaba. No se puede creer en nada ni en nadie. La moral en política es un chicle que se estira según la necesidad del momento. Y lo que ayer era una certeza, hoy amanece como un malentendido.

Todos hemos escuchado a dirigentes del Frente Amplio afirmar que en Venezuela no había dictadura ni presos políticos. Que Cuba era una democracia diferente. No obstante la realidad se encargó de mostrar que Maduro era un tirano y que Cuba es, efectivamente una democracia diferente. Diferente a la democracia.

Ahora nomás, tenemos en Montevideo al ex presidente ecuatoriano Rafael Correa, uno de los principales referentes del Socialismo Siglo XXI. Correa fue condenado por la justicia de su país a ocho años de prisión por delitos de corrupción. Sin embargo sus seguidores sostienen que es víctima de una persecución política. Lo cierto es que fue recibido en Uruguay por Carolina Cosse, Fernando Pereira y Lucía Topolansky.

Después de eso, ¿le creemos a la justicia ecuatoriana o a nuestra vicepresidenta? ¿Correa es un corrupto o un perseguido político?

También el lector habrá escuchado que el diabólico gobierno de los Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro por el afán de quedarse con el petróleo venezolano. Que quiere voltear al régimen de Díaz-Canel en La Habana por odio ideológico y razones geopolíticas, y que el ataque a Irán responde a intereses de similar naturaleza.

Y uno no puede confirmar ni descartar del todo ninguna de esas versiones. Entonces, ante la duda, ¿qué nos queda? Nos queda la razón. Y sobre todo, el instinto de supervivencia. Con esas herramientas, la pregunta pasa a ser otra: ¿qué tipo de vida quiero para mi país, para mi familia y para mí?

¿La de Cuba, con casi 70 años sin libertades básicas? ¿La de Venezuela, donde pensar diferente se pagaba con cárcel y tortura? ¿La de Irán? Donde las niñas son desposadas por hombres adultos que no temen amarrarse al pantalón un cinto de dinamita y volar en pedazos con tal de agradar a una deidad que le indica borrar de la faz de la Tierra a un vecino?

Déjeme de embromar. Me quedo con Occidente. Mil a uno.

Porque, como dijo Arturo Pérez Reverte: Israel "A veces son unos hdp, pero son nuestros hdp.funcionan según nuestros parámetros democráticos." Y termino con la clásica y tan criticada pregunta: ¿usted se iría a vivir a Irán? ¿A La Habana? ¿A Caracas? ¿A Teherán? No ha nacido aún la persona que haya emigrad a ninguno de los países admirados por la izquierda.

Por todo lo dicho, mientras quien esto firma siga siendo un simple ciudadano de a pie: ¡qué me importa esa verdad que nunca voy a conocer del todo! En cambio, prefiero preocuparme porque el mundo sea lo más libre y amigable posible.
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