El amor nos hace libres
Padre Diego Marulanda Díaz
Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración
Padre Diego Marulanda Díaz
Esta semana de experiencia profunda de espiritualidad cristiana, es una invitación para toda la sociedad a detenerse, guardar un espacio de silencio, discernimiento y oración. En medio de la actividad cotidiana, nos convoca a mirar no solo hacia afuera, sino hacia dentro; a preguntarnos qué estamos construyendo como país y qué papel jugamos cada uno en el destino como sociedad. La "economía interior" se activa cuando dejamos de culpar siempre al otro y asumimos que el rumbo de Colombia también depende de nuestras decisiones autónomas y responsables. Una estrofa del Himno Nacional recuerda una verdad difícil de olvidar: "La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz". Una de esas palabras nos invita a pedir perdón por la incoherencia histórica de nuestro sistema político: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23,34). Parte de esta incoherencia ética y moral es la consecuencia de liderazgos políticos sin autoridad, incapaces de servir a todos sin discriminar. Son dirigentes que no nos representan, porque su discurso se ha vaciado de compromiso real con la justicia social. La cruz no fue solo un madero; fue el producto de una política que prefirió sacrificar al justo antes que alterar los privilegios del sistema, y de una estructura religiosa que no se comprometió con el valor y la dignidad del ser humano. Cuando la política se desconecta del reconocimiento del otro como persona portadora de una dignidad inviolable, se abre la puerta a su instrumentalización. Así, corrupción, indiferencia y violencia se vuelven síntomas de una sola enfermedad: la pérdida de lo humano. Hoy, Colombia, está atrapada en este círculo vicioso: muchos se ‘lavan’ las manos con las aguas sucias de la corrupción; otros ‘traicionan’ las instituciones que juraron respetar; otros ‘niegan’ la verdad para venderse al sistema. Y no faltan quienes, sin criterio, ‘siguen’ el ruido desorientador de multitudes desinformadas y polarizadas. Necesitamos un acuerdo fundamental: ser libres. La espiritualidad que celebramos nos compromete a entregar la vida por la libertad. "Para ser libres nos ha liberado Cristo (Gal.5,1). Superemos los mesianismos ilusos, la neutralidad indiferente y el radicalismo nocivo. La posibilidad de una sociedad justa depende de nuestra capacidad de cargar juntos la cruz de los más vulnerables, sin delegar esa responsabilidad en otros. En la gloria que buscamos, no cabe el crucificar al adversario, sino la resurrección junto a aquel que piensa, cree y siente distinto. "En el Resucitado, Dios nos revela que el amor es la única fuerza capaz de transformar la historia (León XIV)".
Rector General. Universidad Pontificia Bolivariana.