Domingo, 29 de Marzo de 2026

Consultor Tributario: Defección estratégica en tiempos de Impuesto Mínimo Global, ¿una alternativa para países como Uruguay?

UruguayEl País, Uruguay 29 de marzo de 2026

El 5 de enero pasado, la OCDE anunció el paquete "Side-by-Side" (SbS), reconociendo que Estados Unidos tiene un sistema "equivalente" al Pilar 2 y esto tiene efectos para quienes implementan el impuesto mínimo.

Por Leopoldo Parada, profesor de Derecho Tributario en King's College London (Reino Unido) / En X: @leopoldo_parada

Imagínese usted que le proponen instalar un sistema de seguridad para su casa, el cual es carísimo y técnicamente sofisticado. La promesa es simple: protegerá su hogar contra todos los ladrones. Usted invierte, contrata expertos, y cuando pone a funcionar el sistema descubre que los "ladrones más peligrosos" tienen un pase VIP. Bienvenidos al Impuesto Mínimo Global después del acuerdo Side-by-Side.


El 5 de enero pasado, la OCDE anunció el paquete "Side-by-Side" (SbS), reconociendo que Estados Unidos tiene un sistema "equivalente" al Pilar 2. Es decir, sus multinacionales quedan exentas de la Regla de Inclusión de Ingresos (IIR, por su siglas en inglés) y la Regla de Beneficios Subtributados (UTPR, por sus siglas en inglés), las dos armas principales del Impuesto Mínimo Global. ¡Sí, señor! Como lo lee. Google, Apple, Amazon no pagarán este impuesto, aunque operen en países que sí lo implementen ¿La excepción? El Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (Qdmtt, por sus siglas en inglés), ese tributo doméstico que forma parte de las reglas del juego y que algunos países latinoamericanos incluido Uruguay ya implementaron o están a punto de implementar bajo la promesa de un mayor recaudo fiscal.

El problema es que para que el Qdmtt recaude algo significativo en cualquier país latinoamericano se necesitan tres hechos concurrentes: primero, multinacionales grandes operando localmente; segundo, que tengan ganancias gravadas por debajo del 15% después de todos los ajustes técnicos del Pilar 2; y tercero, que la administración tributaria tenga capacidad para gestionar uno de los regímenes más complejos jamás inventados.

¿Y si no se cumplen esas condiciones? Pues tenemos un impuesto que cuesta implementar, administrar y fiscalizar, y que puede terminar recaudando muy poco. Algo así como comprarse una Ferrari sólo para darse una vuelta al supermercado.


Buenos Alumnos


Brasil y Uruguay decidieron apostar. Brasil aprobó su Qdmtt en 2024. Uruguay lo hizo en su ley Presupuesto en 2025, proyectando recaudar, en este último caso, alrededor de US$ 350 millones. Cifras respetables, sin duda. Pero la pregunta es la misma para todos: ¿vale la pena casarse con un Qdmtt si las multinacionales estadounidenses están blindadas del impuesto mínimo por el SbS en todo Europa, y, al mismo tiempo, Latinoamérica necesita mayor inversión? La respuesta es pura aritmética.

El Qdmtt era hasta enero del presente año una herramienta de política fiscal válida para hacer frente a la presión internacional que se generaba desde París para implementar el impuesto mínimo. Sin embargo, las reglas del juego han cambiado, y, por ende, debe también hacerlo la estrategia.

Una opción, sobre todo para aquellos que no han hecho la tarea aún de implementar el Qdmtt, es implementar solo ciertos elementos del Pilar 2 digamos, sólo la regla IIR y evitar el Qdmtt a toda costa. Es decir, una "defección estratégica" del impuesto mínimo. Esto permitiría, por una parte, mantener la imagen de cooperación internacional (tengo una regla IIR), y, por la otra, preservar la libertad para diseñar políticas de inversión más competitivas, incluida la posibilidad de atraer inversión desde Estados Unidos (u otras potenciales jurisdicciones calificadas en el futuro), ofreciendo un sistema "libre" de Qdmtt.

¿Es esto oportunismo? Quizás. Pero en un mundo donde Estados Unidos rediseñó las reglas a su medida y la OCDE lo aplaudió, la pregunta relevante no es si la estrategia es bonita, sino si es inteligente. Y para países latinoamericanos pequeños, abiertos, compitiendo por inversión ser selectivamente inteligente puede ser más valioso que ser universalmente obedientes.

¿Y la otra opción? Muy simple. Se queda usted con el Qdmtt, recauda lo que tenga que recaudar, pero asume las desventajas competitivas frente a sus vecinos que optaron por esperar. Es decir, asume el potencial costo económico de mantener una Ferrari, la que puede terminar ocupando sólo para ir al supermercado.


Justicia fiscal


Durante años, la OCDE vendió el impuesto mínimo como un proyecto de justicia fiscal: evitar que las multinacionales erosionaran las bases fiscales, creando un piso parejo de competencia. Y cuando el jugador más poderoso dijo "yo juego con mis propias reglas", la OCDE respondió: "Perfecto, te reconocemos como equivalente".

Por lo mismo, un cambio de estrategia no significa abandonar la cooperación internacional. Muy por el contrario. Se trata de entender que cooperación no significa ingenuidad. Que ser buen socio internacional no requiere asumir cargas que otros no están dispuestos a asumir. Y que hay diferencias entre implementar políticas fiscales porque tienen sentido estratégico, y hacerlo simplemente porque "así se supone que debe ser".

El impuesto mínimo post-SbS protege las bases fiscales de algunos, impone costos a muchos, y genera beneficios inciertos para la mayoría. Eso no lo convierte en malo per se. Pero sí lo convierte en algo que merece un análisis mucho más cuidadoso del que estamos viendo en el debate público.

En una región acostumbrada a sobrevivir entre reglas escritas lejos de aquí, la defección estratégica no es un lujo, sino, a estas alturas, una forma básica de inteligencia colectiva.


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