Entre Nuevo Berlín y Salto se corrió la etapa más larga de la Vuelta Ciclista del Uruguay, que conquistó el Cerro Largo con el "Piojo" y celebró el Dolores por el liderazgo de la general.
"Bravos varones por los caminos bajo la lluvia o ardiente sol", reza la marcha de Rutas de América. Y aunque se esté corriendo la Vuelta Ciclista del Uruguay, nada define mejor a este deporte que esas estrofas. Porque aunque larga un pelotón de más de 100 corredores, los rivales más temibles no suelen ser los colegas de otros equipos, sino el propio camino con todas sus dificultades y las inclemencias del tiempo: viento, lluvia, frío, calor.
El pelotón de la Vuelta debió atravesar pedaleando literalmente una tormenta el sábado, para llegar desde Paso de los Toros hasta Mercedes. Y ahora vio la otra cara de la moneda: un calor abrumador que quemó el lomo de los competidores durante los 200 kilómetros que unieron Nuevo Berlín con Salto, en la que fue la etapa más larga de esta edición 2026.
La calurosa jornada empezó tranquila, a pesar del viento cruzado, primero a favor y después en contra. Se formó un primer corte a los 45 kilómetros de carrera, porque a los 50 fue el primer embalaje bonificado. Con Gaday a 2" de Bonilla en la general, el Náutico dejó ir una pequeña fuga para que robe esas primeras bonificaciones. Como cada día, hay dos embalajes por los premios Spinter y Cima por etapa, alternados. Los primeros dos de cada uno son bonificados: es decir que restan 3", 2" y 1" para los primeros tres corredores que crucen la meta volante.
La fuga fue de apenas tres hombres y el Cima lo ganó Sebastián Rodríguez (Cerro Largo), dueño de la malla roja que identifica al líder de esa clasificación especial. Pero como todavía quedaban 150 kilómetros de carrera, se miraron, sacudieron las bicicletas parados en los pedales, miraron hacia atrás y esperaron al grupo. Era demasiado ambicioso querer escaparle al pelotón siendo tan pocos, un día tan largo y en condiciones tan adversas.
La misma secuencia se repitió en la siguiente meta volante: premio Sprinter bonificado. Y exactamente la misma en las últimas dos de la jornada, esas sin segundos de recompensa.
Pero cuando se acercó a Salto, destino al que no llegaba desde hace 14 años en la edición de 2012, comenzó el movimiento de los líderes.
Apenas unos kilómetros después de pasar el pueblo Chapicuy, hubo un ataque que marcó el día: se cortaron ocho nombres pesados y como había representación de los equipos de punta, no quedó nadie para correrlos.
Ellos fueron el malla oro Pablo Bonilla y su compañero del Náutico, Anderson Maldonado. También Lucas Gaday y Germán Fernández del Dolores, Alejandro Quilci del Alas Rojas, Ignacio Maldonado del Armonía, Pablo Troncoso del Punta del Este y Bruno Martin Lemes del Swift de Brasil. Nueve corredores que llegaron 2:09" delante de otro grupo perseguidor de cinco ciclistas, y 3:14" delante del pelotón mayoritario.
Tan larga fue la espera para los salteños para ver llegar otra vez la Vuelta Ciclista, que inundaron los últimos cinco kilómetros de carrera. Y en el túnel de gente que se formó en la recta final, Matías Presa embaló como en sus mejores días y conquistó la cuarta etapa y más larga de esta Vuelta. "Le dedico este triunfo a los que siempre creyeron en mí. Porque hay hinchas que solo están cuando uno gana", dijo en un mano a mano con Ovación a modo de desahogo apenas cruzó la raya, y celebró con sus compañeros.