Estudio replantea la edad de Monte Verde y desata una polémica entre científicos
Publicación en la revista Science sostiene que el sitio no tendría 14.500 años, sino entre 4.000 y 8.000, lo que lleva a repensar las teorías del poblamiento del continente.
Durante décadas, el sitio arqueológico de Monte Verde ha sido una pieza clave para entender la llegada de los primeros humanos a América. Su antigüedad, estimada en unos 14.500 años, lo convirtió en la evidencia más sólida de la ocupación humana anterior a la cultura Clovis de Norteamérica (hace 13 mil años), que durante mucho tiempo fue vista como la primera del continente.
Sin embargo, un nuevo estudio podría cambiar ese panorama.
Un equipo internacional de investigadores concluyó que su edad habría sido sobreestimada. Según el trabajo, publicado ayer en la prestigiosa revista Science, Monte Verde no correspondería al Pleistoceno tardío, sino al Holoceno medio; es decir, data de entre 4.000 y 8.000 años antes del presente.
Esa nueva investigación reabre la discusión sobre uno de los principales sitios arqueológicos de Chile y de América, y cuestiona la base que sirvió para plantear la teoría Pre-Clovis, es decir, que el poblamiento en América habría ocurrido varios miles de años antes de lo que se creía.
Monte Verde, a 28 km del centro de Puerto Montt, es recorrido por el estero Chinchihuapi. En 1976, campesinos hallaron huesos de mastodonte allí. Un equipo de la U. Austral, en el que se encontraba el arqueólogo Tom Dillehay, llegó al lugar un tiempo después para comenzar su investigación.
En Monte Verde han trabajado 80 investigadores, se han realizado diez campañas de excavación y han colaborado 40 universidades e institutos de investigación, publicándose cerca de 120 artículos científicos y cuatro libros. Y si bien en su momento el hallazgo causó polémica, para 2010 ya se hablaba de que había un consenso científico.
El nuevo estudio propone que Monte Verde podría ser al menos 6.500 años más reciente, lo que remueve las bases de lo que se creía.
"Lo que encontramos fue una sorpresa", dice el paleoecólogo Claudio Latorre, investigador de la U. Católica, del Instituto de Ecología y Biodiversidad y del Centro de Regulación del Genoma.
Durante la pandemia, él fue contactado por el investigador Todd Surovell, de la U. de Wyoming, para estudiar las algas asociadas al sitio.
"Contactamos a Tom Dillehay, el investigador principal de Monte Verde, y nos dijo que no, y que no estaba interesado para nada en trabajar con nosotros", explica.
Así que decidieron hacer el estudio por su cuenta y junto al arqueólogo César Méndez pidieron los permisos correspondientes al Consejo de Monumentos. "Partimos con el estudio de las algas, pero al llegar al lugar nos dimos cuenta de que la interpretación estratigráfica (el estudio de las capas del suelo) estaba equivocada", dice Latorre.
Uno de los elementos centrales del estudio es la identificación de una capa de ceniza volcánica -conocida como tefra Lepué- datada en unos 11.000 años. Esta se encuentra por debajo del nivel donde aparecen los restos arqueológicos y se habría producido por la erupción del volcán Michinmahuida.
"Cuando hay una erupción volcánica, la tefra (depósitos de material tras la erupción) cubre el paisaje como si fuera una sábana. Si dices que tienes un sitio que tiene 14.500 años, este debería estar por debajo de esta capa que tiene 11.000", cuenta Latorre.
El estudio también propone que muchos de los restos orgánicos que fueron utilizados para datar el sitio habrían sido transportados desde capas más antiguas por la acción del estero cercano.
"Tienes una capa de madera antigua de unos 14.500 años atrás y esa capa se erosionó y se redepositó en este canal nuevo, que se formó cuando se originó el estero Chinchihuapi", dice Latorre.
"El estudio no pone en duda la parte de los hallazgos arqueológicos, ni las fechas que obtuvieron. No hemos accedido a las colecciones y no las hemos estudiado", dice el arqueólogo César Méndez, investigador de la U. Católica y también parte del estudio.
"Lo que hicimos fue pensar la formación del cauce del estero, porque el sitio está al interior del cauce. Y lo que estudiamos es si ese material pertenecía ahí o fue redepositado y concluimos que el material arqueológico, troncos y huesos de animales, estaban movidos de su posición original, vino de aguas de arriba. Y en el estudio y modelo original eso no lo consideraron: para ellos todo estaba en el lugar en que los humanos lo habían dejado", agrega.
Si la nueva interpretación se confirma, Monte Verde dejaría de ser evidencia de poblamiento temprano de América y obligaría a revisar esos modelos.
El tema, sin embargo, está lejos de cerrarse. Tom Dillehay dice que Monte Verde siempre ha sido un espacio de puertas abiertas para la ciencia legítima. "Decenas de investigadores no relacionados con nuestro proyecto -arqueólogos, geólogos, biólogos y ecólogos de diversas nacionalidades- han estudiado el sitio y publicado sus hallazgos de manera independiente. La apertura nunca ha sido el problema; el problema es la falta de integridad ética y el engaño administrativo".
Debate abierto
La Fundación Monte Verde, responsable de la protección del sitio, dice que el estudio presenta errores metodológicos y empíricos.
Para ellos, los depósitos analizados no corresponden al registro arqueológico de la zona Monte Verde II. "Los autores proyectan deducciones hacia el interior del sitio utilizando contextos no comparables, lo que conduce a interpretaciones incorrectas sobre la cronología y la integridad del registro arqueológico".
También plantean que los restos de maderas analizados en este nuevo estudio son "fibras leñosas y astillas provenientes de pequeños arbustos y raíces, no grandes ramas o troncos de árboles como los que conforman parte de las estructuras habitacionales excavadas en el sitio".
En tanto, Dillehay dice que es falso que Surovell lo haya invitado a participar. "Él se acercó con un interés específico en el estudio de las algas, lo cual no era viable técnicamente en ese momento, pero jamás me extendió una invitación para colaborar en el proyecto de César Méndez. Por el contrario, lo que este equipo hizo fue entrar al sitio bajo una premisa falsa ante el Consejo de Monumentos Nacionales, asegurando que su estudio no era arqueológico, para eludir los controles que un Monumento Histórico exige".
Méndez dice que "cuando hay un ejercicio científico serio, todos deberíamos estar felices, aunque las conclusiones sean distintas a lo que se creía. La que gana es la ciencia".