Miércoles, 18 de Marzo de 2026

Sostenibilidad Fiscal: más frágil en la película que en la foto

UruguayEl País, Uruguay 18 de marzo de 2026

En un ambiente hostil para la inversión, el impacto sobre el crecimiento solo puede ser a la baja, empeorando la recaudación fiscal y amenazando con un círculo vicioso difícil de resolver.

En nuestra columna anterior analizamos las debilidades del país para crecer, destacando los problemas de rentabilidad exportadora que frenan la inversión.

Explicamos por qué las proyecciones de crecimiento del MEF para elaborar el Presupuesto 2025-29 fueron mutando de "optimistas" a francamente "irrealistas". Mutación que ocurrió al ritmo de una coyuntura internacional poco usual, agravada por políticas domésticas a contracorriente de lo que exige la alicaída rentabilidad exportadora e, incluso, deteriorándola aún más.

Terminamos advirtiendo, más allá de los esperables desencantos que ya estamos viendo en materia de actividad y empleo, que la sostenibilidad fiscal también está amenazada y, con ella, la posibilidad de solventar a futuro las distintas políticas públicas (pobreza, vivienda, salud, educación, seguridad social, etc.).

Concentrémonos en las perspectivas fiscales.

El crecimiento imparable del gasto público

Cuando miramos la historia fiscal de los últimos 20 años, apreciamos un crecimiento del gasto primario (Gobierno Central y PBS) casi siempre superior al de la actividad económica, con algunas excepciones.
Dado que la recaudación de impuestos y los ingresos del BPS principalmente crecen al ritmo de la actividad económica, el mayor aumento del gasto termina inexorablemente presionando al alza el déficit fiscal y, a la postre, obliga a tomar medidas para rencauzarlo.

Esta situación pasó inadvertida entre 2004 y 2014 porque hubo recursos adicionales aportados por la reforma tributaria de 2007 (que implicó un aumento de impuestos) sumado a recaudaciones excepcionales por un crecimiento del PIB inusualmente alto asociado al último boom de commodities, razones por las cuales daba la ilusión de que siempre habría "espacio fiscal" para seguir aumentando el gasto.

Finalizado el boom y agotada la reforma tributaria, el incremento de recursos se desaceleró bruscamente, pero el gasto siguió de largo, lo que obligó a encarar esporádicos ajustes fiscales que se hicieron por el lado de mayores impuestos ("consolidaciones", "adecuaciones", etc.) como en 2017 y actualmente en el nuevo Presupuesto.

Así, en los últimos 20 años el gasto GC-BPS en términos del PIB se expandió 9 puntos porcentuales.

Por qué ha crecido el gasto público como porcentaje del PIB

Uno de los puntales del crecimiento del gasto estuvo en el pilar de reparto del Sistema Jubilatorio, empujado por una realidad demográfica que disminuyó drásticamente la relación activo/pasivo y lo seguirá haciendo a futuro, deteriorando de manera sistemática la relación entre ingresos (aportes) y gastos (jubilaciones y pensiones). La aritmética demográfica es implacable: para solventar las jubilaciones se requiere cada vez un mayor esfuerzo económico de las nuevas generaciones vía más aportes o indirecta y solapadamente vía aumentos de otros impuestos que terminan solventando el agujero financiero del BPS desde Rentas Generales. En igual lapso, la misma razón demográfica terminó afectando los otros sistemas de reparto (bancarios, profesionales, notariales, policiales y militares).

El otro puntal es la actitud del sistema político particularmente de la fuerza política hoy en el gobierno que muestra una compulsión a gastar más, bajo el argumento de demandas sociales insatisfechas, pero sin ocuparse de reducir otros gastos que se vuelven innecesarios o duplicados, programas que ya no se necesitan y deberían reducirse o desaparecer o, sencillamente, por no reconocer la existencia de una restricción presupuestal que impone la obligación de priorizar objetivos. Así, el gasto/PIB creció presupuesto a presupuesto, rendición de cuentas a rendición de cuentas, como crecen las capas de sedimento con el paso del tiempo, generando el abultado "registro geológico" de gasto público que observamos hoy.

El potencial círculo vicioso

Por lo que mencionamos antes, para la mayoría de los analistas y el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) es poco probable que la economía crezca en el quinquenio lo que proyectó el gobierno (2,4% promedio anual). Asimismo, existen otros elementos que agregan incertidumbre sobre los resultados previstos: a) el patrón de incremento de gasto supone que se moderaría a 1,8% en los tres últimos, precisamente cuando se acerquen las próximas elecciones; b) los aumentos de recaudación son inciertos per se, al basarse en impuestos nuevos.

Lo anterior quita solidez a las proyecciones de déficit, arriesgando más presión sobre la ratio deuda/PIB y que se iguale o supere su nivel de "prudencia", hoy estimado por el gobierno en 65% del PIB.

Al mismo tiempo, se insiste en sectores del propio gobierno con mayor presión tributaria como el llamado impuesto a los ricos (que vendría con un paquete de más gasto) y de más gastos sin financiamiento para el sistema de Seguridad Social en el llamado "diálogo social", como el retroceso de la edad mínima de jubilación a 60 años.

Estas amenazas alimentan la posibilidad de nuevos impuestos a futuro que afecten directa o indirectamente al capital, lo que agrava las expectativas de baja rentabilidad. En este ambiente hostil para la inversión, el impacto sobre el crecimiento solo puede ser a la baja, empeorando la recaudación fiscal y amenazando con un círculo vicioso difícil de resolver.

La mejor solución impone reducir el gasto primario, como también recomienda el CFA. Pero eso implica que el gobierno tiene que abandonar el viejo paradigma "sedimentario" que hemos descrito antes.

¿Lo hará?
Hay mucho en juego.
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