El financiamiento del mayor desequilibrio de éste y del próximo año, se debería lograr con aumento del endeudamiento mayor que el planteado en la discusión del presupuesto.
En mi columna "
La economía no crece ni crecerá lo proyectado", publicada el 2 de marzo que escribí una semana antes, me referí a
las perspectivas de la economía uruguaya y señalaba las dificultades de realizar
proyecciones macroeconómicas pues, por lo general, no se ratifican luego por la realidad. Agregaba que, sin la influencia de factores exógenos o del exterior, se deberían esperar, en 2026, "
resultados macroeconómicos menos satisfactorios que los proyectados por la conducción económica".
En la semana en que se publicó la columna se agravó la situación en Medio Oriente y provocó efectos importantes sobre los mercados. En
mi columna del 16 de marzo, escrita una semana antes de esa fecha, recién agravada la crisis de Medio Oriente, describí los efectos que tendría sobre el precio de los activos financieros globales, el aumento del precio del petróleo, el de los precios internacionales de la mayoría de las materias primas y, como corolario, sobre la producción y precios de los productos finales que las emplean como insumos. Y mencionaba las consecuencias adversas sobre la producción, estimándola aún menor que la que ya había dicho que sería respecto a las proyecciones que ya había hecho la conducción económica para 2025-2027,en el presupuesto del gobierno votado en la segunda mitad de 2025.
Expectativas
En los días iniciales de marzo, se conocieron las expectativas de analistas económicos y de instituciones financieras que contestan la encuesta del Banco Central sobre distintas variables macroeconómicas. Lo que se respondió en la encuesta para este año y el siguiente sobre la inflación, el comportamiento de la producción de bienes y servicios PIB, del tipo de cambio y del resultado fiscal, fue en el contexto anterior al del agravamiento de la crisis de Medio Oriente, ya que no tenían mucha diferencia con lo que se esperaba en la encuesta del mes anterior, la de febrero. Cabe esperar que la próxima encuesta de expectativas sobre el comportamiento del PIB sea menor lo que afectaría negativamente el resultado fiscal del año en curso y el del que viene y que, desde la esfera oficial se ha admitido declarando la necesidad de tomar medidas, no anunciadas ni que signifiquen un ajuste fiscal.
De acuerdo con la referida encuesta de expectativas, antes del agravamiento de la crisis se esperaba que con un PIB creciendo 1,6% en 2026 y 1,85% en 2027 menores a los previstos oficialmente, el resultado fiscal consolidado sería deficitario 4,5% este año y 4,7% en 2027. Ante la nueva situación de fuerte cambio adverso por la influencia de factores externos y exógenos, pues no ocurren por la combinación de políticas que lleva adelante la conducción económica, es altamente probable que haya una menor producción interna de bienes y de servicios y, por extensión, menor recaudación tributaria, con la consecuencia inevitable del incremento del ya alto déficit fiscal consolidado. Esta situación, reconocida por la conducción económica, requiere introducir modificaciones en su programa fiscal, que se analizan pero aún no se definen, por lo inesperado de la situación que surgió hace menos de tres semanas.
Alternativas
Se podría pensar que las alternativas para impedir que suba el déficit fiscal consolidado son: aumentar la recaudación tributaria, bajar el gasto público o llevar ambas cosas adelante de manera simultánea. En ninguna de esas alternativas la corrección sería inmediata, por lo que el financiamiento del mayor desequilibrio de éste y del próximo año, se debería lograr con aumento del endeudamiento, mayor que el planteado en la discusión del presupuesto de la administración y aún mayor al que seguramente se ha concretado y aún no conocido públicamente, en el ejercicio 2025.
Intentar cubrir el incremento del déficit con una presión tributaria mayor, sea con aumento de tasas de tributos existentes o creando nuevos impuestos, afectaría aún más a la producción interna de bienes y de servicios, al PIB, a través de un descenso del consumo privado, el componente más importante de los que integran la demanda que exige la respuesta de la producción y de las importaciones. Solo ir por el lado de una mayor presión tributaria llevaría a un desequilibrio fiscal mayor al reducir seguramente la recaudación cuyo aumento se busca.
Intentar cubrir el aumento del déficit por el lado de un gasto público menor es lo que teóricamente debería ocurrir, como en el caso de una familia normal cuando el ingreso para sus gastos no alcanza. Pero si desde el punto de vista estrictamente económico es la mejor solución por lo inmediato del resultado, no es lo mejor desde el punto de vista político por sus repercusiones sociales teóricas y concretas, para cualquier gobierno.
Una combinación de ambas alternativas subir presión fiscal y bajar gasto púbico tendría la desventaja de ambas. Intentar ir además de la fiscal, por el lado de la política monetaria es solo imaginable para evitar en cierto modo la caída del PIB que produce el uso de las alternativas fiscales comentadas. Para lograr esos resultados la monetaria debería ser expansiva pero provocaría más inflación, aumentos del tipo de cambio nominal y real y sobre todo respuestas salariales públicas y privadas que pueden terminar por aumentar el desequilibrio fiscal por el lado del Gobierno Central y el del BPS.
Se vive una difícil situación que se debe considerar permanente a los efectos de las medidas a tomar pues, como señalaba Javier de Haedo en su columna de la semana pasada 'si el
shock es negativo, lo mejor es considerarlo permanente, pues si se supone que la mala noticia es transitoria, y resulta que se extiende en el tiempo, se tendrá que tomar medidas de ajuste más tarde y más profundas".