Un vice …
Andrés Barreto González
Sin duda la definición de una fórmula vicepresidencial debe aportar y consolidar la propuesta del candidato
Andrés Barreto González
Sin duda la definición de una fórmula vicepresidencial debe aportar y consolidar la propuesta del candidato. En ese contexto, el vicepresidente debe ser coequipero, complemento y, esperando no sea el caso, el reemplazo en caso de falta temporal o absoluta del presidente de la república. La figura introducida por la Constitución de 1991 reemplazó la del designado. El vicepresidente no es un mera ficción jurídica, su relevancia es determinante, no sólo desde la perspectiva política, sino porque tiene la posibilidad de ser nombrado en un cargo ejecutivo o de representación, y su visibilidad y trabajo puede contribuir al buen desarrollo de la administración. Lamentablemente en este gobierno esta figura sí que ha brillado por su ausencia, y quizás por ello la expectativa en torno a quiénes serían las fórmulas vicepresidenciales para esta elección, ha revivido el interés por la figura. La definición de un nombre para la vicepresidencia debe tener en cuenta diferentes variables, no sólo porque potencialmente debe estar en capacidad de reemplazar a un presidente, sino porque su presencia no es meramente circunstancial por el momento político, necesidad electoral, atracción de un sector, sino que también debe responder a situaciones específicas del momento presente (elección), y el momento futuro, en qué puede aportar. Sin lugar a dudas el discurso de campaña ha estado marcado por el tema de seguridad, incluso ya se empieza a convertir en un lugar común, pero yendo más allá, los grandes problemas de la agenda 2026 - 2030 serán económicos, laborales, pensionales, de salud, vivienda e infraestructura, y de agenda comercial. Para ello el vicepresidente puede ser un protagonista valioso, bien sea liderando alguna de estas carteras, o coordinando los sectores críticos para reencauzar un plan que rescate y repotencie la agenda económica, comercial y productiva. Adicionalmente, una sensibilidad social, educativa, así como la experiencia ejecutiva y gerencial, serán prenda de garantía para que su función transcurra con mucha eficiencia y poca resistencia. La Colombia del 2026 requiere seriedad, eficiencia y un plan de choque que no dará espera en materia fiscal, social y de la agenda económica, es por ello que la designación vicepresidencial, en esta ocasión, no resiste una mera coyuntura de seducción electorera. Los vicepresidentes deben ser compañeros y aliados, no imponer condiciones ni buscar reflectores, su función está bien delimitada, pero es su decisión hacerla relevante en lo que cuenta, el buen transcurrir de un gobierno. Por supuesto que anticipo mi conflicto de interés, no se me ocurre un mejor nombre para coadministrar la Colombia del 2026 que José Manuel Restrepo Abondano, un colombiano, educador, exministro y gerente con toda la experiencia para reencauzar a nuestro país.
Ex Superintendente de Industria y Comercio.