Acéptenlo, la Constitución del
91 es su obstáculo
Ahora resulta que la que reclamaba como una de sus grandes obras, la Constitución del 91 (eso dice), es el más grande obstáculo que tiene para gobernar como quiere
Ahora resulta que la que reclamaba como una de sus grandes obras, la Constitución del 91 (eso dice), es el más grande obstáculo que tiene para gobernar como quiere. Petro y sus amigos progresistas deberían sincerarse. Reconocer que mientras impere la Constitución de 1991, no van a poder gobernar a Colombia como quisieran hacerlo. Es decir, gobernar un país cuya Constitución dijera en su preámbulo: "Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unipersonal de poder concentrado. Democrática, participativa y pluralista como es su presidente, y (por tanto) fundada en el respeto a la dignidad y honor a la brillantez de su persona y sus decisiones que no serán otra cosa que la representación del interés general". Sobre la organización y estructura del Estado, les encantaría una Constitución que señalara que "los órganos que integran las ramas del poder público tienen que estar todas bajo el dominio absoluto del presidente. No serán necesarios los organismos autónomos e independientes, y no habrá funciones separadas y menos aún la obligación de colaborar armónicamente para la realización de sus fines". Para los petristas, el gobierno y el Estado deberían ser uno solo. Por fin el Presidente sería el jefe de la Fiscal General de la Nación (aunque ya parece), y los magistrados de las cortes estarían para aplaudir las decisiones del Presidente y velar por que se cumplan. Finalmente, en materia legislativa, nada mejor que un artículo que sentenciara: "Corresponde al Congreso de la República, en desarrollo de las indicaciones precisas del presidente, reformar la Constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno y la administración. Los servidores públicos estarán al servicio del presidente y ejercerán sus funciones únicamente en la forma que él se los ordene". Por supuesto que la consulta popular y el cabildo abierto serán los mecanismos de participación democrática. Y para los partidos y movimientos políticos que no participen en el Gobierno, la orden será clara: "No les estará permitido ejercer ninguna función crítica frente a este y menos aún plantear y desarrollar alternativas políticas, pues su acción constituiría un factor de bloqueo institucional que impide el gobierno". Así mismo, para ellos "la función del Estado no será la de garantizar las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra. Su tarea será decidir lo que se enseña y lo que se debe aprender. Asegurar que solo las preocupaciones académicas del presidente serán objeto de investigación y su pensamiento la razón de ser de las cátedras". Para Petro y un ministro, no hay un ordenamiento institucional más inconveniente que el que impone el capítulo 6 de la Constitución, que ordena y rige la banca central, pues, como diría el minhacienda, las funciones de regular la moneda, los cambios internacionales y el crédito; emitir la moneda legal; administrar las reservas internacionales; ser prestamista de última instancia y banquero de los establecimientos de crédito le debían corresponder al presidente y no a los tecnócratas. Y ordenaría: "Los miembros de la junta directiva representarán exclusivamente los deseos del presidente y no el interés de la Nación" (que es el que obliga el artículo 372). No han entendido que, para mantener la capacidad adquisitiva de la moneda, el banco y su junta tienen un equipo técnico que les entrega los argumentos para tomar las decisiones. No importa que sea el mismo mecanismo que se utiliza en los bancos centrales del mundo. Sus metodologías y herramientas consultan las opiniones y experticias del mercado que se necesitan para mantener bajo control la inflación. Para Petro, no es al mercado al que se le deben consultar las señales sobre los precios, pues solo está para favorecer los intereses de los banqueros y los grandes capitales. Sueña con que la nueva Constitución, además de su reelección perpetua, ordene: "Debe ser la vigía y luz del presidente, como máximo representante del Estado, quien diga cuál será la inflación y cuál la tasa de interés". ¡¡Cúmplase!! * Profesor titular de la Facultad de
Ingeniería de la Universidad Nacional
Aprovechen para reflexionar
Pedro Medellín Torres*
Petro y sus amigos progresistas deberían reconocer que mientras impere la Constitución de 1991, no van a poder gobernar a Colombia como quisieran hacerlo.