Sobreproducción de élites
Miguel Gómez Martínez
El mundo de la educación parece no entender lo que está sucediendo
Miguel Gómez Martínez
El mundo de la educación parece no entender lo que está sucediendo. Mientras las universidades, presionadas por los estándares internacionales de evaluación, llenan sus plantas con doctorados, otros, como el científico de la complejidad Peter Turchin, profesor emérito de la Universidad de Connecticut, previenen sobre el exceso de estudiantes con niveles de elevados de preparación que no encuentran empleos en sus áreas de influencia. Los Estados Unidos reconocen cada año 55.000 nuevos PhD pero tan sólo un 17% de ellos obtienen un nombramiento (tenure) como profesores permanentes en las Universidades. Los demás, frustrados por el esfuerzo y los años de estudio, tienen que conformarse con una ocupación para la cual no fueron formados. Algo similar ocurre en todos los países del mundo desarrollado. Una vez más, la educación demuestra, aún en sus niveles más avanzados, no cumplir con la promesa de valor de garantizar el éxito profesional. En Corea del Sur, donde el 69% de los jóvenes adultos tienen diplomas profesionales, el problema es explosivo. La competencia por entrar a las universidades genera un proceso selectivo en el que es necesario hacer una preparatoria para ingresar a una de las preparatorias de prestigio que mejoran la posibilidad de acceder a la Universidad. Turchin considera que esta "sobreproducción de élites" es el reflejo de la incapacidad de las universidades de superar un modelo educativo agotado. La inteligencia artificial, con su disponibilidad infinita e inmediata de información, está redefiniendo el rol de la docencia y rompiendo el esquema universitario impuesto durante las últimas décadas. Las grandes infraestructuras, los enormes campus, con inmensas bibliotecas, laboratorios y centros de investigación, consumen inmensos recursos que encarecen el costo de forma desmedida y cierran la posibilidad a muchos de acceder a ellas. Los estudiantes quedan endeudados durante años después de culminar sus estudios y luchan por atender sus obligaciones con salarios que, desde hace años, reflejan un estancamiento en términos reales. Hay entonces demasiados profesionales para las plazas disponibles y es muy probable que esta tendencia se agrave a medida que la inteligencia artificial afecte muchos sectores como la analítica, la estadística, el diseño y las actividades de control que ya muestran claras señales de ser desplazadas por las nuevas herramientas. Resulta irónico que mientras la educación universitaria pierde espacio, la técnica parece resistir mejor. Contar con una formación especializada en un área técnica puede garantizar más estabilidad laboral e incluso mejores ingresos. Los jóvenes han entendido que certificarse en habilidades específicas abre oportunidades para trabajos flexibles y de buenas remuneraciones. El interés por seguir largos programas académicos teóricos poco reconocidos por el mercado disminuye. Pero la Universidad parece no reconocer esta realidad.
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