Vuelco para potenciar el talento
La presión por resultados se ha convertido en una constante estructural del mundo empresarial, pero en 2026 esa exigencia coincide con una paradoja incómoda, según Mercer: las organizaciones necesitan crecer, innovar y ser más productivas, pero con menos talento disponible y con equipos cada vez más desconectados de las transformaciones
La presión por resultados se ha convertido en una constante estructural del mundo empresarial, pero en 2026 esa exigencia coincide con una paradoja incómoda, según Mercer: las organizaciones necesitan crecer, innovar y ser más productivas, pero con menos talento disponible y con equipos cada vez más desconectados de las transformaciones. La necesidad de eficiencia, apoyada en la inteligencia artificial, choca con una realidad organizacional que no termina de adaptarse a nuevos modelos de trabajo ni a expectativas laborales más complejas. El desafío no es menor. Muchas empresas han incorporado tecnologías avanzadas para acelerar decisiones y optimizar procesos, pero sin redefinir roles, incentivos ni formas de liderazgo. El resultado es una sensación de desgaste silencioso, donde la adopción tecnológica avanza más rápido que la capacidad humana para absorberla. La escasez de talento no obedece solo a factores demográficos o de mercado, sino a propuestas de valor insuficientes y a culturas que siguen midiendo el desempeño con reglas del pasado. En ese contexto, insistir en metas agresivas sin revisar el diseño organizacional se traduce en alta rotación, menor compromiso y pérdida de competitividad. La IA, lejos de ser un sustituto automático del talento, exige una integración deliberada con las capacidades humanas. De lo contrario, se convierte en una inversión costosa y subutilizada. El verdadero valor surge cuando la tecnología libera tiempo para tareas de mayor impacto y cuando los colaboradores entienden cómo su trabajo evoluciona. La agenda empresarial debería enfocarse en reconstruir confianza interna, invertir de forma sistemática en aprendizaje de nuevas competencias y abrir conversaciones francas sobre el futuro del trabajo. Crecer en entornos inciertos requiere líderes dispuestos a rediseñar estructuras, no solo a exigir resultados. La competitividad de los próximos años dependerá menos de acumular herramientas y más de crear organizaciones donde talento y tecnología avancen al mismo ritmo. Para Colombia, el reto pasa por convertir la discusión en acción coordinada entre empresas, educación y política pública, con visión de largo plazo.