Lunes, 06 de Abril de 2026

Marcos Simpson, el último grabador en acero a pulso

ChileEl Mercurio, Chile 4 de abril de 2026

Con 88 años, este experto en un oficio que va desapareciendo recuerda su larga trayectoria en la Casa de Moneda, donde fue responsable de Gabriela Mistral y otros notables en el circulante.

Aunque no es famoso, su trabajo pasó por las manos de millones de chilenos durante años. Esa Gabriela Mistral que miraba de lado en el antiguo billete de $5.000 -la primera mujer en el circulante chileno-; Pedro de Valdivia presidiendo un ya obsoleto billete de $500 (en cuyo anverso estaba un detalle de la "Fundación de Santiago", de Pedro Lira); o Bernardo O'Higgins, en el de $10. Esos retratos, algunos de pinturas famosas o de fotografías, las traspasó al papel moneda Marcos Simpson Rubio (1937), un artista del grabado en acero a pulso que por 44 años trabajó en la Casa de Moneda.
Hoy, con 88 años, jubilado, viudo, padre de cuatro hijos y abuelo de 13 nietos, sigue trabajando todos los días en el taller de su casa. Realiza con la misma precisión y técnica, sumado a su habilidad artística, matrices en acero de pinturas del arte universal, de motivos religiosos o de paisajes chilenos. "Llevo más de 70 años dedicado al grabado y pienso que es una artesanía que no debiera olvidarse. Es algo que cuesta aprender, pero que una vez que lo tomas, a uno le encanta", dice sentado en su jardín, mientras repasa su historia.
Simpson maneja diversas técnicas del grabado calcográfico, como el aguafuerte, la punta seca y el buril. En el caso del grabado a pulso sobre una plancha de acero embarnizada -que es como se hacían los retratos y paisajes de los billetes-, traduce el lenguaje de la obra pictórica, dibujando manualmente con una punta de acero y buril. Interpreta en base a puntos y líneas los colores del cuadro a reproducir, y las distintas profundidades del grabado le permiten construir luces, sombras y volúmenes. Luego, esta matriz entintada es impresa en un papel mediante el uso de prensas especializadas.
De memoria prodigiosa, no se olvida de nada. Cuenta que no le gustaba dibujar cuando chico, pero su padre no le pudo pagar hasta el final la educación. Entonces, con 13 años, empezó a trabajar con él en su taller de grabados. "Ahí comencé a aprender, hacíamos cuños para calzado, grabado de joyería", señala.
Vivían con su familia en calle San Ignacio con avenida Matta y recuerda que con sus amigos del barrio, cuando ya se iban acercando a la adolescencia, se preguntaban qué iban a hacer de sus vidas. "Estábamos ahí y yo les decía 'nosotros somos una generación perdida, pero tenemos que tratar de superarnos para que nuestros hijos sean mejores que nosotros'". Para Simpson el camino de superación se inició cuando un cliente lo motivó a ir a un liceo nocturno para terminar las Humanidades, y luego complementó su formación en la Escuela de Artes y Oficios.
Ya casado y con hijos, fue a pedirle a su padre que le hiciera un sueldo o socio del taller. "Cuando se lo dije se enojó. '¿Qué te imaginas? Mira, la puerta es bien ancha'. Y ahí me echó", recuerda riéndose de cómo terminó llegando a la Casa de Moneda.
En ese largo capítulo de su vida -llegó en 1959 y se jubiló en 2003-, Marcos Simpson pasó de ayudante a jefe del taller de grabado, perfeccionando sus conocimientos siempre que tuvo la oportunidad. "Cuando llegué, el jefe de grabado y dibujo era un español y no le enseñaba a nadie. Yo de repente pensaba en el caballero y decía ¿pero por qué ser tan egoísta, creerá que va a ser eterno, que va a ser inmortal? Empecé a practicar escondido; de repente me sorprendía, me subía y me bajaba".
Si el "caballero" español no compartía sus conocimientos, "el coronel", como nombra a quien llegó después de 1973 a hacerse cargo de la Casa de Moneda, le mostró rápidamente su confianza. "Me llamó y me dijo 'mire, el gobierno militar necesita hacer estos billetes. Así que me ha ordenado de que a usted lo vamos a mandar a Europa para que aprenda el grabado de billetes. Hoy es miércoles, váyase a su casa, vuelvo el lunes y hable con su mujer'".
Así, Marcos Simpson, sin haberse subido nunca a un avión, ni hablar ningún otro idioma que el español, partió a inicios de 1974 a Basingstoke, a 70 km de Londres, donde estudió durante todo un año en el centro de capacitación de la empresa Thomas De La Rue, y fue discípulo de Edward Dawson.
Las historias del periplo por Europa son geniales contadas por Simpson. Como cuando llegó al casino a almorzar y lo primero que vio fue una gran fotografía de Salvador Allende; o el compañero coreano que lo quería embaucar y el niño de la casa donde vivía que le corregía su rudimentario inglés.
Cuando volvió aplicó sus conocimientos en esos billetes que en los 70, 80 y 90 circularon por el país, además de hacer series de retratos de presidentes de Chile, de paisajes y otros motivos para la Casa de Moneda.
La tecnología ha cambiado la forma de hacer el circulante, pero Marcos Simpson no quiere que su oficio se pierda. "Puedes hacer, por ejemplo, de que alguien se interesara y promoviera un curso, una cátedra en alguna universidad, que uno de mis alumnos podría estar a cargo de eso", reflexiona sobre su trabajo y disciplina que pocos hoy la practican.
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