Domingo, 29 de Marzo de 2026

El actor como director: Daniel Hendler habla de Un cabo suelto, una de cowboys en el litoral uruguayo

UruguayEl País, Uruguay 29 de marzo de 2026

La cuarta película del uruguayo inaugura mañana el festival de Cinemateca Uruguaya y se estrena en salas locales, el 9 de abril, antes Hendler, de exitosa carrera en Argentina charló con El País

La excusa de esta charla con Daniel Hendler iba a ser, a fines del año pasado, el increíble 2025 que había tenido y que incluía, por ejemplo, dos películas como director estrenadas en los más prestigiosos festivales de cine del mundo. Así, la porteña 27 noches, su primera producción para Netflix (una comedia protagonizada por Marilú Marini, Humberto Tortonese y el propio Hendler) abrió el Festival de San Sebastián y Un cabo suelto se exhibió en Venecia y San Sebastián.

Además, Hendler (quien fuera el Leche en 25 Watts, un papel por el que, dice, aún lo reconocen en la calle, y con una larga carrera en el cine y la televisión argentinos) estuvo en dos series, División Palermo, una de las grandes comedias de Netflix y Los Mufas para Disney+.

Un cabo suelto que inaugura mañana el 44 Festival Internacional Cinematográfico del Uruguay a las 20.00 en el Teatro Solís y se estrena. el 9 de abril es una película cercana al espíritu de sus dos primeras películas, Norberto apenas tarde (de 2010) y El candidato (2016). Comparte el mismo tono de comedia asordinada pero eficaz, para contar la historia de un policia tucumano que cruza la frontera conUruguay perseguido por sus compañeros de fuerza tras haber sido testigo de algo que lo volvió un fugitivo. En su periplo oriental termina recalando en Mercedes tras una empleada de free shop (Pilar Gamboa) que puede ser el amor de su vida. Rodeado de algunos de los actores de siempre del cine de Hendler (Fernando Amaral, Diego De Paula), Un cabo suelto es la confirmación de Hendler como uno de los grandes directores rioplatenses, con cosas para decir y una forma propia de decirlas.

Este es un resumen de su charla con El País, finalmente, sobre su gran 2025, Un cabo suelto y otras cosas.

https://www.youtube.com/watch?v=UDSGR1QcXZM
Algunos críticos después de la función de prensa decían "Esta es la mejor película de Daniel". Y se puede coincidir con eso. Pero, a su vez, creo que es parte de una continuidad de algo que ya estaba en Norberto apenas tarde, su ópera prima. Antes que nada, qué jóvenes que eramos todos cuando se estrenó...

La verdad que sí. Qué tremendo, qué rápido pasa todo esto.

A lo que iba, ¿qué le viene a la mente cuando empieza en aquellos años?

Norberto fue un guion que escribí durante muchos años, que fue mutando. Lo primero que pienso es el primer día de rodaje, con la idea de que tenía que ganarme el lugar de director y generar confianza en el equipo. Iba con preocupaciones, pero apenas vi en el monitor el plano que se armaba, cuando colocamos la cámara, todo eso se esfumó. Ahí empezó la película con la confirmación de que hay un mundo de ideas necesarias e imprescindibles, pero que, en el momento en que la cámara se enciende y se ubica en determinado lugar, con determinado lente, empieza a crearse ese universo. Yo había hecho cortos, pero la experiencia de Norberto fue muy fuerte.

Esa incertidumbre de enfrentarse a un rodaje, ¿sigue estando presente?

Ahora algo cambió aunque siempre hay un salto al vacío, una sensación de que llegás sin los deberes hechos, sin la lección aprendido. Ese vértigo sigue, pero aquella inseguridad de la necesidad de generar confianza para subir a todos a un barco con destino incierto, cambió. Antes sentía que tenía que ocultar esa incertidumbre; ahora entendí que es parte del trabajo colectivo. En ese sentido, me relajo más. Después, sí, el vértigo es inevitable.

A fines del año pasado no pudimos hacer la entrevista en la que quería celebrar su año: dos películas con presencia en festivales después de 10 años sin dirigir un largometraje, varias series. ¿Cómo ve ahora ese 2025? ¿Sigue en ese ritmo?

Me calmé. Fueron tres años de mucho trabajo y todos los estrenos justo coincidieron aunque las dos películas se filmaron con casi un año de diferencia. La postproducción de Un cabo suelto fue más lenta porque hubo que conseguir financiación y lo fuimos haciendo de a poco, y nos ayudó el premio en San Sebastián, en el WIP Latam. En cambio, 27 noches se planteó con una agenda muy apretada. Ahora estoy más tranquilo. Después codirigí una serie de Daniel Burman (El resto bien), y ahora me preparo para actuar en un par de películas. Voy a estar escribiendo con tranquilidad. Y luego voy a hacer teatro el año que viene.

¿Con cuánto tiempo planifica su carrera?

Depende, pero ahora por ejemplo, ya sé que el primer semestre del año que viene voy a estar con una obra de teatro el primer semestre de 2027. Pero hubo épocas en las que no sabía qué iba a hacer el mes siguiente.

Se habla mucho de ciertas restricciones que implica trabajar para Netflix. ¿Cómo fue su experiencia?

En mi caso no fue así quizás porque en esta región no parece haber esos niveles de presión porque no he escuchado de eso. Yo estaba expectante, no sabía cómo sería, pero el proceso fue bastante ameno. Creo con 27 noches que apostaron a una película más íntima, más personal, y confiaron en los productores. Hubo intercambio sobre el guion, sí, pero siempre con devoluciones atinadas. Sí hubo más intervención que en una película independiente, pero no fue una experiencia traumática, ni mucho menos.

Y 27 noches parece distinta en tono.

Se lo adjudico a que fue la primera vez que trabajé sobre un material que me llega, del que intento apropiarme en el proceso porque no sabría hacerlo de otra manera y porque en el proceso se van colando las preguntas propias. Eso fue novedoso: adaptar un material basado en un caso real y trabajar con un equipo de tres guionistas. Cambia el punto de partida y también el de llegada.

¿27 noches es una película porteña y Un cabo suelto, uruguaya?

Curiosamente, Un cabo suelto es la primera en la que aparecen los dos territorios y la frontera. Trata sobre alguien que se refugia y descubriendo territorio uruguayo, un poco a la inversa del proceso que hice yo. Hay algo onírico y también pesadillesco en eso de ir a un lugar propio y no reconocerlo. Como en los sueños de los actores de no recordar la letra o subir a escena desnudos. Es un personaje que necesita despojarse para volver a encontrarse. Es una película del litoral uruguayo.



¿Cómo llegó a Sergio Prina como protagonista?

Al principio no era tucumano. Yo estaba trabajando con él en la temporada uno de División Palermo y ya lo tenía en mente y de repente lo vi vestido de policía y le mandé una foto a mi socia, Micaela Solé, le mandé una foto y lo sumamos. Me tomo tiempo para el casting; trato de no apurarme. En un momento empecé a escribir que era tucumano y me la jugué.

La estructura de Un cabo suelto no es lineal, tiene algo de rompecabezas. ¿Se lo planteó como un desafío?

De alguna manera eso apareció ya en el inicio. La idea surgió con una escena: un policía haciendo un control bromatológico en un puesto de quesos en la ruta y Ese duelo de miradas de un western del litoral uruguayo entre ese falso policía y un vendedor de ruta flojo de papeles. Sabía que ahí había muchas capas que me interesaban. Y esa escena reparecía mientras escribía otro proyecto, sin saber por qué, así que por insistencia, decidí darle espacio y ver qué era, como intentar recordar un sueño sin forzarlo. Así se fue armando la estructura temporal, que necesitaba romperse para revelar distintos puntos de vista. No fue algo planificado.

Da la sensación de una película que se va haciendo en el camino.

Sí. Como decía Felisberto Hernández, escribir es como ver un yuyito creciendo en el jardín que vas recortando apenas. Hay un impulso por dominar, pero si lo hacés demasiado, podés perder lo que te propone.

En su obra hay una idea de "troupe", de trabajar con los mismos actores.

Me cuesta dejar de trabajar con gente con la que tuve buenas experiencias y generé una confianza, un territorio compartido. Pero también me interesa trabajar con gente nueva. En 27 noches pude hacer eso.

¿Cómo es la popularidad que le da Netflix?

Tiene algo parecido al fenómeno de la televisión de aire, pero no es lo mismo. Antes había una rutina diaria de un horario para ver la televisión que generaba una sensación de familiaridad y cierta confusión: la gente sentía que te conocía. Las plataformas son más intensas al inicio, pero se diluyen más rápido. Y la experiencia es más individual.

¿Con qué trabajo le reconoce más la gente? ¿Graduados?

Graduados fue lo más impactante. Ahora es más variado: algunos me reconocen por 25 watts (algunos que me gritan "Leche" por la calle), otros por una publicidad telefónica de hace 25 años, otros por División Palermo. Es muy variado.

¿Cuánto de aquel espíritu de libertad de 25 watts y Control Z sigue ahí en su cine?

Mucho. Juan (Rebella) y Pablo (Stoll) fueron amigos, maestros y había algo de estar en esas zonas creativas que sigue ahí. Son esas épocas que te forjan. Y los que salimos de ahí mantenemos el espíritu lúdico; el cine como un juego, pero no improvisado: un juego en el que hay que poner todo el rigor, sin tomárselo demasiado en serio, cierto, pero con total compromiso.
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