Sábado, 04 de Abril de 2026

Así fue la estrategia perfecta del Náutico para que Pablo Bonilla recupere la malla oro de la Vuelta Ciclista

UruguayEl País, Uruguay 4 de abril de 2026

El equipo maragato agrupó cuatro corredores en la fuga y realizó prácticamente una contrarreloj por equipos para abrir distancia con el grupo de Lucas Gaday, hasta ayer líder de la carrera.

Decían que era el día para atacar y el Náutico asumió la responsabilidad para recuperar la malla oro de la Vuelta Ciclista del Uruguay, que hoy volverá a lucir el joven Pablo Bonilla, de apenas 21 años y un futuro enorme.

La octava etapa del jueves "era todo bajada", dijeron los que saben, que a su vez marcaban la de este viernes como la "etapa reina" de esta edición de la Vuelta, porque "es sobre todo en subida". En una jornada en la que el viento no sopló tanto, lo que influyó para fragmentar al pelotón en cien pedazos fue el desnivel de la carretera.

Cada vez falta menos para que los ciclistas regresen a Montevideo, pero la Vuelta todavía tenía reservada una jornada brava, de las que definen cosas importantes en la clasificación general individual. Los 160 kilómetros entre Rocha y Minas no dieron respiro y desde temprano quedó claro que no era un día para especular: a los 16 kilómetros, apenas el 10% del recorrido total, ya estaban probando al entonces malla oro, Lucas Gaday, con movimientos que llevaban la firma del Náutico Boca del Cufré.

El primer golpe fue colectivo: aprovechando el Premio Cima inicial, Anderson Maldonado, Agustín Alonso, Leonel Rodríguez y el propio Bonilla tensaron la carrera y obligaron a reaccionar al Dolores Cycles. La respuesta llegó firme, pero el mensaje fue claro y directo: iban por el liderato con el joven olimareño como carta principal.

La ruta empezó a inclinarse hacia arriba y con el paso de los kilómetros se rompió definitivamente el pelotón. Sin el viento como aliado, fue la carretera la que hizo el trabajo fino: cortes, persecuciones y grupos que se armaban y desarmaban mientras los favoritos quedaban adelante. En ese contexto, la carrera encontró una fuga interesante con nombres pesados, donde se filtraron Mateo Mascarañas (Alas Rojas), Germán Broggi (Atenas de Soriano), los brasileños Bruno Martins Lemes y Rodrigo Do Nascimento (Swift Pro Cycling), y Rodríguez y Alonso (Náutico).

Pero la verdadera selección llegó después de Aiguá, en el repecho del Cerro Pororó. Allí, cuando las piernas ya venían cargadas, el Náutico volvió a mover sus piezas. Los Maldonado y Bonilla atacaron en el momento justo, coronaron con ventaja y, en la bajada, ejecutaron el plan: reagruparse con Alonso y Rodríguez para formar un bloque compacto y ofensivo.


Ese movimiento no fue improvisado. El propio Bonilla explicó que la ofensiva estaba diseñada para desgastar a Gaday en dos tiempos: "Yo ataqué a mitad del repecho, ponele, para intentar sacar un poco de luz. Y después Ander y Nacho (los hermanos Maldonado) atacaron sobre el final y me llegaron. Y bueno, después fue a morir hasta acá, hasta la llegada". La maniobra salió según lo previsto y le permitió quedar bien posicionado para el tramo decisivo.

Leonel Rodríguez y Agustín Alonso, que venían en la fuga, frenaron para esperar ese grupo y colaborar en la escalera. Así se armó una especie de contrarreloj por equipos en los últimos 45 kilómetros hacia Minas. Detrás, el Dolores intentó reaccionar con Roderyck Asconeguy, Germán Fernández y el propio Gaday, pero no logró achicar. Por el contrario, el grupo de Bonilla conectó con los fugados que ya eran cuatro y terminó ampliando la diferencia hasta 1:36".

La etapa reina se corrió primero con cabeza y después con piernas: fue un mano a mano entre las escaleras del Náutico y la del Dolores, y ganaron los de adelante.

"Era la táctica y salió bien. El equipo dio todo para recuperar la malla", resumió Bonilla, que también advirtió que la carrera sigue abierta y que todavía quedan dos etapas exigentes donde deberá defender el liderato.

En Minas, el brasileño Bruno Martins Lemes terminó de completar su faena con un sprint sólido para quedarse con la etapa, pero la verdadera victoria del día estaba unos metros más atrás. Porque en ese terreno quebrado, de desgaste constante, Pablo Bonilla había hecho lo necesario para volver a vestirse de oro.


A los 21 años, el ciclista del Náutico no solo recuperó el liderato: lo hizo en el día más exigente de la Vuelta, respondiendo a cada ataque y siendo protagonista en el momento clave. Detrás quedaron Lucas Gaday, ahora segundo, y Alejandro Quilci, en un podio que todavía promete movimientos.

La Vuelta entra en su tramo final y la malla oro volvió a cambiar de dueño. Esta vez, quedó en manos de un joven que ya no es solo promesa: Bonilla pasó la prueba más dura y ahora lidera con argumentos una carrera que todavía no está definida, pero que ya lo tiene como protagonista principal.

"La verdad que las sensaciones son totalmente de agradecimiento a mi equipo porque confiaron plenamente en mí", sintetizó con su característica humildad el propio líder.


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